La historia de mi lactancia (III): Estableciendo la lactancia con mi hija ingresada en la incubadora

En las entradas anteriores os hablé de mi parto y de cómo logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo después de 48 horas separados. Con mi hija fue todo muy distinto, ya que ella nació para romper moldes, sobrevivió al embarazo contra todo pronóstico y nació con tan sólo un kilo de peso pero muchísimas ganas de vivir, dándonos una lección de entereza a todos.

Tardé cuatro largos días desde el parto en conocer a mi niña, cuando al fin se estabilizó mi tensión y me fue retirada la medicación intravenosa. Lo primero que hice fue bajar a conocerla, pedí que la sacaran de la incubadora para practicar el método canguro y lloré, no me podía creer que estuviera viva y tan sana a pesar de todo. Era un bebé pequeñísimo, extremadamente delgado y aún tenía su carita a medio formar, a medio camino entre un recién nacido y un feto.

En la Unidad de Cuidados Medios en donde estaba ingresada los padres teníamos acceso ilimitado las 24 horas. Además, el personal sanitario fomentaba la práctica del método canguro. Sin embargo, en cuanto al tema de la lactancia había bastante desinformación. Ya una de las primeras veces que bajé a visitarla me dijo una enfermera que ni se me ocurriese darle el pecho a mi hijo, que tenía que guardar toda la leche materna para mi hija porque estaba más delicada de salud, dando por hecho que no tendría suficiente leche para alimentarles a los dos. Lo más irónico de la situación es que al lado de la incubadora había un enorme póster de una mujer amamantando gemelos.

Durante las primeras cuatro semanas mi hija se alimentó mediante sonda nasogástrica ya que estaba demasiado débil como para ser alimentada mediante biberón (y como ya comenté en la entrada anterior no se contemplaban otros métodos para alimentar a los recién nacidos). Realizaba ocho tomas al día de 40 cc cada una (creo que las primeras tomas eran de 20 cc), aunque las enfermeras me advirtieron que tendría que traer 50 cc por toma ya que al introducir la leche en la sonda siempre se pbolsas de leche medelaerdía un poquito. Así que yo no dejaba de sacarme leche, ni en casa ni en el hospital. Sin embargo, reconozco que casi ningún día conseguí sacarme leche suficiente para cubrir esas ocho tomas, no por falta de leche sino más bien por falta de tiempo ya que la lactancia a demanda con mi hijo me ocupaba muchísimo tiempo.

Al principio apenas lograba sacarme leche con el sacaleches pero pronto le cogí el truco a base de mucha constancia. Generalmente me sacaba leche suficiente para cubrir entre cinco y siete tomas. Aunque reconozco que en algún momento me sentí culpable, ya que mi hijo si estaba siendo alimentado mediante lactancia materna exclusiva, decidí plantearme la situación como una estrategia a largo plazo con una meta clara; lograr una lactancia exclusiva con los dos. Y para ello era muy importante que no me marcase metas poco realistas, mi hija estaría ingresada unos dos meses y tenía que medir muy bien mis fuerzas para que no me venciera el cansancio por el camino.

La mayor dificultad a la que me enfrentaba en esa etapa era compatibilizar la lactancia a demanda de mi hijo con las visitas diarias a la incubadora. No quise separarme de mi hijo ni un solo día por lo que me lo llevaba a ver a mi hija cada tarde y su padre y yo nos turnábamos para ocuparnos cada uno de un bebé. Mientras yo estaba con mi hija su padre estaba paseando a mi hijo en el parque de enfrente del hospital y viceversa. Cuando mi hijo lloraba reclamando alimento yo abandonaba la sala de Neonatos y bajaba a darle el pecho, mientras que papá subía a quedarse con mi niña hasta que yo acabase. Así una y otra vez día tras día.

Mi hijo me reclamaba muchísimo y era francamente agotador pero con todo lo que había sufrido para lograr una lactancia materna exclusiva con él no quería darle ni un solo biberón ya que temía que ello afectase a mi producción de leche. A veces me agobiaba un poco ya que las tomas de las primeras semanas eran muy largas y después de pasar todo el día junto a él en casa cuando llegaba al hospital me apetecía estar con mi hija sin interrupciones. A su vez, el pobrecito también tuvo que pasar algún mal rato cuando yo no podía bajar en ese momento a darle el pecho por causas de fuerza mayor, como por ejemplo cuando practicaba el método canguro, ya que la duración mínima era de una hora. Aunque creo que lo pasaba peor su padre, quien se veía impotente para calmarle aunque al final siempre lo conseguía.

Cuando mi hija contaba con unas tres semanas y pico decidió arrancarse la sonda nasogástrica por su cuenta y riesgo, y dado que no era el primer intento las enfermeras decidieron darle una oportunidad y empezaron a darle biberones. Aunque muchas veces se quedaba dormida comiendo y tardaba una eternidad en acabar las tomas toleraba bien el alimento y poco a poco iba cogiendo peso hasta que con cinco semanas logró salir de la incubadora.

