¡Estrenamos página web!

Somos Múltiples está de mudanza y es que, en algún momento de esta tarde (lo anunciaremos en Facebook y Twitter), inauguraremos nuestra nueva página web en nuestro propio dominio: www.somosmultiples.es.

La principal novedad es la inclusión de un foro de discusión para que podamos compartir dudas y debatir acerca de nuestro tema favorito; los múltiples, por supuesto 🙂

Aunque el nuevo blog mantendrá más o menos el mismo formato, otra de las novedades es que al fin contaremos con una portada decente, cosa que en este blog no fui capaz de hacer. Se trata de una página web 100% casera y hecha con mucho cariño, por lo que espero que os resulte acogedora y que disculpéis los fallos técnicos que puedan producirse estos primeros días 😉

Así que tomad nota de nuestra nueva dirección, y actualizad vuestros marcadores:

No os la perdáis porque este otoño Somos Múltiples vieve cargado de sorpresas y nuevos sorteos. Y es que aparte de celebrar la inauguración de la nueva web, tenemos que celebrar también que ya somos casi mil seguidores en la página de Facebook. Gracias a todos vosotros por hacerlo posible y espero seguir viendoos por aquí.

La desgraciada historia de las quintillizas Dionne

Hace una semanas, hablando del tema de la cigosidad, hacíamos referencia a las hermanas canadienses Dionne, por tratarse del único caso documentado de quintillizas idénticas así como el primer caso de quintillizos que hubieran sobrevivido hasta la edad adulta.

En el año 1934 Canadá sufría una dura recesión económica y muchas familias estaban siendo castigadas por el hambre y el desempleo. En este contexto, un lunes 28 de mayo vinieron al mundo, -sietemesinas y con la asistencia del Dr. Allan Roy Dafoe y dos parteras-, las hermanas Annette, Cecile, Emilie, Marie e Ivonne. Las hermanas Dionne nacieron en un entorno rural en la ciudad de Corbeil (Ontario), hijas de un matrimonio pobre, propietario de una granja y que ya contaba con otros cinco hijos.

quintillizas Dionne y su madre

Fuente: Blog Ajiruland

Los bebés nacieron tan pequeños que cabían en la palma de una mano y, dada la ausencia de medios técnicos, se les colocó en una cesta de mimbre rodeadas de botellas calientes. Más tarde, un periódico obsequió a la familia con una incubadora.

Así, rápidamente las agencias de noticias difundieron el caso y cuando habían transcurrido apenas dos días después del parto, los padres recibieron una propuesta económica para exhibir a las criaturas en la Feria Internacional de Chicago. Una semana después los Dionne ya habían firmado el contrato. Sin embargo, el Dr. Roy rápidamente mostró su oposición, ya que las niñas eran muy pequeñas y estaban muy débiles, ni siquiera eran capaces de abrir aun los ojos.

Unos meses después del nacimiento, el Gobernador Mitchell Hepburn decidió retirarle la custodia de las niñas a la familia Dionne, dejándolas a cargo del Dr. Dafoe. Así, se construyó un hospital especialmente para ellas bautizado como “Quintland”, situado justo enfrente de la casa de sus padres. Las niñas se pusieron bajo la supervisión de varias enfermeras, y algunas vecinas les fueron llevando leche materna, y así fue como consiguieron sacarlas adelante.

hospital quintland quintillizas dionne

Vista del hospital. Fuente: Quintland.com

Desde entonces la vida de las quintillizas fue totalmente mercantilizada. Muchos curiosos empezaron a acudir a Quintsland para observar a los bebés a través de un ventanal. Más tarde, en el lateral de Quintland había una zona ajardinada en donde las niñas salían a jugar dos veces al día. Diariamente acudían más de 6000 turistas a observarlas. Se calcula que sólo durante el primer año el Gobierno canadiense ingresó más de 51 millones de dólares gracias al turismo, y Quintland pasó a ser la atracción turística más visitada del país, por encima incluso de las cataratas de Niágara. En el pueblo empezaron a aparecer moteles, gasolineras y restaurantes de comida rápida destinados a atender las necesidades de los turistas. Por su parte, el Dr. Defoe acabó cegado por la avaricia, lucrándose con la venta de los derechos de las imágenes de las niñas y con los derechos de autor de los libros que escribió.

visitantes quintillizas dionne quintland

Hordas de visitantes haciendo cola para ver a las quintillizas. Fuente: Quintland.com

Pronto se generaron todo tipo de productos de merchandising en torno a la vida de las quintillizas como camisetas, postales y muñecas. El padre de las niñas montó una tienda de recuerdos en la que uno de los productos más vendidos eran unas piedras de su granja que supuestamente servían para potenciar la fertilidad. Las hermanas incluso protagonizaron varias campañas publicitarias para marcas como Palmolive o Colgate, obras de teatro y películas de Hollywood.

campañas publicidad quintillizas dionne

Campañas publicitarias protagonizadas por las quintillizas. Fuente: Blog Ajiruland

Años más tarde la familia Dionne entabló una batalla judicial para recuperar la custodia de las niñas alegando que estaban siendo sometidas a un maltrato psicológico por parte del Dr. Dafoe. Ciertamente, la vida de las niñas era de todo menos feliz. Tenían prohibido abandonar el hospital, por lo que no tenían amigas y apenas ningún contacto con el mundo exterior. Además, nadie -ni siquiera sus padres- podía tomarles fotos ya que los derechos fueron comprados por el periódico The Sun. También tenían prohibido ser besadas o abrazadas, y se les obligaba a hablar en inglés, ignorando sus raíces francófonas.

En 1941 la familia Dionne recuperó la tutela de las niñas, que con 9 años regresaron con su familia, y la fundación Dionne construyó para ellas una casa de 20 habitaciones. Sin embargo, a tenor de los libros que se escribieron más tarde, su calidad de vida tampoco mejoró demasiado. La vida de las niñas transcurrió rodeada de acusaciones de malos tratos e incluso abusos sexuales por parte de su padre. Cuando cumplieron 18 años todas ellas abandonaron la casa familiar y cortaron la relación con el resto de la familia.

En 1954 Emilie falleció ahogada debido a un ataque de epilepsia mientras estudiaba para meterse a monja. Marie tuvo hijos y se divorció, falleciendo en 1970 por un derrame cerebral a la edad de 36 años. Las tres hermanas supervivientes decidieron volver a vivir juntas.

Dado que las quintillizas nunca tuvieron acceso a todo el dinero que habían generado, en 1998 las hermanas supervivientes demandaron al Gobierno de Ontario, recibiendo una compensación de 4 millones de dólares cada una. Yvonne trató de meterse a monja sin éxito y falleció en el año 2001. Por su parte, Cecile y Anette, ambas casada y divorciadas, fallecieron en febrero de 2012.

Si queréis saber más sobre esta sobrecogedora historia, os invito a ver el largometraje canadiense “Million dollar babies”, que cuenta la historia de las hermanas Dionne. La película, rodada en 1994 y protagonizada por Beau Bridges, está basada en la novela “Time of their lives-The Dionne Tragedy”. En este enlace podéis disfrutarla en español:

Entradas relacionadas:

7 cosas que me hubiera gustado saber antes de convertirme en multimadre

El otro día estuve reflexionando acerca de todo lo que he aprendido este último año. Cómo he comentado alguna vez, antes de embarcarme en esta maravillosa aventura no tenía demasiada idea acerca del cuidado y la evolución del bebé. Algunas de las cosas que han ocurrido eran de esperar, otras me han sorprendido gratamente y algunas otras directamente me han defraudado o me han hecho sentir frustrada en algún momento. Por ello he pensado en escribir una entrada acerca de todas aquellas cosas de la multimaternidad que me hubiera gustado saber antes de ser madre. Ahí va:

1. Ya no serás anónima nunca más.

Aunque no te hayas casado con un deportista de élite, ni el papá de tus criaturas sea un actor de Hollywood, el hecho de ser multimadre o multipadre te convierte automáticamente en una celebrity, al menos a nivel local. ¡Y es que los bebés múltiples, por alguna razón que aún no he sido capaz de averiguar, llaman muchísimo la atención! Esto significa que la gente te mirará por la calle, se acercará sin ningún disimulo a mirar a tus bebés de cerca para verificar que no sean extraterrestres, harán comentarios al respecto enfrente de tus narices y en algunos casos incluso te darán el pésame. La mayoría de los comentarios que recibas serán pretendidamente amables, otros no lo serán tanto y algunos estarán directamente fuera de lugar. Sin embargo, lo que es seguro es que llamarás mucho la atención por la calle, así que prepara tu mejor sonrisa y oigas lo que oiga no dejes que te afecte.

