La historia de mi lactancia (III): Estableciendo la lactancia con mi hija ingresada en la incubadora

En las entradas anteriores os hablé de mi parto y de cómo logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo después de 48 horas separados. Con mi hija fue todo muy distinto, ya que ella nació para romper moldes, sobrevivió al embarazo contra todo pronóstico y nació con tan sólo un kilo de peso pero muchísimas ganas de vivir, dándonos una lección de entereza a todos.

Tardé cuatro largos días desde el parto en conocer a mi niña, cuando al fin se estabilizó mi tensión y me fue retirada la medicación intravenosa. Lo primero que hice fue bajar a conocerla, pedí que la sacaran de la incubadora para practicar el método canguro y lloré, no me podía creer que estuviera viva y tan sana a pesar de todo. Era un bebé pequeñísimo, extremadamente delgado y aún tenía su carita a medio formar, a medio camino entre un recién nacido y un feto.

En la Unidad de Cuidados Medios en donde estaba ingresada los padres teníamos acceso ilimitado las 24 horas. Además, el personal sanitario fomentaba la práctica del método canguro. Sin embargo, en cuanto al tema de la lactancia había bastante desinformación. Ya una de las primeras veces que bajé a visitarla me dijo una enfermera que ni se me ocurriese darle el pecho a mi hijo, que tenía que guardar toda la leche materna para mi hija porque estaba más delicada de salud, dando por hecho que no tendría suficiente leche para alimentarles a los dos. Lo más irónico de la situación es que al lado de la incubadora había un enorme póster de una mujer amamantando gemelos.

Durante las primeras cuatro semanas mi hija se alimentó mediante sonda nasogástrica ya que estaba demasiado débil como para ser alimentada mediante biberón (y como ya comenté en la entrada anterior no se contemplaban otros métodos para alimentar a los recién nacidos). Realizaba ocho tomas al día de 40 cc cada una (creo que las primeras tomas eran de 20 cc), aunque las enfermeras me advirtieron que tendría que traer 50 cc por toma ya que al introducir la leche en la sonda siempre se pbolsas de leche medelaerdía un poquito. Así que yo no dejaba de sacarme leche, ni en casa ni en el hospital. Sin embargo, reconozco que casi ningún día conseguí sacarme leche suficiente para cubrir esas ocho tomas, no por falta de leche sino más bien por falta de tiempo ya que la lactancia a demanda con mi hijo me ocupaba muchísimo tiempo.

Al principio apenas lograba sacarme leche con el sacaleches pero pronto le cogí el truco a base de mucha constancia. Generalmente me sacaba leche suficiente para cubrir entre cinco y siete tomas. Aunque reconozco que en algún momento me sentí culpable, ya que mi hijo si estaba siendo alimentado mediante lactancia materna exclusiva, decidí plantearme la situación como una estrategia a largo plazo con una meta clara; lograr una lactancia exclusiva con los dos. Y para ello era muy importante que no me marcase metas poco realistas, mi hija estaría ingresada unos dos meses y tenía que medir muy bien mis fuerzas para que no me venciera el cansancio por el camino.

La mayor dificultad a la que me enfrentaba en esa etapa era compatibilizar la lactancia a demanda de mi hijo con las visitas diarias a la incubadora. No quise separarme de mi hijo ni un solo día por lo que me lo llevaba a ver a mi hija cada tarde y su padre y yo nos turnábamos para ocuparnos cada uno de un bebé. Mientras yo estaba con mi hija su padre estaba paseando a mi hijo en el parque de enfrente del hospital y viceversa. Cuando mi hijo lloraba reclamando alimento yo abandonaba la sala de Neonatos y bajaba a darle el pecho, mientras que papá subía a quedarse con mi niña hasta que yo acabase. Así una y otra vez día tras día.

Mi hijo me reclamaba muchísimo y era francamente agotador pero con todo lo que había sufrido para lograr una lactancia materna exclusiva con él no quería darle ni un solo biberón ya que temía que ello afectase a mi producción de leche. A veces me agobiaba un poco ya que las tomas de las primeras semanas eran muy largas y después de pasar todo el día junto a él en casa cuando llegaba al hospital me apetecía estar con mi hija sin interrupciones. A su vez, el pobrecito también tuvo que pasar algún mal rato cuando yo no podía bajar en ese momento a darle el pecho por causas de fuerza mayor, como por ejemplo cuando practicaba el método canguro, ya que la duración mínima era de una hora. Aunque creo que lo pasaba peor su padre, quien se veía impotente para calmarle aunque al final siempre lo conseguía.

Cuando mi hija contaba con unas tres semanas y pico decidió arrancarse la sonda nasogástrica por su cuenta y riesgo, y dado que no era el primer intento las enfermeras decidieron darle una oportunidad y empezaron a darle biberones. Aunque muchas veces se quedaba dormida comiendo y tardaba una eternidad en acabar las tomas toleraba bien el alimento y poco a poco iba cogiendo peso hasta que con cinco semanas logró salir de la incubadora.