Cuando la ví en la cuna térmica no pude evitar emocionarme, ¡Había cambiado tanto en cinco semanas! Pregunté cuando podía intentar darle el pecho y me dijeron que lo consultarían con el médico. Unos días más tarde comencé a ofrecerle el pecho pero mi pobre hija lloraba y lloraba, creo que ni siquiera sabía para que servía. Algunas enfermeras me propusieron que no me complicara la vida y que optara por alimentar a mis mellizos con mi leche extraída en biberón pero yo no contemplaba esa posibilidad. Sabía que una lactancia no se puede mantener mucho tiempo si el único estímulo que recibe el pecho es el de un sacaleches y yo, después de todo el esfuerzo que estaba haciendo, evidentemente deseaba lograr una lactancia prolongada. Además la lactancia materna es mucho más que alimento, es cariño, es consuelo, ¡Yo no quería perderme todo eso!

cunas termicas bebes incubadora

Intentar que mi hija cogiese el pecho en esa sala llena de gente, sin ninguna intimidad, me resultaba francamente violento y desagradable. Hice lo mismo que con su hermano, llegaba un rato antes de la toma y le ofrecía mi pecho, y después le daba un biberón. Mi hija lo rechazó durante varios días hasta que un día lo cogió de forma espontánea. Pero esta vez no era tan sencillo ya que la alimentación no era a demanda, y el horario de las tomas era muy estricto por lo que en ocasiones me encontraba con que cuando le ofrecía mi hija aún no tenía hambre, o cuando estaba a punto de conseguir que cogiese el pecho venía una enfermera a meterme prisa porque se estaba pasando la hora de la toma. Recuerdo otra vez que mi hija se pasó más de una hora tomando pecho y la enfermera de turno en vez de animarme me puso mala cara y me dijo que se le iba a juntar con la toma siguiente. Irónicamente, y salvo alguna excepción concreta, las enfermeras de Neonatología no me ayudaron absolutamente nada con la lactancia. Creo que estaban demasiado preocupadas por cumplir el horario de las tomas como para pensar en nada más.

Otras veces mi hija lloraba cuando intentaba ponérmela al pecho y las otras madres allí presentes me miraban horrorizadas. La mayoría de las madres de los bebés que estaban allí ingresados se sacaban leche para ellos porque consideraban que era importante para su salud pero creo que yo era la única que deseaba realmente dar el pecho (en el sentido de establecer una lactancia prolongada). En esos momentos pasaba muchísima vergüenza. Incluso una enfermera me dejó caer que estaba torturando a la niña pero, ¿Acaso yo parecía estar divirtiéndome?

Finalmente, y dado que  la situación estaba haciendo mella en mi estado de ánimo, opté por ofrecerle el pecho únicamente una vez al día, durante las tomas nocturnas ya que apenas había visitas a esas horas. Habían pasado seis semanas desde el parto y empezaba a estar muy cansada de ir y venir al hospital cada día, máxime teniendo en cuenta que las mañanas las pasaba sola cuidando de mi hijo. Así que decidí aflojar un poco la presión y seguir extrayéndome leche para la niña, ya tendría tiempo de hacer las cosas a mi manera cuando nos fuésemos a casa.

Y al fin llegó el día del alta, siete semanas y pico después del parto. Nada más llegar a casa puse a los dos bebés sobre el cojín de lactancia en posición de rugby y estuvieron mamando un buen rato. Pero mi hija seguía rechazando el pecho en muchas de las tomas y se enfadaba muchísimo, lloraba, se retorcía… Además tenía que asegurarme de que mi niña creciese bien ya que apenas llegaba a los dos kilos. Toma tras toma intentaba ofrecerla mi pecho y después le daba un biberón con la leche que me continuaba extrayendo. A veces lo intentaba durante más tiempo, otras veces me rendía al instante, y por la noche directamente le daba biberón ya que acababa agotada de luchar con ella y necesitaba descansar en algún momento. Cuando estábamos en la calle le daba un biberón de leche artificial ya que me daba vergüenza montar un escándalo. Constantemente me daban ganas de tirar la toalla pero, ¿Cómo iba a darle el pecho a mi hijo y a mi hija no? No podía soportar la idea de hacer una diferencia tan grande entre ambos y menos después de todo lo que mi hija había tenido que pasar durante sus primeras semanas de vida. Sentía que, de alguna forma, se lo debía.

No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue en absoluto, pero unas tres semanas después de recibir el alta empezó a cogerme el pecho con regularidad. Y una semana después fui retirando progresivamente las tomas hasta lograr una lactancia materna exclusiva… ¡Tres meses después del parto! ¿Os imagináis lo distinta que hubiese sido mi historia si en Neonatos no les hubiesen alimentado con biberón? Aunque mirándolo por el lado positivo, aún me quedaban tres meses de lactancia materna exclusiva por delante para disfrutar, ¡Y vaya si lo disfrutamos!