Si quieres sabes más sobre este tema, te invito a leer nuestro post sobre lo que hay que oír…¡Por tener múltiples! La buena noticia es que, según otras multimadres con más experiencia que yo, esta fama recién adquirida sólo dura un par de años, hasta que los niños dejan de ir en una silla doble de paseo (o triple). Aunque no estoy segura de que este sea el caso de los gemelos o trillizos idénticos, seguro que estos recibirán muchísimos comentarios a lo largo de su vida.

2. Tus múltiples (seguramente) tardarán unos meses en relacionarse entre sí.

Este ha sido uno de mis grandes descubrimientos como multimadre. Antes de tener a mis bebés reconozco que tenía una imagen muy idílica al respecto; me los imaginaba durmiendo abrazados en la cuna, buscándose con la mirada el uno al otro nada más despertar, tomando pecho cogidos de la mano… Y nada más lejos de la realidad, al menos durante los primeros meses en los que se ignoraban el uno al otro un 98% del tiempo, a pesar de pasar el día juntos e incluso compartir la misma cuna. Así, no fue hasta los seis o siete meses cuando empezaron a ser realmente conscientes el uno del otro y empezaron a interactuar entre sí. Incluso hoy en día, con 13 meses, muchas veces juegan por separado y se ignoran mutuamente.

Sin embargo he de decir también que son inseparables; a veces juegan, otras veces se pelean e incluso a veces compiten el uno con el otro por la atención de mamá. Pero de lo que estoy segura es de que no sabrían vivir el uno sin el otro. Y yo he sigo una testigo privilegiada de cómo han ido construyendo poco a poco su relación, ¡Y ha sido precioso!. Así que si eres una futura mamá de múltiples no esperes que tus bebés se relacionen entre ellos desde el primer día, apenas acaban de aterrizar al mundo y están muy ocupados descubriendo todo lo que les rodea, pero ya verás como dentro de un par de meses serán uña y carne.

gemelos mellizos jugando

3. Por mucho que te esfuerces, muchas veces no podrás evitar que lloren (a la vez).

Algunas veces ni siquiera sabrás a cual  consolar primero o te desesperarás intentando consolar a los dos a la vez. Antes de ser madre pensaba que si criaba a mis mellizos de forma respetuosa y atendía sus necesidades con rapidez apenas llorarían. Y bueno, es posible que gracias a esto lloren menos que otros niños (que tampoco lo se), pero el hecho es que de vez en cuando lloran desconsolados y a veces me hace sentir frustrada no poder consolarles a pesar de mis besos y abrazos, sobre todo últimamente cuando me piden imposibles como querer comerse la comida del perro o intentar agarrar un cuchillo.

Supongo que a ninguna madre del mundo le gusta ver sufrir a sus hijos, pero creo que a veces es inevitable ya que el llanto es su forma de expresarse, sobre todo ahora que son tan pequeños y aún no saben transmitir sus necesidades hablando. Así que, cuando ocurre, una no puede hacer más que acompañarles en su sufrimiento y ayudarles a desahogarse, y si lloran los dos a la vez y estás sola con ellos, tratar de atenderles a los dos como buenamente puedas. Al fin y al cabo, ¡Las multimadres también somos humanas!.

4. Sincronizar sus ritmos en la medida de lo posible te facilitará enormemente la vida.

Para mí, que estoy sola en casa con ellos durante el día, esta es una regla de oro que trato de cumplir escrupulosamente. Para poder apañarme bien con ellos y simplificar la logística intento que lo hagan todo a la vez y que siempre estén juntos en el mismo espacio para poder vigilarles sin volverme loca. Un tema fundamental es el sueño, trato de que ambos hagan las mismas siestas a la vez y a la misma hora, porque si no organizarme sería imposible y no podría descansar ni un solo minuto. Así que lo hago es acostarles a los dos a la vez en cuanto uno de los dos tiene sueño, y despertar al segundo mellizo en cuanto se despierta el primero. El hecho de que duerman juntos ayuda mucho. También les doy de comer a la vez, una cucharada a uno y otra a su hermano.

Si no lo hiciera así me encontraría con situaciones como que uno de ellos sigue durmiendo la siesta de la mañana mientras que el otro ya quiere comer y tendría que darles de comer por separado, lo que me llevaría el doble de tiempo y además no podría vigilar al primero mientras doy de comer al segundo. Supongo que esta es una norma cuyo cumplimiento se va complicando a medida que se hacen mayores y más independientes pero de momento me funciona bastante bien.

5. Compartieron útero pero no son iguales.

Esto está intrínsecamente relacionado con el postulado anterior. El hecho de que sean múltiples no implica que tengan las mismas necesidades ni los mismos gustos. Y esto, aunque inevitable, complica un poco las cosas. A mí me pasa por ejemplo con las comidas. A mi hija le gustan muchas más comidas que a mi hijo, lo que implica que por ejemplo cuando le preparo un gazpacho tengo que preparar también una alternativa para su hermano. En cambio, a mi hijo le encanta la piscina pero mi hija enseguida tiene frío y quiere salir lo que implica que, si estoy sola con ellos, tengo que sacarles a los dos de la piscina. Supongo que es el precio que hay que pagar por tener un compañero de juegos de la misma edad.

6. Haz acopio de chupetes.

Si has decidido que tus hijos usen chupete te aconsejo que te aprovisiones de existencias como si fueran a dejar de fabricarlos mañana. ¡No te imaginas la cantidad de chupetes que una multimadre tiene que buscar una y otra vez a lo largo del día! Y siempre están escondidos en los lugares más inimaginables. Esta actividad se hace especialmente intensa cuando los bebés pasan por esa fase en que descubren que son capaces de tirar cosas, y se dedican a lanzarlos una y otra vez y cuanto más lejos mejor. Pero claro, a los cinco minutos ya están llorando porque no encuentran su chupete. Desde aquí aprovecho para proponer que el lanzamiento del chupete sea considerado una disciplina olímpica. ¡Tengo dos futuros campeones en casa desperdiciando su talento!

chupetes padres

7. Olvídate de ser una persona puntual y ordenada.

Prioriza aquellas tareas que te garanticen la supervivencia doméstica. Cuando una se convierte en multimadre, llegar con puntualidad a una cita se convierte en poco menos que una utopía. Antes de tener a mis hijos pensaba que todo esto no era más que una cuestión de organización, y que con una planificación adecuada podría llegar más o menos a todo. ¡Error! Generalmente el nivel de desorden e impuntualidad es proporcional al número de múltiples. La puntualidad en sí para mi es un misterio, hay veces que empiezo a prepararles apenas una hora antes y llego puntual, y otra veces les preparo con más de dos horas de antelación y llego con retraso. Y es que cuando eres multimadre la vida se llena de sorpresas y, sobre todo, de imprevistos de última hora. Así que te aconsejo minimizar tus expectativas al respecto y conformarte humildemente con haber hecho todo lo posible por haber llegado puntual. La mayoría de la gente lo entenderá (y si no lo entienden invítales a pasar un día en tu casa con tus múltiples).