Cuando la ví en la cuna térmica no pude evitar emocionarme, ¡Había cambiado tanto en cinco semanas! Pregunté cuando podía intentar darle el pecho y me dijeron que lo consultarían con el médico. Unos días más tarde comencé a ofrecerle el pecho pero mi pobre hija lloraba y lloraba, creo que ni siquiera sabía para que servía. Algunas enfermeras me propusieron que no me complicara la vida y que optara por alimentar a mis mellizos con mi leche extraída en biberón pero yo no contemplaba esa posibilidad. Sabía que una lactancia no se puede mantener mucho tiempo si el único estímulo que recibe el pecho es el de un sacaleches y yo, después de todo el esfuerzo que estaba haciendo, evidentemente deseaba lograr una lactancia prolongada. Además la lactancia materna es mucho más que alimento, es cariño, es consuelo, ¡Yo no quería perderme todo eso!

cunas termicas bebes incubadora

Intentar que mi hija cogiese el pecho en esa sala llena de gente, sin ninguna intimidad, me resultaba francamente violento y desagradable. Hice lo mismo que con su hermano, llegaba un rato antes de la toma y le ofrecía mi pecho, y después le daba un biberón. Mi hija lo rechazó durante varios días hasta que un día lo cogió de forma espontánea. Pero esta vez no era tan sencillo ya que la alimentación no era a demanda, y el horario de las tomas era muy estricto por lo que en ocasiones me encontraba con que cuando le ofrecía mi hija aún no tenía hambre, o cuando estaba a punto de conseguir que cogiese el pecho venía una enfermera a meterme prisa porque se estaba pasando la hora de la toma. Recuerdo otra vez que mi hija se pasó más de una hora tomando pecho y la enfermera de turno en vez de animarme me puso mala cara y me dijo que se le iba a juntar con la toma siguiente. Irónicamente, y salvo alguna excepción concreta, las enfermeras de Neonatología no me ayudaron absolutamente nada con la lactancia. Creo que estaban demasiado preocupadas por cumplir el horario de las tomas como para pensar en nada más.

Otras veces mi hija lloraba cuando intentaba ponérmela al pecho y las otras madres allí presentes me miraban horrorizadas. La mayoría de las madres de los bebés que estaban allí ingresados se sacaban leche para ellos porque consideraban que era importante para su salud pero creo que yo era la única que deseaba realmente dar el pecho (en el sentido de establecer una lactancia prolongada). En esos momentos pasaba muchísima vergüenza. Incluso una enfermera me dejó caer que estaba torturando a la niña pero, ¿Acaso yo parecía estar divirtiéndome?

Finalmente, y dado que  la situación estaba haciendo mella en mi estado de ánimo, opté por ofrecerle el pecho únicamente una vez al día, durante las tomas nocturnas ya que apenas había visitas a esas horas. Habían pasado seis semanas desde el parto y empezaba a estar muy cansada de ir y venir al hospital cada día, máxime teniendo en cuenta que las mañanas las pasaba sola cuidando de mi hijo. Así que decidí aflojar un poco la presión y seguir extrayéndome leche para la niña, ya tendría tiempo de hacer las cosas a mi manera cuando nos fuésemos a casa.

Y al fin llegó el día del alta, siete semanas y pico después del parto. Nada más llegar a casa puse a los dos bebés sobre el cojín de lactancia en posición de rugby y estuvieron mamando un buen rato. Pero mi hija seguía rechazando el pecho en muchas de las tomas y se enfadaba muchísimo, lloraba, se retorcía… Además tenía que asegurarme de que mi niña creciese bien ya que apenas llegaba a los dos kilos. Toma tras toma intentaba ofrecerla mi pecho y después le daba un biberón con la leche que me continuaba extrayendo. A veces lo intentaba durante más tiempo, otras veces me rendía al instante, y por la noche directamente le daba biberón ya que acababa agotada de luchar con ella y necesitaba descansar en algún momento. Cuando estábamos en la calle le daba un biberón de leche artificial ya que me daba vergüenza montar un escándalo. Constantemente me daban ganas de tirar la toalla pero, ¿Cómo iba a darle el pecho a mi hijo y a mi hija no? No podía soportar la idea de hacer una diferencia tan grande entre ambos y menos después de todo lo que mi hija había tenido que pasar durante sus primeras semanas de vida. Sentía que, de alguna forma, se lo debía.

No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue en absoluto, pero unas tres semanas después de recibir el alta empezó a cogerme el pecho con regularidad. Y una semana después fui retirando progresivamente las tomas hasta lograr una lactancia materna exclusiva… ¡Tres meses después del parto! ¿Os imagináis lo distinta que hubiese sido mi historia si en Neonatos no les hubiesen alimentado con biberón? Aunque mirándolo por el lado positivo, aún me quedaban tres meses de lactancia materna exclusiva por delante para disfrutar, ¡Y vaya si lo disfrutamos!

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La historia de mi lactancia (II): Estableciendo la lactancia con mi hijo en el hospital

En la entrada anterior os hablaba de mi parto y de las 48 horas posteriores, os conté cómo viví esas horas separada de mis hijos, mi estado de confusión acerca de todo lo que estaba pasando  y cómo al fin logre extraer unas gotas de calostro con el sacaleches eléctrico del hospital. En esta entrada os contaré como logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo, después de dos días separados.

En esta etapa inicial de la lactancia, mis grandes aliados fueron el sacaleches eléctrico, disponer de la información necesaria y cantidades ingentes de paciencia. Y también, por supuesto, el apoyo de mi marido, quien me ayudó muchísimo con la lactancia y además no se atrevió a llevarme la contraria a pesar de que en muchos momentos ni yo misma tenía muy claro lo que estaba haciendo.