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5 pensamientos en “La historia de mi lactancia (III): Estableciendo la lactancia con mi hija ingresada en la incubadora

  1. Es genial que lo lograras… desde luego pusiste en ello mucho tesón y cabezonería y lo tenías bien claro desde el principio.
    En mi caso tube mucha ayuda en neonatos y mucha información por parte de las enfermeras, incluso había una algo sargento que me reñia todos los días, pero me reñia en positivo para esa enfermera no había otra opción, tenía que darles el pecho a ambos el máximo tiempo que pudiera jejeje… me río cuando la recuerdo.

  2. No me quiero imaginar la tortuta q viviste durante esas semanas con ese ir y venir del hospital, yo eso no lo vivi xq me los lleve a los 2 a la vez, asi que hice intensivo de hospital durante 3 semanas, pero a los 4 meses lo tuve a el ingresado 1 semana y fue horrible xq tambien nos turnabamos entre el parque y el hospital sin poder estar plenamente para ninguno de los 2, es el inconveniente q tiene ser multimadre, si la maternidad en si ya es dura, con 2 bebes a la vez es muy dura y si encima hay complicaciones…
    La verdad es que en neonayos debian alucinar xq en tu situacion cualquiera hubiera tirado la toalla, con las hormonas a flor de piel, las miradas criticonas, las palabras q se clavan como estacas…fuiste muy muy fuerte,

    • Yo pensaba q lo habia pasado mal pero tu…eres una heroina! lo tuyo es AMOR en mayusculas, AMOR en estado puro, eres autentica en serio y muy fuerte, despues de esta experiencia nunca nadie te podra decir que tu no puedes, porque has demostrado que puedes con todo lo que se te ponga por delante.
      Eres una luchadora y algun dia tus hijos sabran todo lo q has luchado por ellos y se sentiran realmente orgullosos de poder llamarte MAMA

  3. Guapa… llevo desde que leí tu primera entrada sobre la lactancia buscando un hueco para escribirte…

    Lo primero de todo, mis más sinceras felicitaciones por tu tenacidad y finalmente éxito en conseguir esa lactancia a pesar de todo.

    Yo creo que alguna vez te lo he contado en otra entrada, pero bueno…

    En el hospital donde dí a luz, Puerta de Hierro en Madrid, a las nueve horas de la cesárea, bajó a mi habitación una auxiliar de neonatos. Me preguntó que por qué no había empezado ya con la estimulación. Que eran tres niñas las que tenía que intentar alimentar con mi leche, y que cuanto antes empezara antes tendría leche. Yo era algo rehacia a empezar, porque estaba muy dolorida y agotada. Conseguí que me pusieran un calmante fuerte, fui a ver a las niñas, y cuando bajé a la habitación, me enchufé el sacaleches, que no solté en casi dos meses.

    Durante la estancia en la UCIN de las niñas, todo fueron ayudas, ánimos, técnicas correctas para que luego las niñas pudieran coger el pecho (osease, tomarse el tiempo para cuando no estábamos, darles de comer con jeringa. Y doy fe que se tardaba un montón!). Además, cuando les daba el pecho (cuando ya pudieron cogerlo, una toma a cada una y las otras dos con jeringa) tenía todo el tiempo que necesitara la niña. A veces hasta una hora. Y si se les juntaba la toma, pues se les juntaba. El pecho era lo más importante. De hecho, hasta retrasaban la hora de visita si a nosotras nos importaba que entraran familiares mientras les dábamos de mamar… En ese sentido, he estado feliz con mi hospital. Siempre me animaron a que siguiera en casa, que tendria leche para las tres, que podría amamantar a dos a la vez… Además tuvimos la suerte de llevarnos a las 3 el mismo día a casa y no tener que hacer malabares…

    Al llegar a casa cambió la historia, y me estresé mucho. Yo, y mi marido. Así que a lso 45 días de nacer las niñas, me retiré la leche. Estoy contenta, porque menos es nada. Aguanté 10h pegada a un sacaleches al día, mientras además daba 3 tomas de pecho directo y cangureaba durante el día. Ahora me da pena no haber seguido un poco más. Pero lo hecho hecho está.

    Eso sí, gracias a todo el personal que me ayudó tanto. Porque yo sola no lo hubiera conseguido… Con este post, seguro que ayudas a muchísimas madres que se encuentran en un entorno hostil para intentarlo, para que sean fuertes y que lo hagan, pase lo que pase.

    Por cierto, de hecho en nuestra UCIN, los niños un poco más grandes con lactancia materna exclusiva, podían hacer si querían mientras estaban las madres, lactancia a demanda, tenerles dormidos al pecho y juntar una toma con la otra, lo que quisieran…. era como estar en casa, pero estando allí.

  4. Eres una valiente y un ejemplo seguir. Me hubiese encantado después de permanecer casi 2 meses en neonatos s con mis mellizas, pero no lo conseguí . Tampoco tuve ningun apoyo ni ánimo por parte del personal sanitario. Creo que es algo que me va a acompañar siempre

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