La misma consideración es aplicable a la intendencia doméstica. Olvídate de tener la cocina impoluta, la ropa perfectamente planchada y ordenada y la cena preparada. A partir de la llegada de tus múltiples la colada se acumulará sin piedad, y la cocina aparecerá constantemente llena de cacharros por mucho que te esfuerces. Confórmate con mantener un nivel de salubridad adecuado y con encontrar un hueco para ducharte todos los días. Y si te sobran diez minutos, ¡Descansa! Necesitarás todas tus energías para cuidar de tus múltiples. No te sientas culpable (ni dejes que te lo hagan sentir), rebaja tu nivel de exigencia y ocúpate de lo importante: ¡Disfrutar de tus hijos! Ya vendrán tiempos mejores para volver a ser puntual y ordenada cuando crezcan, pero los primeros meses de tus hijos no volverán nunca.

Entradas relacionadas:

¿Sabías que…? La probabilidad de tener un embarazo múltiple y la ley biológica de Hellin

En 1895, el investigador Hellin formuló una ley según la cual la frecuencia de ocurrencia de los embarazos múltiples podía explicarse mediante una sencilla regla matemática. Según este postulado, la frecuencia de dichos embarazos va disminuyendo conforme va aumentando el número de fetos en gestación, de conformidad con la potencia 1/85(n-1), siendo “n” la cantidad de fetos. Así, obtendríamos las probabilidades siguientes:

ley de hellin probabilidad embarazo múltiple

La denominada Ley de Hellin ha sido puesta a prueba en diversas ocasiones y, aunque no es exacta matemáticamente hablando, al menos permite realizar una aproximación. Así, un estudio realizado en 1953 Estados Unidos mostró discrepancias difíciles de explicar, después de analizar 57 millones de partos.

Asimismo, la utilización creciente de técnicas de reproducción asistida desde los años 60 también ha alterado significativamente las probabilidades de tener una gestación múltiple. Por ejemplo, según un estudio sueco de los nacimientos múltiples ocurridos entre los años 1750 y 2000, la cifra de trillizos y cuatrillizos mostró excesos con respecto a lo establecido por la Ley de Hellin.

Entradas relacionadas:

¿Las multimadres somos super madres?

Hace unos días leí un post en el blog Mummy from the heart (@michelletwinmum) que habla acerca de cómo las multimadres somos en ocasiones consideradas en nuestro entorno como super heroínas, y el post me gustó tanto que no he podido resistirme a traducirlo.

La autora del post es madre de 4 hijos, dos de ellos gemelas y escribe en el blog Double Troubled (@trouble_doubled).

“Desde que tuve a las gemelas he notado una tendencia creciente a pedirme consejos de crianza por parte de la gente que me rodea, así como gente que me dice que debo de ser una Superwoman disfrazada. Esto se me hace un poco extraño. Nunca antes había sido considerada como un oráculo de la maternidad o una superheroína. ¿A qué se debe este cambio? Creo que se debe al hecho de tener gemelas, además de otros dos niños, y por ello la gente piensa -acertada o equivocadamente- que de repente me he convertido en la madre a la que todos deben pedir consejo en el parque.

No puedo ser la única madre de gemelos que opina que esta situación es un poco fraudulenta. Sí, las madres de múltiples tendemos a juntarnos entre nosotras y hablar de cosas que las mamás de un solo niño no podrían comprender. Aunque puede haber algo de verdad en esto, definitivamente me guardo de decir cosas como que desde que tengo gemelos puedo lidiar con cualquier cosa, porque no es cierto.

Desde fuera, las madres de múltiples parecemos un grupo aterrador. En internet hemos sido acusadas de considerarnos superiores a otros padres. Una vez más, esto no es cierto. Lo que sí que es verdad es que nuestras capacidades paternales se han visto puestas a prueba un poco más duramente que en el caso de otros padres, y todavía no hemos perdido la sonrisa. Ello origina un incremento de nuestra confianza en nosotros mismos, y un entendimiento mejor de nuestras limitaciones. Esto puede hacer que seamos percibidos en apariencia como muy seguros de nosotros mismos, algo que puede resultar atractivo para aquellos faltos de seguridad en algún aspecto de su paternidad. Puede. No soy psicóloga.supermadre de gemelos mellizos trillizos

Como multimadre, me siento intimidada por otras madres de múltiples. Sí, he llevado a cabo un embarazo doble a término con dos bebés de más de tres kilos, lo que sin duda requiere una cierta resistencia física, si no mental. Pero no he pasado por muchos de los problemas que otras multimadres han tenido que afrontar, ni mis bebés han nacido de forma prematura. En mi grupo de multimadres, hay mujeres que han tenido gemelos después de pasar por tratamientos de fertilidad durante años, y una madre cuyos bebés nacieron tan prematuros que fueron desahuciados por los médicos. Ahora están gateando felices pero, créeme, ¡No hagas enfadar a esa madre! Una amiga mía llevo a término un embarazo de gemelos sabiendo que uno de ellos moriría poco después de nacer. Continuó con el embarazo para salvar al otro gemelo sano. No entiendo como lo superó, y afortunadamente jamás tendré que comprenderlo.

Y no hay que olvidar a esos padres múltiples. Puede que mi marido no haya llevado a los bebes en su vientre ni haya dado a luz, ni haya tenido que pelear en medio de la noche para establecer una lactancia doble, pero ha cambiado numerosos pañales, ha empujado ese carrito doble hasta el colegio y de vuelta a casa para que yo pueda recuperar un poco de sueño, y se ha involucrado profundamente en cualquier otra tarea que haya tenido que acometer. Él es tan super héroe como podría serlo yo y sin embargo nadie le pregunta acerca de sus habilidades paternales y su sabiduría.

A pesar de nuestra fortaleza y coraje como padres, las madres y padres múltiples no somos especiales. No tenemos visión de Rayos X ni brazos elásticos (aunque en ocasiones ayudaría) más que cualquier otro padre. Simplemente, somos seres humanos que hemos tenido que afrontar un reto paternal un poco especial, algo que le podría pasar a cualquier, incluso a Superwoman.”

Entradas relacionadas:

El Síndrome de Transfusión Feto Fetal (II): Pronóstico, tratamiento y conclusiones

En la entrada anterior estuvimos hablando acerca de lo que es el STFF, las razones por las que se produce, como se realiza el diagnóstico y los síntomas deben poner a la mujer gestante en alerta. En esta segunda parte hablaré acerca del pronóstico de la enfermedad una vez diagnosticada, así como las distintas posibilidades para el tratamiento de la misma.

El pronóstico depende, fundamentalmente, de la edad gestacional (las posibilidades de éxito aumentan cuanto más avanzado esté el embarazo) y de la gravedad del desequilibrio hemodinámico. Generalmente, el feto con la salud más comprometida será el donante.

Tratamiento por fetoscopia

En la actualidad, el tratamiento que se ha mostrado más efectivo es la fotocoagulación mediante láser (tratamiento por fetoscopia). La intervención dura aproximadamente media hora y se utiliza anestesia local. La operación, que es similar a una laparoscopia, consiste en introducir en el abdomen un tubo muy fino, de apenas 2 mm, por el que se mete un foco de luz, una microcámara y un aparato de rayos láser.