El segundo día después de mi parto me desperté aún más triste y cabreada, ¿Cómo era posible que a estas alturas aún no conociese a mi hijos? Además me encontraba mucho mejor físicamente y empecé a plantearme todo tipo de locuras como quitarme las vías por mi cuenta y riesgo y escaparme a la incubadora en cuanto me quedase sola en la habitación. Y mi marido, que me conoce muy bien, temiendo que hiciera cualquier barbaridad bajó a ver a mis peques y a pedirle a las enfermeras que al menos me subieran a mi hijo un momentito -que estaba en una cuna térmica perfectamente bien de salud- para que pudiera sentirme mejor. Finalmente no hizo falta ya que justo en ese momento mi hijo estaba recibiendo el alta, y quince minutos después de repente ví como se entreabría la puerta de la habitación y se asomaba una cuna. ¡Por  fin me dejaban ejercer de madre! Con todo el cuidado del mundo abracé a esa cosita de apenas dos kilos y no le solté durante toda la estancia en el hospital nada más que para dormir (y porque tenía miedo de que se me cayera de la cama que si no…).estatua lactancia hospital gregorio marañon maternidad o'donell

Cuando me entregaron a mi hijo lo primero que hice fue quitarle el chupete que le habían dado en Neonatos, no quería que nada interfiriera con la lactancia, especialmente teniendo en cuenta que llevaba dos días siendo alimentado mediante biberón y aún no había podido ponérmelo al pecho. Lamentablemente, un hospital que presumía de ser partidario de la lactancia materna, e incluso tiene una escultura de una mujer amamantando a su bebé en la entrada, no contemplaba otro método para alimentar a los bebés recién nacidos, como por ejemplo el método dedo-jeringa. Sabía que eso iba a dificultarme bastante la lactancia pero no me imaginaba hasta qué punto.

Durante esos primeros días las enfermeras de planta me ayudaron bastante, me colocaron al niño, me enseñaron a introducir toda la aureola del pezón en su boca, a estimular la succión tocándole la mandibula y a lanzar pequeñas gotas de leche artificial dentro de su boca con el biberón para animarle. Pero mi hijo no se enganchaba a pesar de todos nuestros esfuerzos. Seguí practicando mucho piel con piel (tener a mi hijo sobre mi pecho desnudo) y cada tres horas me levantaba, le ofrecía el pecho durante media hora y después le daba el biberón que me traían las enfermeras. Y una y otra vez me volvía a rechazar. Y no es que el bebé estuviera adormecido, ya que el biberón se lo tomaba de un trago. En mi infinita desesperación llegué incluso a tirar el contenido de uno de los biberones y saltarme una toma para hacer que tuviese más hambre. Pero tampoco funcionó y no quise volver a intentarlo ya que mi bebé estaba muy justo de peso y me dio miedo que lo ingresaran a él también.

Y lo peor de todo es que tampoco me había subido la leche aún. Me sentía agotada, derrotada, rechazada por mi bebé, y acabé preguntándome si todos tendrían razón y una vez que un bebé ha probado un biberón ya nunca se engancha al pecho de su madre. Después de más de 24 horas intentándolo, casi sin dormir y sin haber podido conocer a mi hija todavía, me flaqueaban las fuerzas y recuerdo como una noche, después de una de las tomas, me puse a llorar desconsolada. ¿Dónde estaba el instinto de succión de mi bebé? ¿Ya no se podía hacer nada para arreglar la situación? ¿Y cuándo iba a conocer a mi hija?

Intenté conservar la calma y me prometí a mi misma que si no lo conseguía en cuanto me dieran el alta llamaría a una asesora de lactancia para que viniera a casa. Me repetía a mi misma una y otra vez que si se podía, que era cuestión de paciencia, que si incluso había madres adoptivas que habían logrado una lactancia inducida cómo no iba a poder conseguirlo yo, que estaba recién parida. Así que seguí intentándolo toma tras toma, aunque con poca convicción a estas alturas la verdad, pero tampoco se me ocurría que otra cosa hacer.

Y cuando llevábamos algo menos de 48 horas juntos de pronto sucedió. Fue en la toma de las nueve de la noche. Una vez más le ofrecí mi pecho y esta vez lo cogió…¡Y no lo soltó en una hora y media! Paseaba por la habitación con mi bebé a cuestas y me sentía tan feliz y orgullosa de mi misma. Las enfermeras que entraban, conscientes de mi esfuerzo, me regalaban sonrisas de complicidad. Pensé que había resuelto definitivamente el problema pero en la siguiente toma me volvió a rechazar. Y en las dos tomas siguientes también me rechazó, pero a la mañana siguiente me volvió a coger el pecho. Y así, poco a poco, le fue cogiendo el gusto y cada vez cogía el pecho con más facilidad. La sensación al darle de mamar era indescriptible, maravillosa, todo un subidón de hormonas. ¡Lo estaba consiguiendo! Mi hijo se alimentaba de mí, de mi cuerpo, era increíble tener esa capacidad.bebe amamantado lactancia

Una noche empecé a encontrarme regular y al tocarme la frente noté que tenía un poco de fiebre. Nunca me he alegrado tanto de no encontrarme bien. Al fin se estaba produciendo la subida de la leche, seis días después del parto. Cuando recibí el alta del hospital mi bebé ya se alimentaba del pecho con total normalidad, le daba las tomas a demanda y después las complementaba con leche artificial. A su vez, los pocos ratos libres que tenía los dedicaba a sacarme leche para llevársela a mi hija.

Unos días después de recibir el alta llevé a mi hijo al centro de salud a su primera revisión. Le comenté a la enfermera mi experiencia y mi deseó de lograr una lactancia materna exclusiva. Estuvimos charlando, vio al niño mamar, verificó que el agarre era correcto y me dijo que por su parte no veía ningún inconveniente. Me recomendó ir retirando gradualmente las tomas y así lo hice. Primero retiré las tomas de la noche, que eran para mí las más engorrosas, y gracias a eso comencé a descansar mejor. Después retiré las de la mañana y unos días después las de la tarde. Pesaba a mi hijo cada dos días y fui comprobando como iba cogiendo peso con total normalidad.

Dos semanas después del parto había conseguido lograr una lactancia materna exclusiva con mi hijo. Las tomas eran larguísimas, casi interminables, pero es que mi bebé tenía un duro trabajo por delante. No sólo tenía que estimular la producción para alimentarse él mismo, sino que además tenía que ayudarme a producir leche suficiente para su hermana, quien permanecería ingresada al menos durante cuatro semanas más. Pero esa es otra historia que os contaré en la próxima entrada.