Mediante la cirugía fetoscópica láser, se identifican las comunicaciones vasculares que conectan a los dos fetos y se destruyen con láser (mediante la coagulación de las mismas), bloqueándose el paso de la sangre de un gemelo a otro y creándose dos placentas funcionales.

sindrome transfusion feto fetal gemelos fetoscopia sttf

Fuente: Mombaby.org

Con la aplicación de esta técnica, la tasa de supervivencia global es del 75-85% de posibilidades de que haya un feto superviviente, y en torno al 55% para la supervivencia de ambos fetos. Adicionalmente, la tasa de secuelas neurológicas se reduce a un 4-6%.  En caso de que  uno  de  los  fetos  falleciera después  del  procedimiento,  la  probabilidad  de  que  el  feto  superviviente  tenga  complicaciones  se  reduce  del  35%  a  7%,  debido a que ya  no  comparten  vasos  sanguíneos.

A título ejemplificativo, adjunto las estadísticas publicadas por el Hospital Clínico de Barcelona:

estadisticas supervivencia transfusion feto fetal sttf fetoscopia laser gemelos clinico barcelona

Fuente: MartínezJM et al. Tratamiento por fetoscopia de la transfusión feto-fetal: resultados en 500 casos consecutivos. Diagn Prenat. 2012.http://dx.doi.org/10.1016/j.diapre. 2012.06.010 

De conformidad con estas mismas estadísticas, la edad media gestacional de los fetos operados en el momento del parto fue de 33,6 semanas, un 92% de los partos tuvo lugar más allá de las 28 semanas de gestación y el peso medio al nacer fue de 1920gr en el caso de los receptores, y 1615 gr en el caso de los donantes.

Sin embargo, esta intervención no está exenta de riesgos. Pueden surgir complicaciones intraoperatorias o producirse una ruptura prematura de membranas, coroamnionitis (infección de las membranas placentarias y del líquido amniótico), desprendimiento de placenta o un parto prematuro. Por ello se administrarán medicamentos para prevenir las contracciones o una posible infección.

También es posible que el feto más pequeño muera cuando la división de la placenta es muy desigual y esta ya no le aporta suficiente alimento. Asimismo, existe un pequeño riesgo de que se produzca recurrencia del STFF con posterioridad a la intervención. Adicionalmente, el riesgo de secuelas neurológicas viene dado fundamentalmente por la prematuridad.

vision fetoscopica placenta gemelosVisión fetoscópica de la placenta desde el saco del receptor

Para garantizar el éxito de la operación, es fundamental acudir a un centro médico con experiencia. Desde el año 1980, se han realizado más de 6000 procedimientos fetoscópicos en el mundo. En el caso de España, la primera intervención de estas características se realizó en 1998 en el Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona. Posteriormente, en 2008 se realizó la primera intervención en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Asimismo, en el Hospital Clínico de Barcelona se han realizado a fecha de hoy más de 500 intervenciones.

En este documental (en inglés), podéis ver un fabuloso reportaje sobre una intervención de STTF mediante fetoscopia realizada en un hospital de Los Ángeles (EEUU):

Amniodrenaje

Se trata de un tratamiento ya en desuso que puede ser indicativo en algunos casos concretos en los que no se pueda llevar a cabo una fetoscopia, o en algunos casos leves de STFF que se manifiesten cuando el embarazo está muy avanzado.

Consiste en una intervención de una media hora de duración en la que se extrae, mediante una aguja, el exceso de líquido amniótico del gemelo receptor, restableciendo temporalmente la distribución del líquido en ambos sacos.

Amniodrenaje sindrome transfusion feto fetal gemelos

Fuente: Mombaby.org

El mayor inconveniente de esta técnica es que, aunque trata los síntomas no resuelve el problema, por lo que es posible que haya que repetir el tratamiento varias veces hasta que los fetos sean viables. Tiene una tasa de supervivencia de al menos un gemelo vivo de un 50-65%.

Por lo que respecta a los riesgos, existe riesgo de parto prematuro (1-1,5%), de ruptura prematura de membranas (6%), de infección (1%) y de separación prematura de la placenta de la pared de la matriz -abrupción- (1%).

Asimismo, la tasa de secuelas neurológicas en los fetos supervivientes es mucho mayor que en el caso de la fetoscopia.

Septostomía

Consiste  en  crear  un  paso  artificial  entre  las  dos  bolsas amnióticas para equilibrar el volumen de líquido amniótico, perforándose la membrana que divide los sacos de los fetos.

Esta intervención se hace con la aguja de amniocentesis, por lo que los riesgos de infección, ruptura prematura de membranas y parto prematuro son poco frecuentes (3%). Sin embargo, existe el riesgo de que el agujero realizado se agrande y los gemelos acaben compartiendo el mismo saco amniótico, con el correspondiente peligro de enredamiento de los cordones umbilicales. La tasa de supervivencia es de un 60% de ambos gemelos y un 80% de al menos uno de los gemelos. No se disponen datos acerca de las posibles secuelas neurológicas.

septostomia sindrome transfusion feto fetal gemelos sttf

Fuente: Mombaby.org

Oclusión selectiva del cordón

Este procedimiento se lleva a cabo cuando no es posible realizar una fetoscopia o cuando la salud de uno de los fetos se encuentre gravemente deteriorada. En aquellos casos en los que uno de los fetos ostente graves malformaciones, una lesión cerebral evidente, o retraso del crecimiento fetal con gran deterioro hemodinámico los médicos propondrán a los padres la oclusión selectiva del cordón umbilical del feto enfermo con el fin proteger al feto sano de las consecuencias de la enfermedad de su hermano.

En estos casos se utilizará un forceps especial que se coloca dentro del saco amniótico, agarrando el cordón y enviando una corriente eléctrica que coagulará los vasos sanguíneos, suspendiendo el flujo sanguíneo del cordón umbilical del feto enfermo y provocando su fallecimiento.

oclusion cordon gemelo sindrome transfusion feto fetal stff

Fuente: Mombaby.org

Los riesgos de este procedimiento son el parto prematuro y la ruptura prematura de membranas (20% de los casos). En cuanto a las tasas de supervivencia del gemelo sano, se cifran en un 85%.

Conclusiones

Tal y como hemos visto en las dos entradas dedicadas al STTF, se trata de una complicación que afecta únicamente a aquellas gestaciones múltiples monocoriales (que comparten placenta). Sin embargo, a pesar de la gravedad de la misma, la realización de un diagnóstico precoz y las nuevas técnicas de intervención mediante fetoscopia han hecho que en los últimos años haya mejorado sensiblemente el pronóstico de la enfermedad. Sin embargo, aún persiste un cierto desconocimiento por parte del personal sanitario no especializado en embarazos múltiples, por lo que resulta fundamental que la mujer gestante sepa identificar los síntomas que podrían evidenciar un STFF, tal y como se desprende los siguientes testimonios tomado de un foro de internet:

“Hola! Me diagnosticaron la TFF a las 17 semanas. Cuando supe que esperaba gemelos que compartían placenta me informé. Me gusta mucho estar enterada de todo. Leí que en un 15% de los casos se producía la TFF. Me asusté mucho y empecé a tener mucho miedo. Se lo expliqué a mi familia y todos me decían que no leiera más cosas, que me olvidara de la TFF, que seguro que todo iría bien. Al final pensé que yo era una negativa y que tenía que dejar de pensar en ello. Tenía controles cada mes con mi ginecóloga privada. Le expliqué que estaba asustada y me dijo que estuviese tranquila que la TFF solo aparecía apartir de los seis meses y que era muy raro. La última visita con ella fue a las 13 semanas y me dijo que hasta dentro de un mes no hacia falta visitarme de nuevo. Gran error!!! La TFF empieza más o menos a las 14-15 semanas y a las 16,17 puede estar ya muy avanzada! No a los seis meses!!!! Yo confié en mi Dra. y no me fue bién. Cuando me visité a las 17 semanas los fetos estaban muy mal y ese mismo día ingresé en el Hospital Vall d’Hebron donde me operaron de TFF a las 17 semans y 4 días. Mi consejo, súper importante, que ojalá lo hubiera sabido yo, es que el signo más claro de TFF es que te crece la barriga muy rapido. De las 13 a las 17 semanas me había crecido de manera exagerada y me molestaba mucho. Tenía una sensación de tirantez en la piel, como si fuera a explotar, y és que a las 17 semanas el donante no tenía casi líquido amniótico ( me dijeron que tenía 0 per un poquito tenía) y el receptor tenía 2,5 litros extra de líquido amniótico que le sobraba. Pero gracias a la Dra. Carreras, encantadora y super profesional, que me operó tengo dois niños sanos y preciosos. Ahora tienen 18 meses!Sin secuelas! Es importante la detección precoz de la TFF.”

“Hola, yo también tuve TFF pero no me lo detectaron hasta la semana 29 a pesar de ir también a una clínica privada, ( me decian que eran mellizas y eran gemelas) .Cuando me hicieron la ecografia en la seguridad social y vieron q ya estaban mal me enviaron a Barcelona desde Torrevieja. Nos fuimos corriendo a Barcelona y al llegar allÍ la doctora Carreras decidio operarme ese mismo día porque una niña tenia mucho líquido y veia manchas en el cerebro después de hacerme un amniodrenaje. Ese mismo día me operaron y nacieron mis niñas con 680 gr y 1000 gr de peso. La verdad que ese fue uno de los peores días de mi vida hasta que te dicen que están bien y que ahora les toca luchar a cada una por salir adelante. Estuvimos más de dos meses en Barcelona en casa de unos familiares ,a los que les estaré infinitamente agradecida, hasta que le pudieron dar el alta a una y a la otra la trasladamos al hospital de nuestro pueblo. La verdad que fue muy duro sobre todo porque las ves tan pequeñas e indefensas ante las infecciones y no puedes hacer nada salvo darles tu calor, ya que todos los días me las ponia en el pecho. Le tengo que dar las gracias a todo el equipo del hospital vall dhebron ya que son unos grandes profesionales y maravillosas personas, ya que sin ellos seguramente mis niñas no estarian en este mundo conmigo. Ahora ya tienen más de seis meses y ya pesan 4900 gr y 6400 gr y están guapisimas y muy sanas.”

Podéis leer el testimonio de otra madre que sufrió STFF aquí.

Entradas relacionadas:

El Síndrome de Transfusión Feto Fetal (I): Descripción y Síntomas

Tal y como comentábamos en entradas anteriores, uno de los riesgos más significativos a los que se enfrentan las gestaciones múltiples monocoriales -aquellas en las que los fetos comparten la placenta- es el Síndrome de Transfusión Feto fetal (STFF), una complicación relativamente frecuente en este tipo de embarazos (entre el 10% y el 15% de los casos).

Aunque esta complicación implica una elevada mortalidad intrauterina o neonatal (en caso de no recibir tratamiento la mortalidad ronda el 80-100% de los casos, y en un 40% de los casos se aprecian secuelas severas), sin embargo a veces no recibe suficiente atención por parte del personal médico que lleva el seguimiento del embarazo, impidiendo un diagnóstico precoz que resulta crucial para una evolución positiva.

Cuando los fetos comparten la placenta, a veces se producen conexiones entre los vasos sanguíneos de ambos. El STFF se origina cuando un feto bombea sangre al otro generándose un desequilibrio hemodinámico. Así, uno de los fetos se denomina donante y el otro receptor. El feto donante no recibe sangre suficiente, no crece suficiente, apenas orina y se va quedando sin líquido amniótico, por lo que puede morir por falta de oxígeno (hipoxia). A su vez, el feto receptor recibe demasiada sangre y crece de forma anormal, y al tratar de reducir el volumen de sangre orinando mucho se genera una gran cantidad de líquido amniótico. En este caso, el mayor riesgo es la aparición de un problema cardiaco debido al sobreesfuerzo.

Las conexiones entre los vasos sanguíneos pueden darse entre las venas, las arterias o entre ambas (arteriovenosas). Si esta conexión tiene lugar de forma equilibrada no hay problema ya que el aporte sanguíneo está en equilibrio. Cuando las conexiones se producen entre arterias el problema es menos peligroso, teniendo peor pronóstico cuando la conexión se produce entre la arteria de un bebé y la vena del otro.

STTF sindrome transfusion feto fetal gemelos

La anastomosis son comunicaciones vasculares anormales que tienen lugar en la placenta compartida.  Aunque existen en casi todas las gestaciones monocoriales, sólo en algunos casos se llegará a desarrollar el STFF

Dado que inicialmente el STFF es asintomático, el diagnóstico se realiza mediante la realización de una ecografía en la que se apreciará una discordancia del líquido amniótico, visualizándose un exceso de líquido amniótico en el saco del gemelo receptor (polihidramnios), y una falta de líquido amniótico en el saco del gemelo donante (oligoamnios). Cuando el polihidramnios es muy severo, la madre puede sentir un rápido aumento del volumen de la tripa, contracciones, sangrado vaginal o una rotura prematura de membranas. En cuanto al feto donante, es posible que debido a la falta de líquido no pueda visualizarse su vejiga en la ecografía, e incluso debido al enorme tamaño del saco del otro gemelo podrá encontrarse desplazado contra la pared del útero o de la placenta, con las membranas amnióticas adheridas a su cuerpo (stuck twin), tal y como se aprecia en el gráfico.

Para valorar la severidad del STFF, se utiliza una clasificación que lo divide en cinco fases, según la gravedad:

I. Discordancia de líquido en los sacos amnióticos (oligoamnios/polihidramnios).

II. La vejiga del feto donante no es visible, aunque el estudio Doppler es normal o está poco alterado.

III. Alteración del estudio Doppler de cualquiera de los dos fetos.

IV. Hinchazón en el feto por la cantidad excesiva de líquido (hidrops).

V. Muerte de uno de los fetos.

Por otro lado, antes de diagnosticar el STFF es necesario descartar que se trate de otro tipo de complicaciones como la discordancia de líquidos amnióticos (sin llegar a constituir polihidramnios/oligoamnios), un Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR) selectivo (de uno de los gemelos), una rotura prematura de membranas de uno de los gemelos, malformaciones renales o una infección que cause una alteración en la cantidad de líquido amniótico.

STTF sindrome transfusion feto fetal gemelos

No hay ninguna forma de prevenir el STFF, ni tampoco existen síntomas ecográficos que permitan predecir su ocurrencia (aunque sí se han identificado una serie de factores de riesgo), por lo que la única forma de poder afrontarlo con mayores garantías de éxito es el diagnóstico precoz mediante la realización de ecografías periódicas, ya que al principio es completamente asintomático.

Por ello, es muy importante que un embarazo monocorial tenga un seguimiento médico exhaustivo a lo largo de la gestación, y en especial entre las semanas 17 y 26, que es cuando se manifiesta la gran mayoría de los casos (el 85% de los casos se produce antes de las 26 semanas). Generalmente, en este periodo se realizarán ecografías cada dos semanas aproximadamente, evaluando la cantidad de líquido amniótico de ambos fetos, las vejigas, la biometría fetal y la longitud cervical. Sin embargo, se han descrito casos desde la semana 15 hasta la 31, así que hay que permanecer atento a lo largo de toda la gestación.