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La historia de mi lactancia (I): Las primeras 48 horas después del parto

La historia de mi lactancia es un poco larga y complicada, dado que después del nacimiento de mis mellizos pasamos mucho tiempo separados y además las circunstancias de cada uno de mis hijos al nacer fueron muy distintas. Por ello la dividiré en varias entradas distintas. Así que en esta entrada os contaré como fueron esas primeras 48 horas después del parto separada de mis hijos. Después relataré como logré establecer la lactancia con mi hijo, quien apenas estuvo ingresado 2 días en observación, y también os contaré como logré establecer la lactancia con mi hija, a pesar de que estuvo ingresada en Neonatos durante siete largas semanas. Finalmente, os hablaré también sobre cómo es la lactancia materna exclusiva con mellizos una vez instaurada y os contaré mis truquillos para hacerlo más llevadero.

Hasta que conseguí ser madre pasaron tres largos años, y para amenizar la espera me dediqué todo ese tiempo a leer e informarme acerca de la crianza, el parto respetado, el cuidado del bebé… y por supuesto sobre lactancia. Desde que supe que estaba esperando mellizos me informé a conciencia acerca de las particularidades de la lactancia con múltiples, los mitos que existen sobre el tema, las distintas posturas para darles de mamar a la vez y las dificultades en el establecimiento de la lactancia con bebés prematuros.

En fin, podríamos decir que llevaba la lección bien aprendida. Incluso me llevé al hospital una copia digital en el móvil del libro “Un regalo para toda la vida” por si me surgía alguna duda puntual, varias guías de lactancia que me había descargado y los datos de cotacto de algunas asesoras de lactancia por si necesitaba ayuda. Nada podía salir mal.

Y al fin llegó el día de mi cesárea programada. Ingresé a primera hora de la mañana y a las 11:45 ya habían nacido mis dos hijos. Los neonatólogos se los llevaron rápidamente para revisarlos y yo me quedé ingresada en la unidad de recuperación ya que me había dado una subida de tensión postparto. Apenas había podido verles unos segundos, lo suficiente como para comprobar con mis propios ojos que había tenido dos hijos sanos y preciosos. Mi hijo, que evolucionó favorablemente durante todo el embarazo, nació pesando 2200 gr. Y mi hija, quien arrastraba un Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR) severo, nació pesando apenas un kilo pero en muy buen estado, respiró por si misma desde el principio y en un par de horas pasó de la Unidad de Cuidados Intensivos a la Unidad de Cuidados Intermedios. Me alegré muchísimo cuando me enteré, después de estar temiendo por su vida desde la semana 20 del embarazo había nacido viva y sin secuelas aparentes. ¿Qué más podía pedir?

cesarea gemelos mellizos

Esa misma noche logré que me subieran a planta. Mientras tanto, mis hijos permanecían ingresados aunque estables, y yo no dejaba de preguntar una y otra vez cuando podría verlos. Al final no fue posible y esa noche me dormí triste y agotada, pero a la vez ilusionada con poder verlos al día siguiente. Las enfermeras me trajeron calmantes y recuerdo haberles repetido una y otra vez que quería darle el pecho a mis niños para asegurarme de que las pastillas que me daban eran compatibles con la lactancia, y sobre todo para que no me trajeran la pastilla para cortar la leche. Recuerdo que unos días antes del parto había leído en un foro el testimonio de una chica que afirmaba que le habían traído la pastilla sin haberlo solicitado y que casi se la toma sin querer. ¡No quería que eso me pasase a mí!

Al día siguiente me levanté bastante dolorida y un poco confusa, y volví a pedir ver a mis hijos. Cuando vino el ginecólogo de guardia y me dijo que aún no podía ver a mis hijos porque era necesario continuar con la medicación intravenosa se me vino el mundo encima. ¿Acaso no existían los goteros portátiles? ¿Pasaría algo tan grave si se interrumpía la medicación durante tan sólo cinco minutos? Supliqué, lloré, me enfadé, pero no sirvió de nada. No hacían más que decirme que los niños estaban bien y que me conformase con ver las fotos que había hecho mi marido con el móvil. Incluso el ginecólogo me dijo, con cierta sorna, que más me valía tranquilizarme puesto que cuanto más nerviosa me pusiera peor sería para mi tensión, y que a este paso iba a tardar bastantes días en conocer a mis hijos.

Cómo os podréis imaginar fue uno de los días más tristes de mi vida y nadie parecía entender lo mal que me sentía, aunque algunas enfermeras trataban de animarme. Oía bebés llorando en las otras habitaciones y yo que había tenido dos tenía los brazos vacíos. El que tenía que ser el mejor día de mi vida se convirtió en una pesadilla e incluso tuve que pedir que me sacasen la cuna de mi habitación porque no soportaba verla vacía.

Pasadas unas horas logré calmarme y volví a pensar en el tema de la lactancia. ¿No debería estar haciendo algo al respecto aunque no tuviera a los niños conmigo? Las enfermeras que venían periódicamente a revisarme me examinaban el pecho, todas me decían que tenía “buen calostro” pero nadie me decía lo que tenía que hacer y, ¿Cómo iba a subirme la leche sin ningún tipo de estímulo? ¿Cuántos días más iba a estar separada de mis hijos? ¿Y si se me cortaba la leche por estar tanto tiempo separados?

De pronto me veía perdida y bastante confundida y tanta teoría no me estaba sirviendo de nada. Así que decidí hacer algo para sentirme mejor y pedí que me trajeran un sacaleches eléctrico (aunque yo traía en la maleta un par de sacaleches manuales por si acaso). Después de preguntar a un par de enfermeras, conseguí que una de ellas me lo trajera aunque me dijo que personalmente me lo desaconsejaba ya que me iba a provocar una mastitis. Reconozco que me hizo dudar, pero finalmente decidí confiar en mi instinto y enchufé aquel extraño aparato. Prefería pecar por exceso antes que por defecto.