Por otro lado, aunque la progresión generalmente es gradual en algunos casos el STFF puede evolucionar de forma fulminante provocando la muerte fetal en poco tiempo, a pesar de haberse realizado un seguimiento médico adecuado. Por ello, es fundamental que la mujer gestante de un embarazo monocorial conozca los síntomas de alerta, y consulte urgentemente con su médico en caso de identificar alguno de los siguientes:

  • Crecimiento repentino y excesivo del vientre en un periodo corto de tiempo, y un aumento de peso inusual. La mujer sentirá el vientre hinchado y tirante, acompañado de una sensación de incomodidad.
  • Sentir contracciones a partir de la semana 20.
  • Dejar de sentir los movimientos ambos fetos o sólo uno de ellos. El más pequeño de los dos tendrá dificultades para moverse debido a la ausencia del líquido amniótico, y la dificultad de sentir los movimientos del mayor se deberá a la gran cantidad de líquido del que dispone. También es posible que uno de los fetos esté especialmente inquieto y movido.
  • El útero se encuentra muy arriba.

En la próxima entrada hablaremos del pronóstico y las distintas posibilidades para el tratamiento del STFF.

Entradas relacionadas:

Mi primer aniversario como (multi)madre

Recién aterrizada de vacaciones, el jueves pasado fue un día muy especial para mí ya que mis mellizos cumplieron su primer año. Parece un tópico eso de que crecen tan rápido que apenas te das cuenta, pero es completamente cierto. Hace ahora un año eran unos bebés diminutos cuya vida consistía básicamente en comer y dormir, y ahora son dos bebés inquietos que no paran de jugar, se ponen de pie, trepan para subirse a los muebles y ya amenazan con dar sus primeros pasos.

tartas primer cumpleaños gemelos mellizos

Han pasado tantísimas cosas en estos 365 días que incluso me cuesta recordar con nitidez algunos momentos. Si tuviera que definir en una sola palabra mi primer año como madre diría que ha sido intenso, o más bien intensivo, ya que cuidar de dos bebés durante 24 horas al día es bastante agotador. Pero, por otro lado, creo que se me ha dado mejor de lo que yo esperaba teniendo en cuenta que mi experiencia previa en el cuidado de bebés era nula.

Uno de mis primeros y mejores recuerdos fue durante el parto, cuando pusieron a mi hijo sobre mí mientras sacaban a mi niña. Entonces, él alargó la mano y me cogió la nariz. No puedo describir con palabras la mezcla de emoción y ternura que sentí en aquellos momentos, de pronto sentí un enamoramiento tan intenso que me hizo llorar, y a la vez me sentí abrumada por la enorme responsabilidad que se me venía encima. ¿Sabría cuidarlos bien? ¿Estaría a la altura? Y al final resultó que era cierto, que la maternidad es algo eminentemente instintivo, y la primera vez que cogí en brazos a mi pequeñísimo hijo de apenas dos kilos sentí que llevaba toda la vida haciéndolo.

Recuerdo también la primera vez que me dejaron ver a mi hija cuatro días después del parto. Con tan sólo un kilo de peso, metida en su incubadora y rodeada de tantos cables, en apariencia tan delicada pero sin embargo tan luchadora. Se la veía tan larga y tan delgadita pero con una cara preciosa, parecía una pequeña princesa atrapada en una urna de cristal. Le pedí a la enfermera que la sacara, la abracé y lloré durante un buen rato, lágrimas de pena por verla en esa situación, pero sobre todo de alegría y de alivio, ¡Estaba viva y estaba sana!

Tampoco puedo olvidar ese maravilloso 20 de septiembre cuando mi hija recibió al fin el alta y pude llevármela a casa con nosotros. Ese fue el día en que empezó realmente mi nueva vida como multimadre, y se acabó el tormento de tener mi corazón constantemente dividido en dos. La primera vez que ví a mis hijos dormir juntos en la misma cuna también fue un momento memorable, me lo había imaginado tantas veces que ni siquiera me parecía real.

mellizos gemelos durmiendo abrazados

Mis mellizos durmiendo la siesta abrazados hace un par de semanas

Sin duda, esos fueron los momentos más especiales, aunque creo que este último año he sentido más emociones que durante el resto de mi vida. He reído viendo sus primeras trastadas, he llorado de impotencia cuando no podía calmar sus cólicos, me he sorprendido con la aparición de sus primeros dientes, me he agobiado tratando de conciliar el cuidado de mi hijo con las visitas diarias al hospital para ver a su hermana, me he emocionado con cada gesto de complicidad que se hacen el uno al otro, he sentido frustración por todos los obstáculos que he tenido que superar para establecer la lactancia (y he sentido el orgullo de haberlos superado todos), he padecido el agotamiento de tantas noches sin dormir, he gozado de la felicidad de despertarme abrazada a mis dos pequeñines, he sentido el miedo y la incertidumbre por el estado de salud de mi hija y la pena de tener que dejarla ingresada en el hospital mientras los demás nos íbamos a casa.

Por tanto, ha sido un año agridulce pero sin duda el balance es claramente positivo, y las pocas cosas malas que han ocurrido quedarán enterradas para siempre en el fondo de mi memoria como algo anecdótico. Nunca me alegraré suficiente de haber solicitado una excedencia para cuidar de mis hijos, a pesar de que sin duda tendrá consecuencias negativas sobre mi carrera profesional. Todo este tiempo que hemos compartido no tiene precio y a pesar de que al principio temía agobiarme por estar todo el día en casa sola con los niños, al final todo ha sido mucho más fácil de lo que yo pensaba. Ahora mismo ni siquiera imagino el momento de separarme de ellos.

Durante este año he aprendido muchísimo acerca del cuidado del bebé, he conocido todo tipo de artículos de puericultura que ni siquiera imaginaba que existieran y he contactado con otras madres a través de internet para intercambiar experiencias. Y, sobre todo, he aprendido muchísimo sobre mi misma, conociendo habilidades que no sabía que tenía, y también otros defectos que me gustaría no tener. Me gustaría ser una madre perfecta pero por desgracia tan solo soy una madre humana más. Pero prometo intentar hacerlo mejor cada día, ya que mi nueva carrera como madre no ha hecho más que empezar. Gracias G. y C. porque vuestro amor me hace mejor persona.

Entradas relacionadas:

La historia de mi lactancia (III): Estableciendo la lactancia con mi hija ingresada en la incubadora

En las entradas anteriores os hablé de mi parto y de cómo logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo después de 48 horas separados. Con mi hija fue todo muy distinto, ya que ella nació para romper moldes, sobrevivió al embarazo contra todo pronóstico y nació con tan sólo un kilo de peso pero muchísimas ganas de vivir, dándonos una lección de entereza a todos.

Tardé cuatro largos días desde el parto en conocer a mi niña, cuando al fin se estabilizó mi tensión y me fue retirada la medicación intravenosa. Lo primero que hice fue bajar a conocerla, pedí que la sacaran de la incubadora para practicar el método canguro y lloré, no me podía creer que estuviera viva y tan sana a pesar de todo. Era un bebé pequeñísimo, extremadamente delgado y aún tenía su carita a medio formar, a medio camino entre un recién nacido y un feto.

En la Unidad de Cuidados Medios en donde estaba ingresada los padres teníamos acceso ilimitado las 24 horas. Además, el personal sanitario fomentaba la práctica del método canguro. Sin embargo, en cuanto al tema de la lactancia había bastante desinformación. Ya una de las primeras veces que bajé a visitarla me dijo una enfermera que ni se me ocurriese darle el pecho a mi hijo, que tenía que guardar toda la leche materna para mi hija porque estaba más delicada de salud, dando por hecho que no tendría suficiente leche para alimentarles a los dos. Lo más irónico de la situación es que al lado de la incubadora había un enorme póster de una mujer amamantando gemelos.