La primera vez que usé el sacaleches me sentí muy extraña, e incluso me asusté al ver cómo se iban agrandando los pezones como consecuencia de la succión. ¿Aquello era normal? jeringuilla calostro lactancia materna¿Por qué no salía nada de nada? Volví a llamar a otra enfermera y le pregunté. Ella me revisó el pecho una vez más, apretó el pezón y me enseñó las gotas de calostro que salían. Aparentemente todo estaba en orden. Sin embargo, cuando yo apretaba no lograba sacar ni una gota, lo único que conseguía era hacerme daño. Me dijo que continuase haciendo extracciones cada dos o tres horas, y que tuviese paciencia. Así lo hice y, finalmente, al tercer intento cayeron un par de gotas de color amarillento, casi transparente. Al fin estaba ahí ese oro líquido tan maravilloso, el calostro. Llamé a una enfermera y lo recogió con una jeringuilla para dárselo a mi hija, que era la que estaba más débil de los dos.  En ese momento recobré la confianza en mi misma y supe que podía hacerlo. Me estaban robando las primeras horas de vida de mis hijos pero no iba a dejar que me robasen también mi lactancia, nuestra lactancia.

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¿Sabías que…? El encuentro mundial de múltiples en Twinsburg

A lo largo del planeta se organizan numerosos festivales dedicados al mundo de los múltiples. El más conocido de todos tiene lugar cada año en Twinsburg (literalmente, la ciudad de los gemelos), en Ohio (Estados Unidos). Este evento llamado “Twins Days” se celebra cada año el primer fin de semana de agosto. El primer encuentro tuvo lugar en 1976 con sólo 37 pares de gemelos y ha ido creciendo cada año hasta llegar a ser el mayor encuentro mundial de múltiples, con más de 3000 asistentes de distintos países.

encuentro mundial multiples twinsbourg gemelos mellizos trillizos

Fuente: www.soho.com/com

El festival de Twinsburg acoge a gemelos, mellizos, trillizos, cuatrillizos y hasta quintillizos de todas las edades; podemos encontrar desde recién nacidos hasta octogenarios y para muchos se ha convertido en una verdadera tradición familiar. Se celebran bailes, rifas, karaokes, un torneo de golf, un desfile, juegos para niños, un concurso de talentos y durante una fiesta se eligen a los hermanos que serán los reyes del festival ese año.

El año pasado el tema central del festival fue el circo y se registraron más de 1700 pares de gemelos, muchos de ellos disfrazados de payasos, malabaristas…etc. El festival de 2012 se celebrará del 3 al 5 de agosto y estará dedicado a los super héroes.

gemelos domadores twinsburg

Los hermanos Steve y Jeff Naggel llevan 24 años acudiendo al festival

En los últimos años, este festival también ha atraído la presencia de numerosos científicos que estudian la influencia de los genes y el entorno en el comportamiento humano y en relación con distintas enfermedades. Aunque tienen prohibido contactar directamente con los participantes, no faltan voluntarios para la recogida de datos en los laboratorios montados al aire libre. Se realizan estudios sobre la ansiedad, el reuma, la diabetes, el envejecimiento, el cáncer, la alopecia o incluso estudios sobre biometría patrocinados por el FBI.

El pueblo de Twinsbourg  fue fundado en 1817 y recibió ese nombre gracias a sus futwinsburg foto antiguandadores, dos gemelos idénticos llamados Moses y Aron Wilcox. Procedentes de Connecticut,  en 1819 adquirieron 4000 acres de tierra y pusieron a la venta pequeñas parcelas a bajo precio con el objetivo de atraer nuevos habitantes. También ofrecieron ceder de forma gratuita 6 acres de tierra para construir una plaza pública, así como 20 $ para comenzar un nuevo colegio, si las autoridades accedían a cambiar el nombre del pueblo, que por aquel entonces se llamaba Millsville.

Dicen que estos dos hermanos se parecían tanto que sólo sus amigos más íntimos podían distinguirlos. Además, las vidas de ambos estuvieron llenas de paralelismos; trabajaron juntos, se casaron con dos hermanas, tuvieron propiedades en común, tuvieron el mismo número de hijos, contrajeron la misma enfermedad y murieron con horas de diferencia. Y por supuesto, fueron enterrados juntos en la misma tumba en el cementerio de Twinsbourg.

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¿Cómo saber si son gemelos o mellizos? Tipos de embarazo múltiple (II). La placentación

La placentación

El término placentación hace referencia a la formación, tipo y estructura de la placenta. En la mayoría de los casos se podrá determinar la cigosidad analizando la estructura placentaria mediante una ecografía.

Cuando se produce un embarazo, el óvulo fecundado viaja hasta el útero durante varios días, implantándose en la pared uterina. Es entonces cuando pasa a denominarse embrión, y comienza la formación de la placenta.

El saco amniótico está cubierto de dos membranas cuya función es la de proteger al feto y se forma entre el octavo y el noveno día tras la fecundación.  La membrana exterior se denomina corión y forma parte de la placenta. La membrana interna se denomina amnios. Se trata de una fina membrana que envuelve al embrión y está rellena de líquido amniótico.  El amnios permite que el feto realice movimientos, le protege de los golpes y posibilita que las sustancias de desecho pasen al torrente sanguíneo de la madre para su eliminación.

estructura saco amniotico corion amnios

Fuente: Kalipedia.com

La placentación en el embarazo múltiple

En el caso de los gemelos dicigóticos (mellizos), la implantación de cada óvulo se produce por separado, dando lugar a distintas placentas y a dos sacos amnióticos. Los fetos tienen dos coriones y dos amnios. Es lo que se denomina como embarazo bicorial-biamniótico.

Sin embargo, en el caso de los gemelos monocigóticos la estructura placentaria depende del momento en el que se produce la división del cigoto, por lo que existen varias posibilidades:

  • Embarazo bicorial-biamniótico: Dos placentas y dos sacos amnióticos. Ocurre cuando la división del cigoto se produce en los tres primeros días tras la fecundación. Es el caso del 30% de los gemelos monocigóticos. Se trata del embarazo múltiple de menor riesgo.
  • Embarazo monocorial-biamniótico: Los embriones comparten la placenta pero están en sacos amnióticos separados (tienen un corión y dos amnios). La división del cigoto se produce entre el cuarto y el octavo día, por lo que la placenta y el corión ya están formados. Es el caso del 63% de los embarazos monocigóticos. El riesgo más relevante asociado a los embarazos monocoriales es la posibilidad de que se produzca el Síndrome de Transfusión Feto Fetal (STFF) ya que los dos torrentes sanguíneos están conectados mediante los vasos sanguíneos de la placenta.
  • Embarazo monocorial-monoamniótico. Comparten la placenta y el saco amniótico. Los fetos tienen un corión y un amnios. Tiene lugar cuando la división de cigoto se produce entre los días 8 y 13. Se trata del caso menos habitual de todos (entre el 1% y el 4% de los casos) y a la vez el embarazo múltiple de mayor riesgo ya que al riesgo de desarrollar STFF debemos añadir el riesgo del enredamiento de cordones.
  • Siameses: Comparten la placenta, la bolsa amniótica (un corión y un amnios) y alguna parte del cuerpo. Este fenómeno se produce cuando la división del cigoto tiene lugar a partir del día 13 después de la fecundación.

placentas gemelos univitelinos monocigóticos mellizos dicigóticos bivitelinos

Fuente: Wikipedia

Determinando la cigosidad a través de la placentación

Cómo podemos observar en el gráfico siguiente, la placentación no siempre es un criterio definitivo a la hora de determinar la cigosidad. Así, aunque todos los mellizos presentan un embarazo bicorial biamniótico, en este caso también podría tratarse de gemelos monocigóticos (caso A). A su vez, aunque el embarazo monocorial biamniótico es propio exclusivamente de los gemelos monocigóticos (caso C), en algunos embarazos bicoriales biamnióticos se puede producir el fenómeno de la fusión de placentas (caso B), siendo difícil determinar a simple vista si se trata de una o dos placentas. Finalmente, cuando se trata de un embarazo monocorial monoamiótico (caso D) está claro que son gemelos monocigóticos.

Tipos embarazo multiple segun placenta

Fuente: “El Gran Libro de los Gemelos”. Autora: Coks Fenstra

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¿Cómo saber si son gemelos o mellizos? Tipos de embarazo múltiple (I). La cigosidad.

A modo de introducción para nuestro monográfico acerca de los riesgos del embarazo múltiple, es importante conocer el tipo de embarazo que tenemos en cuanto a la cigosidad y la disposición de las placentas, ya que de las características propias del embarazo dependerán las complicaciones asociadas al mismo, y algunos tipos de embarazo conllevan mayores riesgos.

Por ello, es importante que nos familiaricemos con determinados términos médicos que encontraremos escritos una y otra vez en los informes que nos entregará el ginecólogo.

La cigosidad

El término cigosidad hace referencia a las características del cigoto, esto es, la célula resultante de la unión entre el óvulo y los espermatozoides una vez que se ha producido la fecundación. La cigosidad tiene relevancia a la hora de determinar la identidad genética de nuestros múltiples para saber si son gemelos o mellizos.

Desde el punto de vista de la cigosidad, el embarazo gemelar puede ser:

  • Monocigótico o univitelino; Un espermatozoide fecunda a un solo óvulo que posteriormente se divide dando lugar a dos o más fetos. Es el caso de los gemelos idénticos.
  • Dicigótico o bivitelino: Dos espermatozoide fecundan dos óvulos distintos dando lugar a mellizos.
  • Los gemelos de cuerpos polares o gemelos semi idénticos constituyen un caso excepcional y nadie sabe realmente como se producen. Los científicos creen que se trata de un óvulo que se divide antes de la fecundación.

La imagen siguiente muestra de forma gráfica el procedimiento de división del óvulo tras la fecundación según se trate de gemelos monocigóticos (izquierda), mellizos dicigóticos (centro) o gemelos de cuerpos polares (derecha).

division ovulo gemelos monocigoticos mellizos dicigoticos gemelos de cuerpos polares

Fuente: “Gemelos, trillizos y más”. Autora: Pamela Fierro. Ed. Medici

Los expertos no saben a ciencia cierta por qué se divide el óvulo. Algunos expertos apuntan a la edad del óvulo, mientras que otros creen que el causante es una encima presente en el espermatozoide.

Trillizos y otros múltiples

En el caso de los trillizos, cuatrillizos u otros múltiples de orden superior el mecanismo es el mismo:

  • Generalmente, el embarazo de trillizos suele ser consecuencia de la fecundación de tres óvulos distintos fecundados por un espermatozoide distinto, denominándose en este caso trillizos tricigóticos. Serían entonces tres hermanos mellizos.
  • También puede ocurrir que se fecunden dos óvulos distintos , y uno de éstos se divida posteriormente. En este caso se trataría de trillizos dicigóticos, es decir que tendríamos una pareja de gemelos idénticos (monocigóticos) y un mellizo.
  • También es posible que un mismo óvulo se divida tres veces, dando lugar a trillizos idénticos, denominándose entonces trillizos monocigóticos. Este es un fenómeno poco habitual, se calcula que se produce en torno al 2% de los casos.

En el caso de los cuatrillizos, podemos encontrar las variaciones siguientes:

  • Cuatrillizos cuatricigóticos, cuando cuatro óvulos distintos son fecundados por cuatro espermatozoides distintos, dando lugar a cuatro hermanos mellizos.
  • Dos gemelos monocigóticos y dos mellizos dicigóticos.
  • Trillizos monocigóticos (idénticos) y un mellizo dicigótico.
  • Cuatrillizos monocigóticos, esto es, cuatrillizos idénticos.

Se ha documentado un caso único de quintillizas monocigóticas, las hermanas Dionne, nacidas en Canadá en 1934 fruto de un embarazo que inicialmente fue de sextillizos.

quintillizas idénticas dionne.jpg

Las hermanas Dionne en su quinto cumpleaños

¿Por qué es importante conocer la cigosidad?

En el caso de los embarazos monocigóticos, los hermanos comparten los rasgos genéticos tal y como se explica en el post relativo a las diferencias entre los gemelos y mellizos. Pero además de la determinación de la identidad genética de los hermanos, puede llegar a tener trascendencia médica a la hora de determinar los riesgos específicos que conlleva el embarazo o para curar determinadas enfermedades. Por ejemplo, puede ser importante para determinar la compatibilidad genética entre los hermanos si uno de ellos necesitase un transplante de órganos. Además, en el caso de gemelos monocigóticos, si uno de ellos sufre una enfermedad, el riesgo de que el otro la sufra también es mucho mayor.

No siempre es fácil determinar la cigosidad a simple vista. Si los hermanos son de distinto sexo está claro que se trata de mellizos (dicigóticos). Pero si ambos son del mismo sexo puede ocurrir que haya mellizos que se parezcan mucho físicamente pareciendo gemelos idénticos o gemelos que se parezcan poco y aparentemente parezcan mellizos.

 Cómo veremos en el próximo post, el aspecto exterior del embarazo en cuanto al tipo de placentas resultará determinante en algunos casos (por ejemplo, si comparten la placenta siempre serán gemelos monocigóticos) pero en otros casos tampoco será posible determinarlo a simple vista.

Así pues, en determinados casos la única forma de establecer de forma definitiva la cigosidad pasará por la realización de una prueba genética para determinar el perfil de ADN de los hermanos. Hoy en día es posible realizar un test genético en nuestra propia casa por un precio de unos 400€, tomando una muestra de saliva y de las células de la parte interna de la mejilla de cada uno de los múltiples y enviando dichas muestras al laboratorio.

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El Bugaboo Donkey: un gran carro gemelar con unas ruedas defectuosas

Estimados Señores de Bugaboo:

Cuando vi el carro por primera vez aún no había salido al mercado en España y la verdad es que leyendo las reseñas en los blogs quedé fascinada. Era justo lo que yo estaba buscando, un carro en el que pudiera llevar a mis mellizos uno al lado del otro pero que fuese relativamente estrecho, fácil de llevar y cómodo para los niños, y que sirviera desde que son recién nacidos hasta los 2 o 3 años.

Sin embargo, reconozco que nuestra relación no empezó con buen pie ya que me costó una discusión con mi madre, quien generosamente se ofreció a regalarnos el producto en cuestión, e insisto en lo de generosamente ya que no es un carro precisamente barato. Resultó que mi madre se empeñó en reservarlo en el Corte Inglés ya en febrero de 2011, siendo que el carrito no llegaba al mercado español hasta el mes de mayo. Yo no estaba ni de tres meses y la verdad es que me pareció la típica exageración de mi señora madre. El tiempo le dio la razón y yo tuve que agachar las orejas y disculparme ya que nos pusieron en lista de espera para…¡Principios de julio!

Sin embargo, decidí apartar mis temores a que el parto se adelantase demasiado (algo previsible en un embarazo gemelar) y me viese con bebés y sin carrito y verlo por el lado positivo, ¡Yo era una de las primeras clientas que había entrado en el selecto club de los futuros propietarios del Bugaboo Donkey!. Mi ilusión se tornó en estupefacción cuando llegó el carro a mi casa a mediados de julio y el repartidor depositó no una, ni dos, ni tres, sino ¡Seis cajas! en la entrada de mi casa. Resultó que además de pagar un alto precio por el carro, y esperar pacientemente durante cinco meses…¡Teníamos que montarlo nosotros! Dado que tal cantidad de cajas apiladas bloqueaba por completo el paso por mi casa, esa tarde la dedicamos por entero mi marido y yo al montaje del carro, aunque reconozco que no pude ser de mucha ayuda con mi barrigón de siete meses. Tampoco me avergüenza reconocer que sudamos la gota gorda mientras tratábamos de comprender las casi indescifrables ilustraciones que acompañan a las instrucciones de montaje.

Al día siguiente finalizamos el montaje y el flamante carro presidía majestuosamente la entrada de mi casa despertando la admiración de todas las visitas. Un mes después nacieron mis hijos y debo reconocer que las prestaciones del carro no me decepcionaron en absoluto. Ciertamente era muy ligero, se podía llevar con una sola mano sin problemas, era lo suficientemente estrecho como para caber en la inmensa mayoría de las puertas y había mucho espacio para guardar los mil y un cachivaches que las multimadres tenemos que llevar encima cuando paseamos a nuestros vástagos. Especialmente útil me resultó la funcionalidad de convertir el carro gemelar en un carro simple durante los dos meses que estuvo mi hija en la incubadora, gracias a eso no tuve que soportar ver el capazo vacío constantemente ni tuve que aguantar preguntas incómodas por parte de los desconocidos acerca de donde se encontraba el mellizo que faltaba. Además, me resultó también útil el hecho de poder utilizar el carro con los maxicosi del coche y el hecho de poder poner las sillas mirando hacia mí (me gusta ver a mis hijos mientras paseamos) o hacia delante (útil para dar de comer a los niños sentados en la silla sin verme franqueada por la barra). También he probado la postura de dos ruedas para meter el carro en la playa y aunque exige aplicar algo de fuerza funciona bien. Definitivamente, había merecido la pena la espera.