Durante las primeras cuatro semanas mi hija se alimentó mediante sonda nasogástrica ya que estaba demasiado débil como para ser alimentada mediante biberón (y como ya comenté en la entrada anterior no se contemplaban otros métodos para alimentar a los recién nacidos). Realizaba ocho tomas al día de 40 cc cada una (creo que las primeras tomas eran de 20 cc), aunque las enfermeras me advirtieron que tendría que traer 50 cc por toma ya que al introducir la leche en la sonda siempre se pbolsas de leche medelaerdía un poquito. Así que yo no dejaba de sacarme leche, ni en casa ni en el hospital. Sin embargo, reconozco que casi ningún día conseguí sacarme leche suficiente para cubrir esas ocho tomas, no por falta de leche sino más bien por falta de tiempo ya que la lactancia a demanda con mi hijo me ocupaba muchísimo tiempo.

Al principio apenas lograba sacarme leche con el sacaleches pero pronto le cogí el truco a base de mucha constancia. Generalmente me sacaba leche suficiente para cubrir entre cinco y siete tomas. Aunque reconozco que en algún momento me sentí culpable, ya que mi hijo si estaba siendo alimentado mediante lactancia materna exclusiva, decidí plantearme la situación como una estrategia a largo plazo con una meta clara; lograr una lactancia exclusiva con los dos. Y para ello era muy importante que no me marcase metas poco realistas, mi hija estaría ingresada unos dos meses y tenía que medir muy bien mis fuerzas para que no me venciera el cansancio por el camino.

La mayor dificultad a la que me enfrentaba en esa etapa era compatibilizar la lactancia a demanda de mi hijo con las visitas diarias a la incubadora. No quise separarme de mi hijo ni un solo día por lo que me lo llevaba a ver a mi hija cada tarde y su padre y yo nos turnábamos para ocuparnos cada uno de un bebé. Mientras yo estaba con mi hija su padre estaba paseando a mi hijo en el parque de enfrente del hospital y viceversa. Cuando mi hijo lloraba reclamando alimento yo abandonaba la sala de Neonatos y bajaba a darle el pecho, mientras que papá subía a quedarse con mi niña hasta que yo acabase. Así una y otra vez día tras día.

Mi hijo me reclamaba muchísimo y era francamente agotador pero con todo lo que había sufrido para lograr una lactancia materna exclusiva con él no quería darle ni un solo biberón ya que temía que ello afectase a mi producción de leche. A veces me agobiaba un poco ya que las tomas de las primeras semanas eran muy largas y después de pasar todo el día junto a él en casa cuando llegaba al hospital me apetecía estar con mi hija sin interrupciones. A su vez, el pobrecito también tuvo que pasar algún mal rato cuando yo no podía bajar en ese momento a darle el pecho por causas de fuerza mayor, como por ejemplo cuando practicaba el método canguro, ya que la duración mínima era de una hora. Aunque creo que lo pasaba peor su padre, quien se veía impotente para calmarle aunque al final siempre lo conseguía.

Cuando mi hija contaba con unas tres semanas y pico decidió arrancarse la sonda nasogástrica por su cuenta y riesgo, y dado que no era el primer intento las enfermeras decidieron darle una oportunidad y empezaron a darle biberones. Aunque muchas veces se quedaba dormida comiendo y tardaba una eternidad en acabar las tomas toleraba bien el alimento y poco a poco iba cogiendo peso hasta que con cinco semanas logró salir de la incubadora.

Cuando la ví en la cuna térmica no pude evitar emocionarme, ¡Había cambiado tanto en cinco semanas! Pregunté cuando podía intentar darle el pecho y me dijeron que lo consultarían con el médico. Unos días más tarde comencé a ofrecerle el pecho pero mi pobre hija lloraba y lloraba, creo que ni siquiera sabía para que servía. Algunas enfermeras me propusieron que no me complicara la vida y que optara por alimentar a mis mellizos con mi leche extraída en biberón pero yo no contemplaba esa posibilidad. Sabía que una lactancia no se puede mantener mucho tiempo si el único estímulo que recibe el pecho es el de un sacaleches y yo, después de todo el esfuerzo que estaba haciendo, evidentemente deseaba lograr una lactancia prolongada. Además la lactancia materna es mucho más que alimento, es cariño, es consuelo, ¡Yo no quería perderme todo eso!

cunas termicas bebes incubadora

Intentar que mi hija cogiese el pecho en esa sala llena de gente, sin ninguna intimidad, me resultaba francamente violento y desagradable. Hice lo mismo que con su hermano, llegaba un rato antes de la toma y le ofrecía mi pecho, y después le daba un biberón. Mi hija lo rechazó durante varios días hasta que un día lo cogió de forma espontánea. Pero esta vez no era tan sencillo ya que la alimentación no era a demanda, y el horario de las tomas era muy estricto por lo que en ocasiones me encontraba con que cuando le ofrecía mi hija aún no tenía hambre, o cuando estaba a punto de conseguir que cogiese el pecho venía una enfermera a meterme prisa porque se estaba pasando la hora de la toma. Recuerdo otra vez que mi hija se pasó más de una hora tomando pecho y la enfermera de turno en vez de animarme me puso mala cara y me dijo que se le iba a juntar con la toma siguiente. Irónicamente, y salvo alguna excepción concreta, las enfermeras de Neonatología no me ayudaron absolutamente nada con la lactancia. Creo que estaban demasiado preocupadas por cumplir el horario de las tomas como para pensar en nada más.

Otras veces mi hija lloraba cuando intentaba ponérmela al pecho y las otras madres allí presentes me miraban horrorizadas. La mayoría de las madres de los bebés que estaban allí ingresados se sacaban leche para ellos porque consideraban que era importante para su salud pero creo que yo era la única que deseaba realmente dar el pecho (en el sentido de establecer una lactancia prolongada). En esos momentos pasaba muchísima vergüenza. Incluso una enfermera me dejó caer que estaba torturando a la niña pero, ¿Acaso yo parecía estar divirtiéndome?

Finalmente, y dado que  la situación estaba haciendo mella en mi estado de ánimo, opté por ofrecerle el pecho únicamente una vez al día, durante las tomas nocturnas ya que apenas había visitas a esas horas. Habían pasado seis semanas desde el parto y empezaba a estar muy cansada de ir y venir al hospital cada día, máxime teniendo en cuenta que las mañanas las pasaba sola cuidando de mi hijo. Así que decidí aflojar un poco la presión y seguir extrayéndome leche para la niña, ya tendría tiempo de hacer las cosas a mi manera cuando nos fuésemos a casa.

Y al fin llegó el día del alta, siete semanas y pico después del parto. Nada más llegar a casa puse a los dos bebés sobre el cojín de lactancia en posición de rugby y estuvieron mamando un buen rato. Pero mi hija seguía rechazando el pecho en muchas de las tomas y se enfadaba muchísimo, lloraba, se retorcía… Además tenía que asegurarme de que mi niña creciese bien ya que apenas llegaba a los dos kilos. Toma tras toma intentaba ofrecerla mi pecho y después le daba un biberón con la leche que me continuaba extrayendo. A veces lo intentaba durante más tiempo, otras veces me rendía al instante, y por la noche directamente le daba biberón ya que acababa agotada de luchar con ella y necesitaba descansar en algún momento. Cuando estábamos en la calle le daba un biberón de leche artificial ya que me daba vergüenza montar un escándalo. Constantemente me daban ganas de tirar la toalla pero, ¿Cómo iba a darle el pecho a mi hijo y a mi hija no? No podía soportar la idea de hacer una diferencia tan grande entre ambos y menos después de todo lo que mi hija había tenido que pasar durante sus primeras semanas de vida. Sentía que, de alguna forma, se lo debía.

No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue en absoluto, pero unas tres semanas después de recibir el alta empezó a cogerme el pecho con regularidad. Y una semana después fui retirando progresivamente las tomas hasta lograr una lactancia materna exclusiva… ¡Tres meses después del parto! ¿Os imagináis lo distinta que hubiese sido mi historia si en Neonatos no les hubiesen alimentado con biberón? Aunque mirándolo por el lado positivo, aún me quedaban tres meses de lactancia materna exclusiva por delante para disfrutar, ¡Y vaya si lo disfrutamos!