bugaboo donkey carro gemelar

Pero dos meses más tarde comenzaron los problemas, cuando un día notamos que se habían deshinchado las ruedas traseras (las ruedas grandes). Una de ellas estaba ligeramente deshinchada pero la otra estaba ya en el suelo. Cogimos el hinchador que ustedes suministran con el propio carro y nos pusimos a ello. Después de tres horas de infructuosos intentos tuvimos que asumir nuestra falta de pericia y al día siguiente acudimos avergonzados al Corte Inglés. Hasta cuatro dependientes trataron de hincharlas sin resultado alguno e incluso pensando que el hinchador nuestro estaba defectuoso probamos con el que tenían ellos en el carro de exposición con el mismo resultado, es decir, ninguno. Incluso un cliente que andaba por allí y que casualmente era ciclista profesional nos prestó su ayuda. Finalmente concluyeron que las ruedas estaban defectuosas y se procedió a solicitar unas ruedas nuevas sin coste alguno. Las recibimos una semana más tarde, e incluso recibí un SMS en el móvil para avisarme de la llegada de las mismas.

Un mes más tarde comprobamos nuevamente que una de las ruedas traseras volvía a estar deshinchada. Dado que la experiencia es un grado, prescindimos desde el principio del uso del hinchador y acudimos a hincharla a una gasolinera (la propia rueda indica que la presión máxima son 30 psi). La rueda quedó como nueva. Sin embargo, al día siguiente volvía a estar deshinchada así que decidimos que mi marido la llevase al Corte Inglés después del trabajo. Con lo que no contábamos es que con carácter previo a encargar una nueva rueda es necesario que los dependientes procedan a revisar el chasis del carro por lo que la visita fue en balde. Ese mismo sábado acudimos la familia al completo a solicitar nuevamente otra rueda, la cual volvimos a recibir una semana después. Ya era mala suerte recibir dos veces ruedas defectuosas pero estas cosas pasan ¿No?

rueda pinchada carro gemelar bugaboo donkey

Y tanto es así que pasa que esta situación se ha repetido hasta CUATRO veces en 9 meses (sin contar con otras tantas veces en que las ruedas se han deshinchado pero sin pincharse ya que hemos conseguido volver a hicharlas). En una ocasión llegué a tener las dos ruedas traseras completamente deshinchadas durante 10 días. Les prometo que hago una vida absolutamente normal, vivo en un núcleo urbano perfectamente asfaltado y no me dedico a pasear sobre los restos de vidrio resultantes del botellón del fin de semana. Y no es que el carro quede inutilizado cuando se pinchan las ruedas, es cierto que se puede utilizar, lo único es que pesa cuatro veces más. Ciertamente, si tengo los brazos cada vez más fibrosos y tonificados se lo debo en parte a ustedes.

La última vez que me ocurrió fue ayer mismo. Acudí a la gasolinera a hinchar la rueda, aparqué el carro en el jardín, le dí de comer a mis hijos y una hora después la rueda volví a estar en el suelo. Sinceramente, me resisto a comprar un carro nuevo no sólo porque quiero amortizar la inversión económica realizada, sino también por todas las cosas buenas que tiene el carro que ya he mencionado en párrafos anteriores. Pero exijo una solución y quiero pensar que ustedes están en disposición de dármela.

Ya se que para el Bugaboo Donkey no se fabrican las ruedas especiales antipinchazos que ustedes venden para otros carros simples, ya que he intentado adquirirlas aunque ello me supusiera un desembolso adicional. E incluso me resigno a aceptar que no hay nada que hacer para evitar que las ruedas traseras se pinchen periódicamente. Pero exijo una compensación. Y no piensen ustedes que quiero aprovecharme de la situación para solicitar una indemnización millonaria como en las películas americanas. Lo único que pido es que ustedes me regalen dos ruedas de repuesto para que cada vez que me ocurra esto pueda seguir utilizando el carro con normalidad mientras espero a que me consigan unas ruedas nuevas mis ya amigos, los dependientes del Corte Inglés. Porque se que me volverá a ocurrir y no siempre estoy en disposición de solicitar unas ruedas nuevas de forma inmediata (por ejemplo, una de las veces me pilló de vacaciones), y aunque el servicio postventa es eficiente siempre trascurren al menos unos 10 días desde que se produce el pinchazo hasta que recibo las ruedas y yo necesito usar el carro a diario.

Quedo a la espera de su respuesta, la cual espero que se produzca a la mayor brevedad por el bien de mi maltrecha espalda.

Atentamente,

Una multimadre cabreada con agujetas en los brazos.

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Actualización del post a fecha de 6 de junio:

Le remití el enlace a Bugaboo España a través de su página de Facebook y me contestaron enseguida solicitándome mis datos de contacto. Se los remití por correo electrónico y en menos de 3 horas me llamó una señorita muy amable diciendo que me iban a enviar dos ruedas extra y dos cámaras de aire. Parece ser que la cámara de aire se puede cambiar sin cambiar la rueda, e incluso parchear como si fuera una bicicleta, cosa que en el Corte Inglés no sabían. También parece ser que la primera vez que se me pincharon las dos ruedas además de enviarme dos ruedas nuevas me enviaron dos cámaras de aire y en el ECI no me dijeron nada! Me han dicho también que levante la goma de la rueda e investigue si hay algo clavado en la cámara. Os mantendré informados.