Entradas relacionadas:

Documentos relacionados:

La historia de mi lactancia (II): Estableciendo la lactancia con mi hijo en el hospital

En la entrada anterior os hablaba de mi parto y de las 48 horas posteriores, os conté cómo viví esas horas separada de mis hijos, mi estado de confusión acerca de todo lo que estaba pasando  y cómo al fin logre extraer unas gotas de calostro con el sacaleches eléctrico del hospital. En esta entrada os contaré como logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo, después de dos días separados.

En esta etapa inicial de la lactancia, mis grandes aliados fueron el sacaleches eléctrico, disponer de la información necesaria y cantidades ingentes de paciencia. Y también, por supuesto, el apoyo de mi marido, quien me ayudó muchísimo con la lactancia y además no se atrevió a llevarme la contraria a pesar de que en muchos momentos ni yo misma tenía muy claro lo que estaba haciendo.

El segundo día después de mi parto me desperté aún más triste y cabreada, ¿Cómo era posible que a estas alturas aún no conociese a mi hijos? Además me encontraba mucho mejor físicamente y empecé a plantearme todo tipo de locuras como quitarme las vías por mi cuenta y riesgo y escaparme a la incubadora en cuanto me quedase sola en la habitación. Y mi marido, que me conoce muy bien, temiendo que hiciera cualquier barbaridad bajó a ver a mis peques y a pedirle a las enfermeras que al menos me subieran a mi hijo un momentito -que estaba en una cuna térmica perfectamente bien de salud- para que pudiera sentirme mejor. Finalmente no hizo falta ya que justo en ese momento mi hijo estaba recibiendo el alta, y quince minutos después de repente ví como se entreabría la puerta de la habitación y se asomaba una cuna. ¡Por  fin me dejaban ejercer de madre! Con todo el cuidado del mundo abracé a esa cosita de apenas dos kilos y no le solté durante toda la estancia en el hospital nada más que para dormir (y porque tenía miedo de que se me cayera de la cama que si no…).estatua lactancia hospital gregorio marañon maternidad o'donell

Cuando me entregaron a mi hijo lo primero que hice fue quitarle el chupete que le habían dado en Neonatos, no quería que nada interfiriera con la lactancia, especialmente teniendo en cuenta que llevaba dos días siendo alimentado mediante biberón y aún no había podido ponérmelo al pecho. Lamentablemente, un hospital que presumía de ser partidario de la lactancia materna, e incluso tiene una escultura de una mujer amamantando a su bebé en la entrada, no contemplaba otro método para alimentar a los bebés recién nacidos, como por ejemplo el método dedo-jeringa. Sabía que eso iba a dificultarme bastante la lactancia pero no me imaginaba hasta qué punto.

Durante esos primeros días las enfermeras de planta me ayudaron bastante, me colocaron al niño, me enseñaron a introducir toda la aureola del pezón en su boca, a estimular la succión tocándole la mandibula y a lanzar pequeñas gotas de leche artificial dentro de su boca con el biberón para animarle. Pero mi hijo no se enganchaba a pesar de todos nuestros esfuerzos. Seguí practicando mucho piel con piel (tener a mi hijo sobre mi pecho desnudo) y cada tres horas me levantaba, le ofrecía el pecho durante media hora y después le daba el biberón que me traían las enfermeras. Y una y otra vez me volvía a rechazar. Y no es que el bebé estuviera adormecido, ya que el biberón se lo tomaba de un trago. En mi infinita desesperación llegué incluso a tirar el contenido de uno de los biberones y saltarme una toma para hacer que tuviese más hambre. Pero tampoco funcionó y no quise volver a intentarlo ya que mi bebé estaba muy justo de peso y me dio miedo que lo ingresaran a él también.

Y lo peor de todo es que tampoco me había subido la leche aún. Me sentía agotada, derrotada, rechazada por mi bebé, y acabé preguntándome si todos tendrían razón y una vez que un bebé ha probado un biberón ya nunca se engancha al pecho de su madre. Después de más de 24 horas intentándolo, casi sin dormir y sin haber podido conocer a mi hija todavía, me flaqueaban las fuerzas y recuerdo como una noche, después de una de las tomas, me puse a llorar desconsolada. ¿Dónde estaba el instinto de succión de mi bebé? ¿Ya no se podía hacer nada para arreglar la situación? ¿Y cuándo iba a conocer a mi hija?

Intenté conservar la calma y me prometí a mi misma que si no lo conseguía en cuanto me dieran el alta llamaría a una asesora de lactancia para que viniera a casa. Me repetía a mi misma una y otra vez que si se podía, que era cuestión de paciencia, que si incluso había madres adoptivas que habían logrado una lactancia inducida cómo no iba a poder conseguirlo yo, que estaba recién parida. Así que seguí intentándolo toma tras toma, aunque con poca convicción a estas alturas la verdad, pero tampoco se me ocurría que otra cosa hacer.

Y cuando llevábamos algo menos de 48 horas juntos de pronto sucedió. Fue en la toma de las nueve de la noche. Una vez más le ofrecí mi pecho y esta vez lo cogió…¡Y no lo soltó en una hora y media! Paseaba por la habitación con mi bebé a cuestas y me sentía tan feliz y orgullosa de mi misma. Las enfermeras que entraban, conscientes de mi esfuerzo, me regalaban sonrisas de complicidad. Pensé que había resuelto definitivamente el problema pero en la siguiente toma me volvió a rechazar. Y en las dos tomas siguientes también me rechazó, pero a la mañana siguiente me volvió a coger el pecho. Y así, poco a poco, le fue cogiendo el gusto y cada vez cogía el pecho con más facilidad. La sensación al darle de mamar era indescriptible, maravillosa, todo un subidón de hormonas. ¡Lo estaba consiguiendo! Mi hijo se alimentaba de mí, de mi cuerpo, era increíble tener esa capacidad.bebe amamantado lactancia

Una noche empecé a encontrarme regular y al tocarme la frente noté que tenía un poco de fiebre. Nunca me he alegrado tanto de no encontrarme bien. Al fin se estaba produciendo la subida de la leche, seis días después del parto. Cuando recibí el alta del hospital mi bebé ya se alimentaba del pecho con total normalidad, le daba las tomas a demanda y después las complementaba con leche artificial. A su vez, los pocos ratos libres que tenía los dedicaba a sacarme leche para llevársela a mi hija.

Unos días después de recibir el alta llevé a mi hijo al centro de salud a su primera revisión. Le comenté a la enfermera mi experiencia y mi deseó de lograr una lactancia materna exclusiva. Estuvimos charlando, vio al niño mamar, verificó que el agarre era correcto y me dijo que por su parte no veía ningún inconveniente. Me recomendó ir retirando gradualmente las tomas y así lo hice. Primero retiré las tomas de la noche, que eran para mí las más engorrosas, y gracias a eso comencé a descansar mejor. Después retiré las de la mañana y unos días después las de la tarde. Pesaba a mi hijo cada dos días y fui comprobando como iba cogiendo peso con total normalidad.

Dos semanas después del parto había conseguido lograr una lactancia materna exclusiva con mi hijo. Las tomas eran larguísimas, casi interminables, pero es que mi bebé tenía un duro trabajo por delante. No sólo tenía que estimular la producción para alimentarse él mismo, sino que además tenía que ayudarme a producir leche suficiente para su hermana, quien permanecería ingresada al menos durante cuatro semanas más. Pero esa es otra historia que os contaré en la próxima entrada.

Entradas relacionadas: