7 cosas que me hubiera gustado saber antes de convertirme en multimadre

El otro día estuve reflexionando acerca de todo lo que he aprendido este último año. Cómo he comentado alguna vez, antes de embarcarme en esta maravillosa aventura no tenía demasiada idea acerca del cuidado y la evolución del bebé. Algunas de las cosas que han ocurrido eran de esperar, otras me han sorprendido gratamente y algunas otras directamente me han defraudado o me han hecho sentir frustrada en algún momento. Por ello he pensado en escribir una entrada acerca de todas aquellas cosas de la multimaternidad que me hubiera gustado saber antes de ser madre. Ahí va:

1. Ya no serás anónima nunca más.

Aunque no te hayas casado con un deportista de élite, ni el papá de tus criaturas sea un actor de Hollywood, el hecho de ser multimadre o multipadre te convierte automáticamente en una celebrity, al menos a nivel local. ¡Y es que los bebés múltiples, por alguna razón que aún no he sido capaz de averiguar, llaman muchísimo la atención! Esto significa que la gente te mirará por la calle, se acercará sin ningún disimulo a mirar a tus bebés de cerca para verificar que no sean extraterrestres, harán comentarios al respecto enfrente de tus narices y en algunos casos incluso te darán el pésame. La mayoría de los comentarios que recibas serán pretendidamente amables, otros no lo serán tanto y algunos estarán directamente fuera de lugar. Sin embargo, lo que es seguro es que llamarás mucho la atención por la calle, así que prepara tu mejor sonrisa y oigas lo que oiga no dejes que te afecte.

Si quieres sabes más sobre este tema, te invito a leer nuestro post sobre lo que hay que oír…¡Por tener múltiples! La buena noticia es que, según otras multimadres con más experiencia que yo, esta fama recién adquirida sólo dura un par de años, hasta que los niños dejan de ir en una silla doble de paseo (o triple). Aunque no estoy segura de que este sea el caso de los gemelos o trillizos idénticos, seguro que estos recibirán muchísimos comentarios a lo largo de su vida.

2. Tus múltiples (seguramente) tardarán unos meses en relacionarse entre sí.

Este ha sido uno de mis grandes descubrimientos como multimadre. Antes de tener a mis bebés reconozco que tenía una imagen muy idílica al respecto; me los imaginaba durmiendo abrazados en la cuna, buscándose con la mirada el uno al otro nada más despertar, tomando pecho cogidos de la mano… Y nada más lejos de la realidad, al menos durante los primeros meses en los que se ignoraban el uno al otro un 98% del tiempo, a pesar de pasar el día juntos e incluso compartir la misma cuna. Así, no fue hasta los seis o siete meses cuando empezaron a ser realmente conscientes el uno del otro y empezaron a interactuar entre sí. Incluso hoy en día, con 13 meses, muchas veces juegan por separado y se ignoran mutuamente.

Sin embargo he de decir también que son inseparables; a veces juegan, otras veces se pelean e incluso a veces compiten el uno con el otro por la atención de mamá. Pero de lo que estoy segura es de que no sabrían vivir el uno sin el otro. Y yo he sigo una testigo privilegiada de cómo han ido construyendo poco a poco su relación, ¡Y ha sido precioso!. Así que si eres una futura mamá de múltiples no esperes que tus bebés se relacionen entre ellos desde el primer día, apenas acaban de aterrizar al mundo y están muy ocupados descubriendo todo lo que les rodea, pero ya verás como dentro de un par de meses serán uña y carne.

gemelos mellizos jugando

3. Por mucho que te esfuerces, muchas veces no podrás evitar que lloren (a la vez).

Algunas veces ni siquiera sabrás a cual  consolar primero o te desesperarás intentando consolar a los dos a la vez. Antes de ser madre pensaba que si criaba a mis mellizos de forma respetuosa y atendía sus necesidades con rapidez apenas llorarían. Y bueno, es posible que gracias a esto lloren menos que otros niños (que tampoco lo se), pero el hecho es que de vez en cuando lloran desconsolados y a veces me hace sentir frustrada no poder consolarles a pesar de mis besos y abrazos, sobre todo últimamente cuando me piden imposibles como querer comerse la comida del perro o intentar agarrar un cuchillo.

Supongo que a ninguna madre del mundo le gusta ver sufrir a sus hijos, pero creo que a veces es inevitable ya que el llanto es su forma de expresarse, sobre todo ahora que son tan pequeños y aún no saben transmitir sus necesidades hablando. Así que, cuando ocurre, una no puede hacer más que acompañarles en su sufrimiento y ayudarles a desahogarse, y si lloran los dos a la vez y estás sola con ellos, tratar de atenderles a los dos como buenamente puedas. Al fin y al cabo, ¡Las multimadres también somos humanas!.

4. Sincronizar sus ritmos en la medida de lo posible te facilitará enormemente la vida.

Para mí, que estoy sola en casa con ellos durante el día, esta es una regla de oro que trato de cumplir escrupulosamente. Para poder apañarme bien con ellos y simplificar la logística intento que lo hagan todo a la vez y que siempre estén juntos en el mismo espacio para poder vigilarles sin volverme loca. Un tema fundamental es el sueño, trato de que ambos hagan las mismas siestas a la vez y a la misma hora, porque si no organizarme sería imposible y no podría descansar ni un solo minuto. Así que lo hago es acostarles a los dos a la vez en cuanto uno de los dos tiene sueño, y despertar al segundo mellizo en cuanto se despierta el primero. El hecho de que duerman juntos ayuda mucho. También les doy de comer a la vez, una cucharada a uno y otra a su hermano.

Si no lo hiciera así me encontraría con situaciones como que uno de ellos sigue durmiendo la siesta de la mañana mientras que el otro ya quiere comer y tendría que darles de comer por separado, lo que me llevaría el doble de tiempo y además no podría vigilar al primero mientras doy de comer al segundo. Supongo que esta es una norma cuyo cumplimiento se va complicando a medida que se hacen mayores y más independientes pero de momento me funciona bastante bien.

5. Compartieron útero pero no son iguales.

Esto está intrínsecamente relacionado con el postulado anterior. El hecho de que sean múltiples no implica que tengan las mismas necesidades ni los mismos gustos. Y esto, aunque inevitable, complica un poco las cosas. A mí me pasa por ejemplo con las comidas. A mi hija le gustan muchas más comidas que a mi hijo, lo que implica que por ejemplo cuando le preparo un gazpacho tengo que preparar también una alternativa para su hermano. En cambio, a mi hijo le encanta la piscina pero mi hija enseguida tiene frío y quiere salir lo que implica que, si estoy sola con ellos, tengo que sacarles a los dos de la piscina. Supongo que es el precio que hay que pagar por tener un compañero de juegos de la misma edad.

6. Haz acopio de chupetes.

Si has decidido que tus hijos usen chupete te aconsejo que te aprovisiones de existencias como si fueran a dejar de fabricarlos mañana. ¡No te imaginas la cantidad de chupetes que una multimadre tiene que buscar una y otra vez a lo largo del día! Y siempre están escondidos en los lugares más inimaginables. Esta actividad se hace especialmente intensa cuando los bebés pasan por esa fase en que descubren que son capaces de tirar cosas, y se dedican a lanzarlos una y otra vez y cuanto más lejos mejor. Pero claro, a los cinco minutos ya están llorando porque no encuentran su chupete. Desde aquí aprovecho para proponer que el lanzamiento del chupete sea considerado una disciplina olímpica. ¡Tengo dos futuros campeones en casa desperdiciando su talento!

chupetes padres

7. Olvídate de ser una persona puntual y ordenada.

Prioriza aquellas tareas que te garanticen la supervivencia doméstica. Cuando una se convierte en multimadre, llegar con puntualidad a una cita se convierte en poco menos que una utopía. Antes de tener a mis hijos pensaba que todo esto no era más que una cuestión de organización, y que con una planificación adecuada podría llegar más o menos a todo. ¡Error! Generalmente el nivel de desorden e impuntualidad es proporcional al número de múltiples. La puntualidad en sí para mi es un misterio, hay veces que empiezo a prepararles apenas una hora antes y llego puntual, y otra veces les preparo con más de dos horas de antelación y llego con retraso. Y es que cuando eres multimadre la vida se llena de sorpresas y, sobre todo, de imprevistos de última hora. Así que te aconsejo minimizar tus expectativas al respecto y conformarte humildemente con haber hecho todo lo posible por haber llegado puntual. La mayoría de la gente lo entenderá (y si no lo entienden invítales a pasar un día en tu casa con tus múltiples).

La misma consideración es aplicable a la intendencia doméstica. Olvídate de tener la cocina impoluta, la ropa perfectamente planchada y ordenada y la cena preparada. A partir de la llegada de tus múltiples la colada se acumulará sin piedad, y la cocina aparecerá constantemente llena de cacharros por mucho que te esfuerces. Confórmate con mantener un nivel de salubridad adecuado y con encontrar un hueco para ducharte todos los días. Y si te sobran diez minutos, ¡Descansa! Necesitarás todas tus energías para cuidar de tus múltiples. No te sientas culpable (ni dejes que te lo hagan sentir), rebaja tu nivel de exigencia y ocúpate de lo importante: ¡Disfrutar de tus hijos! Ya vendrán tiempos mejores para volver a ser puntual y ordenada cuando crezcan, pero los primeros meses de tus hijos no volverán nunca.

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El Síndrome de Transfusión Feto Fetal (I): Descripción y Síntomas

Tal y como comentábamos en entradas anteriores, uno de los riesgos más significativos a los que se enfrentan las gestaciones múltiples monocoriales -aquellas en las que los fetos comparten la placenta- es el Síndrome de Transfusión Feto fetal (STFF), una complicación relativamente frecuente en este tipo de embarazos (entre el 10% y el 15% de los casos).

Aunque esta complicación implica una elevada mortalidad intrauterina o neonatal (en caso de no recibir tratamiento la mortalidad ronda el 80-100% de los casos, y en un 40% de los casos se aprecian secuelas severas), sin embargo a veces no recibe suficiente atención por parte del personal médico que lleva el seguimiento del embarazo, impidiendo un diagnóstico precoz que resulta crucial para una evolución positiva.

Cuando los fetos comparten la placenta, a veces se producen conexiones entre los vasos sanguíneos de ambos. El STFF se origina cuando un feto bombea sangre al otro generándose un desequilibrio hemodinámico. Así, uno de los fetos se denomina donante y el otro receptor. El feto donante no recibe sangre suficiente, no crece suficiente, apenas orina y se va quedando sin líquido amniótico, por lo que puede morir por falta de oxígeno (hipoxia). A su vez, el feto receptor recibe demasiada sangre y crece de forma anormal, y al tratar de reducir el volumen de sangre orinando mucho se genera una gran cantidad de líquido amniótico. En este caso, el mayor riesgo es la aparición de un problema cardiaco debido al sobreesfuerzo.

Las conexiones entre los vasos sanguíneos pueden darse entre las venas, las arterias o entre ambas (arteriovenosas). Si esta conexión tiene lugar de forma equilibrada no hay problema ya que el aporte sanguíneo está en equilibrio. Cuando las conexiones se producen entre arterias el problema es menos peligroso, teniendo peor pronóstico cuando la conexión se produce entre la arteria de un bebé y la vena del otro.

STTF sindrome transfusion feto fetal gemelos

La anastomosis son comunicaciones vasculares anormales que tienen lugar en la placenta compartida.  Aunque existen en casi todas las gestaciones monocoriales, sólo en algunos casos se llegará a desarrollar el STFF

Dado que inicialmente el STFF es asintomático, el diagnóstico se realiza mediante la realización de una ecografía en la que se apreciará una discordancia del líquido amniótico, visualizándose un exceso de líquido amniótico en el saco del gemelo receptor (polihidramnios), y una falta de líquido amniótico en el saco del gemelo donante (oligoamnios). Cuando el polihidramnios es muy severo, la madre puede sentir un rápido aumento del volumen de la tripa, contracciones, sangrado vaginal o una rotura prematura de membranas. En cuanto al feto donante, es posible que debido a la falta de líquido no pueda visualizarse su vejiga en la ecografía, e incluso debido al enorme tamaño del saco del otro gemelo podrá encontrarse desplazado contra la pared del útero o de la placenta, con las membranas amnióticas adheridas a su cuerpo (stuck twin), tal y como se aprecia en el gráfico.

Para valorar la severidad del STFF, se utiliza una clasificación que lo divide en cinco fases, según la gravedad:

I. Discordancia de líquido en los sacos amnióticos (oligoamnios/polihidramnios).

II. La vejiga del feto donante no es visible, aunque el estudio Doppler es normal o está poco alterado.

III. Alteración del estudio Doppler de cualquiera de los dos fetos.

IV. Hinchazón en el feto por la cantidad excesiva de líquido (hidrops).

V. Muerte de uno de los fetos.

Por otro lado, antes de diagnosticar el STFF es necesario descartar que se trate de otro tipo de complicaciones como la discordancia de líquidos amnióticos (sin llegar a constituir polihidramnios/oligoamnios), un Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR) selectivo (de uno de los gemelos), una rotura prematura de membranas de uno de los gemelos, malformaciones renales o una infección que cause una alteración en la cantidad de líquido amniótico.

STTF sindrome transfusion feto fetal gemelos

No hay ninguna forma de prevenir el STFF, ni tampoco existen síntomas ecográficos que permitan predecir su ocurrencia (aunque sí se han identificado una serie de factores de riesgo), por lo que la única forma de poder afrontarlo con mayores garantías de éxito es el diagnóstico precoz mediante la realización de ecografías periódicas, ya que al principio es completamente asintomático.

Por ello, es muy importante que un embarazo monocorial tenga un seguimiento médico exhaustivo a lo largo de la gestación, y en especial entre las semanas 17 y 26, que es cuando se manifiesta la gran mayoría de los casos (el 85% de los casos se produce antes de las 26 semanas). Generalmente, en este periodo se realizarán ecografías cada dos semanas aproximadamente, evaluando la cantidad de líquido amniótico de ambos fetos, las vejigas, la biometría fetal y la longitud cervical. Sin embargo, se han descrito casos desde la semana 15 hasta la 31, así que hay que permanecer atento a lo largo de toda la gestación.

Por otro lado, aunque la progresión generalmente es gradual en algunos casos el STFF puede evolucionar de forma fulminante provocando la muerte fetal en poco tiempo, a pesar de haberse realizado un seguimiento médico adecuado. Por ello, es fundamental que la mujer gestante de un embarazo monocorial conozca los síntomas de alerta, y consulte urgentemente con su médico en caso de identificar alguno de los siguientes:

  • Crecimiento repentino y excesivo del vientre en un periodo corto de tiempo, y un aumento de peso inusual. La mujer sentirá el vientre hinchado y tirante, acompañado de una sensación de incomodidad.
  • Sentir contracciones a partir de la semana 20.
  • Dejar de sentir los movimientos ambos fetos o sólo uno de ellos. El más pequeño de los dos tendrá dificultades para moverse debido a la ausencia del líquido amniótico, y la dificultad de sentir los movimientos del mayor se deberá a la gran cantidad de líquido del que dispone. También es posible que uno de los fetos esté especialmente inquieto y movido.
  • El útero se encuentra muy arriba.

En la próxima entrada hablaremos del pronóstico y las distintas posibilidades para el tratamiento del STFF.

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Mi primer aniversario como (multi)madre

Recién aterrizada de vacaciones, el jueves pasado fue un día muy especial para mí ya que mis mellizos cumplieron su primer año. Parece un tópico eso de que crecen tan rápido que apenas te das cuenta, pero es completamente cierto. Hace ahora un año eran unos bebés diminutos cuya vida consistía básicamente en comer y dormir, y ahora son dos bebés inquietos que no paran de jugar, se ponen de pie, trepan para subirse a los muebles y ya amenazan con dar sus primeros pasos.

tartas primer cumpleaños gemelos mellizos

Han pasado tantísimas cosas en estos 365 días que incluso me cuesta recordar con nitidez algunos momentos. Si tuviera que definir en una sola palabra mi primer año como madre diría que ha sido intenso, o más bien intensivo, ya que cuidar de dos bebés durante 24 horas al día es bastante agotador. Pero, por otro lado, creo que se me ha dado mejor de lo que yo esperaba teniendo en cuenta que mi experiencia previa en el cuidado de bebés era nula.

Uno de mis primeros y mejores recuerdos fue durante el parto, cuando pusieron a mi hijo sobre mí mientras sacaban a mi niña. Entonces, él alargó la mano y me cogió la nariz. No puedo describir con palabras la mezcla de emoción y ternura que sentí en aquellos momentos, de pronto sentí un enamoramiento tan intenso que me hizo llorar, y a la vez me sentí abrumada por la enorme responsabilidad que se me venía encima. ¿Sabría cuidarlos bien? ¿Estaría a la altura? Y al final resultó que era cierto, que la maternidad es algo eminentemente instintivo, y la primera vez que cogí en brazos a mi pequeñísimo hijo de apenas dos kilos sentí que llevaba toda la vida haciéndolo.

Recuerdo también la primera vez que me dejaron ver a mi hija cuatro días después del parto. Con tan sólo un kilo de peso, metida en su incubadora y rodeada de tantos cables, en apariencia tan delicada pero sin embargo tan luchadora. Se la veía tan larga y tan delgadita pero con una cara preciosa, parecía una pequeña princesa atrapada en una urna de cristal. Le pedí a la enfermera que la sacara, la abracé y lloré durante un buen rato, lágrimas de pena por verla en esa situación, pero sobre todo de alegría y de alivio, ¡Estaba viva y estaba sana!

Tampoco puedo olvidar ese maravilloso 20 de septiembre cuando mi hija recibió al fin el alta y pude llevármela a casa con nosotros. Ese fue el día en que empezó realmente mi nueva vida como multimadre, y se acabó el tormento de tener mi corazón constantemente dividido en dos. La primera vez que ví a mis hijos dormir juntos en la misma cuna también fue un momento memorable, me lo había imaginado tantas veces que ni siquiera me parecía real.

mellizos gemelos durmiendo abrazados

Mis mellizos durmiendo la siesta abrazados hace un par de semanas

Sin duda, esos fueron los momentos más especiales, aunque creo que este último año he sentido más emociones que durante el resto de mi vida. He reído viendo sus primeras trastadas, he llorado de impotencia cuando no podía calmar sus cólicos, me he sorprendido con la aparición de sus primeros dientes, me he agobiado tratando de conciliar el cuidado de mi hijo con las visitas diarias al hospital para ver a su hermana, me he emocionado con cada gesto de complicidad que se hacen el uno al otro, he sentido frustración por todos los obstáculos que he tenido que superar para establecer la lactancia (y he sentido el orgullo de haberlos superado todos), he padecido el agotamiento de tantas noches sin dormir, he gozado de la felicidad de despertarme abrazada a mis dos pequeñines, he sentido el miedo y la incertidumbre por el estado de salud de mi hija y la pena de tener que dejarla ingresada en el hospital mientras los demás nos íbamos a casa.

Por tanto, ha sido un año agridulce pero sin duda el balance es claramente positivo, y las pocas cosas malas que han ocurrido quedarán enterradas para siempre en el fondo de mi memoria como algo anecdótico. Nunca me alegraré suficiente de haber solicitado una excedencia para cuidar de mis hijos, a pesar de que sin duda tendrá consecuencias negativas sobre mi carrera profesional. Todo este tiempo que hemos compartido no tiene precio y a pesar de que al principio temía agobiarme por estar todo el día en casa sola con los niños, al final todo ha sido mucho más fácil de lo que yo pensaba. Ahora mismo ni siquiera imagino el momento de separarme de ellos.

Durante este año he aprendido muchísimo acerca del cuidado del bebé, he conocido todo tipo de artículos de puericultura que ni siquiera imaginaba que existieran y he contactado con otras madres a través de internet para intercambiar experiencias. Y, sobre todo, he aprendido muchísimo sobre mi misma, conociendo habilidades que no sabía que tenía, y también otros defectos que me gustaría no tener. Me gustaría ser una madre perfecta pero por desgracia tan solo soy una madre humana más. Pero prometo intentar hacerlo mejor cada día, ya que mi nueva carrera como madre no ha hecho más que empezar. Gracias G. y C. porque vuestro amor me hace mejor persona.

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La historia de mi lactancia (III): Estableciendo la lactancia con mi hija ingresada en la incubadora

En las entradas anteriores os hablé de mi parto y de cómo logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo después de 48 horas separados. Con mi hija fue todo muy distinto, ya que ella nació para romper moldes, sobrevivió al embarazo contra todo pronóstico y nació con tan sólo un kilo de peso pero muchísimas ganas de vivir, dándonos una lección de entereza a todos.

Tardé cuatro largos días desde el parto en conocer a mi niña, cuando al fin se estabilizó mi tensión y me fue retirada la medicación intravenosa. Lo primero que hice fue bajar a conocerla, pedí que la sacaran de la incubadora para practicar el método canguro y lloré, no me podía creer que estuviera viva y tan sana a pesar de todo. Era un bebé pequeñísimo, extremadamente delgado y aún tenía su carita a medio formar, a medio camino entre un recién nacido y un feto.

En la Unidad de Cuidados Medios en donde estaba ingresada los padres teníamos acceso ilimitado las 24 horas. Además, el personal sanitario fomentaba la práctica del método canguro. Sin embargo, en cuanto al tema de la lactancia había bastante desinformación. Ya una de las primeras veces que bajé a visitarla me dijo una enfermera que ni se me ocurriese darle el pecho a mi hijo, que tenía que guardar toda la leche materna para mi hija porque estaba más delicada de salud, dando por hecho que no tendría suficiente leche para alimentarles a los dos. Lo más irónico de la situación es que al lado de la incubadora había un enorme póster de una mujer amamantando gemelos.

Durante las primeras cuatro semanas mi hija se alimentó mediante sonda nasogástrica ya que estaba demasiado débil como para ser alimentada mediante biberón (y como ya comenté en la entrada anterior no se contemplaban otros métodos para alimentar a los recién nacidos). Realizaba ocho tomas al día de 40 cc cada una (creo que las primeras tomas eran de 20 cc), aunque las enfermeras me advirtieron que tendría que traer 50 cc por toma ya que al introducir la leche en la sonda siempre se pbolsas de leche medelaerdía un poquito. Así que yo no dejaba de sacarme leche, ni en casa ni en el hospital. Sin embargo, reconozco que casi ningún día conseguí sacarme leche suficiente para cubrir esas ocho tomas, no por falta de leche sino más bien por falta de tiempo ya que la lactancia a demanda con mi hijo me ocupaba muchísimo tiempo.

Al principio apenas lograba sacarme leche con el sacaleches pero pronto le cogí el truco a base de mucha constancia. Generalmente me sacaba leche suficiente para cubrir entre cinco y siete tomas. Aunque reconozco que en algún momento me sentí culpable, ya que mi hijo si estaba siendo alimentado mediante lactancia materna exclusiva, decidí plantearme la situación como una estrategia a largo plazo con una meta clara; lograr una lactancia exclusiva con los dos. Y para ello era muy importante que no me marcase metas poco realistas, mi hija estaría ingresada unos dos meses y tenía que medir muy bien mis fuerzas para que no me venciera el cansancio por el camino.

La mayor dificultad a la que me enfrentaba en esa etapa era compatibilizar la lactancia a demanda de mi hijo con las visitas diarias a la incubadora. No quise separarme de mi hijo ni un solo día por lo que me lo llevaba a ver a mi hija cada tarde y su padre y yo nos turnábamos para ocuparnos cada uno de un bebé. Mientras yo estaba con mi hija su padre estaba paseando a mi hijo en el parque de enfrente del hospital y viceversa. Cuando mi hijo lloraba reclamando alimento yo abandonaba la sala de Neonatos y bajaba a darle el pecho, mientras que papá subía a quedarse con mi niña hasta que yo acabase. Así una y otra vez día tras día.

Mi hijo me reclamaba muchísimo y era francamente agotador pero con todo lo que había sufrido para lograr una lactancia materna exclusiva con él no quería darle ni un solo biberón ya que temía que ello afectase a mi producción de leche. A veces me agobiaba un poco ya que las tomas de las primeras semanas eran muy largas y después de pasar todo el día junto a él en casa cuando llegaba al hospital me apetecía estar con mi hija sin interrupciones. A su vez, el pobrecito también tuvo que pasar algún mal rato cuando yo no podía bajar en ese momento a darle el pecho por causas de fuerza mayor, como por ejemplo cuando practicaba el método canguro, ya que la duración mínima era de una hora. Aunque creo que lo pasaba peor su padre, quien se veía impotente para calmarle aunque al final siempre lo conseguía.

Cuando mi hija contaba con unas tres semanas y pico decidió arrancarse la sonda nasogástrica por su cuenta y riesgo, y dado que no era el primer intento las enfermeras decidieron darle una oportunidad y empezaron a darle biberones. Aunque muchas veces se quedaba dormida comiendo y tardaba una eternidad en acabar las tomas toleraba bien el alimento y poco a poco iba cogiendo peso hasta que con cinco semanas logró salir de la incubadora.

Cuando la ví en la cuna térmica no pude evitar emocionarme, ¡Había cambiado tanto en cinco semanas! Pregunté cuando podía intentar darle el pecho y me dijeron que lo consultarían con el médico. Unos días más tarde comencé a ofrecerle el pecho pero mi pobre hija lloraba y lloraba, creo que ni siquiera sabía para que servía. Algunas enfermeras me propusieron que no me complicara la vida y que optara por alimentar a mis mellizos con mi leche extraída en biberón pero yo no contemplaba esa posibilidad. Sabía que una lactancia no se puede mantener mucho tiempo si el único estímulo que recibe el pecho es el de un sacaleches y yo, después de todo el esfuerzo que estaba haciendo, evidentemente deseaba lograr una lactancia prolongada. Además la lactancia materna es mucho más que alimento, es cariño, es consuelo, ¡Yo no quería perderme todo eso!

cunas termicas bebes incubadora

Intentar que mi hija cogiese el pecho en esa sala llena de gente, sin ninguna intimidad, me resultaba francamente violento y desagradable. Hice lo mismo que con su hermano, llegaba un rato antes de la toma y le ofrecía mi pecho, y después le daba un biberón. Mi hija lo rechazó durante varios días hasta que un día lo cogió de forma espontánea. Pero esta vez no era tan sencillo ya que la alimentación no era a demanda, y el horario de las tomas era muy estricto por lo que en ocasiones me encontraba con que cuando le ofrecía mi hija aún no tenía hambre, o cuando estaba a punto de conseguir que cogiese el pecho venía una enfermera a meterme prisa porque se estaba pasando la hora de la toma. Recuerdo otra vez que mi hija se pasó más de una hora tomando pecho y la enfermera de turno en vez de animarme me puso mala cara y me dijo que se le iba a juntar con la toma siguiente. Irónicamente, y salvo alguna excepción concreta, las enfermeras de Neonatología no me ayudaron absolutamente nada con la lactancia. Creo que estaban demasiado preocupadas por cumplir el horario de las tomas como para pensar en nada más.

Otras veces mi hija lloraba cuando intentaba ponérmela al pecho y las otras madres allí presentes me miraban horrorizadas. La mayoría de las madres de los bebés que estaban allí ingresados se sacaban leche para ellos porque consideraban que era importante para su salud pero creo que yo era la única que deseaba realmente dar el pecho (en el sentido de establecer una lactancia prolongada). En esos momentos pasaba muchísima vergüenza. Incluso una enfermera me dejó caer que estaba torturando a la niña pero, ¿Acaso yo parecía estar divirtiéndome?

Finalmente, y dado que  la situación estaba haciendo mella en mi estado de ánimo, opté por ofrecerle el pecho únicamente una vez al día, durante las tomas nocturnas ya que apenas había visitas a esas horas. Habían pasado seis semanas desde el parto y empezaba a estar muy cansada de ir y venir al hospital cada día, máxime teniendo en cuenta que las mañanas las pasaba sola cuidando de mi hijo. Así que decidí aflojar un poco la presión y seguir extrayéndome leche para la niña, ya tendría tiempo de hacer las cosas a mi manera cuando nos fuésemos a casa.

Y al fin llegó el día del alta, siete semanas y pico después del parto. Nada más llegar a casa puse a los dos bebés sobre el cojín de lactancia en posición de rugby y estuvieron mamando un buen rato. Pero mi hija seguía rechazando el pecho en muchas de las tomas y se enfadaba muchísimo, lloraba, se retorcía… Además tenía que asegurarme de que mi niña creciese bien ya que apenas llegaba a los dos kilos. Toma tras toma intentaba ofrecerla mi pecho y después le daba un biberón con la leche que me continuaba extrayendo. A veces lo intentaba durante más tiempo, otras veces me rendía al instante, y por la noche directamente le daba biberón ya que acababa agotada de luchar con ella y necesitaba descansar en algún momento. Cuando estábamos en la calle le daba un biberón de leche artificial ya que me daba vergüenza montar un escándalo. Constantemente me daban ganas de tirar la toalla pero, ¿Cómo iba a darle el pecho a mi hijo y a mi hija no? No podía soportar la idea de hacer una diferencia tan grande entre ambos y menos después de todo lo que mi hija había tenido que pasar durante sus primeras semanas de vida. Sentía que, de alguna forma, se lo debía.

No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue en absoluto, pero unas tres semanas después de recibir el alta empezó a cogerme el pecho con regularidad. Y una semana después fui retirando progresivamente las tomas hasta lograr una lactancia materna exclusiva… ¡Tres meses después del parto! ¿Os imagináis lo distinta que hubiese sido mi historia si en Neonatos no les hubiesen alimentado con biberón? Aunque mirándolo por el lado positivo, aún me quedaban tres meses de lactancia materna exclusiva por delante para disfrutar, ¡Y vaya si lo disfrutamos!

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La historia de mi lactancia (II): Estableciendo la lactancia con mi hijo en el hospital

En la entrada anterior os hablaba de mi parto y de las 48 horas posteriores, os conté cómo viví esas horas separada de mis hijos, mi estado de confusión acerca de todo lo que estaba pasando  y cómo al fin logre extraer unas gotas de calostro con el sacaleches eléctrico del hospital. En esta entrada os contaré como logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo, después de dos días separados.

En esta etapa inicial de la lactancia, mis grandes aliados fueron el sacaleches eléctrico, disponer de la información necesaria y cantidades ingentes de paciencia. Y también, por supuesto, el apoyo de mi marido, quien me ayudó muchísimo con la lactancia y además no se atrevió a llevarme la contraria a pesar de que en muchos momentos ni yo misma tenía muy claro lo que estaba haciendo.

El segundo día después de mi parto me desperté aún más triste y cabreada, ¿Cómo era posible que a estas alturas aún no conociese a mi hijos? Además me encontraba mucho mejor físicamente y empecé a plantearme todo tipo de locuras como quitarme las vías por mi cuenta y riesgo y escaparme a la incubadora en cuanto me quedase sola en la habitación. Y mi marido, que me conoce muy bien, temiendo que hiciera cualquier barbaridad bajó a ver a mis peques y a pedirle a las enfermeras que al menos me subieran a mi hijo un momentito -que estaba en una cuna térmica perfectamente bien de salud- para que pudiera sentirme mejor. Finalmente no hizo falta ya que justo en ese momento mi hijo estaba recibiendo el alta, y quince minutos después de repente ví como se entreabría la puerta de la habitación y se asomaba una cuna. ¡Por  fin me dejaban ejercer de madre! Con todo el cuidado del mundo abracé a esa cosita de apenas dos kilos y no le solté durante toda la estancia en el hospital nada más que para dormir (y porque tenía miedo de que se me cayera de la cama que si no…).estatua lactancia hospital gregorio marañon maternidad o'donell

Cuando me entregaron a mi hijo lo primero que hice fue quitarle el chupete que le habían dado en Neonatos, no quería que nada interfiriera con la lactancia, especialmente teniendo en cuenta que llevaba dos días siendo alimentado mediante biberón y aún no había podido ponérmelo al pecho. Lamentablemente, un hospital que presumía de ser partidario de la lactancia materna, e incluso tiene una escultura de una mujer amamantando a su bebé en la entrada, no contemplaba otro método para alimentar a los bebés recién nacidos, como por ejemplo el método dedo-jeringa. Sabía que eso iba a dificultarme bastante la lactancia pero no me imaginaba hasta qué punto.

Durante esos primeros días las enfermeras de planta me ayudaron bastante, me colocaron al niño, me enseñaron a introducir toda la aureola del pezón en su boca, a estimular la succión tocándole la mandibula y a lanzar pequeñas gotas de leche artificial dentro de su boca con el biberón para animarle. Pero mi hijo no se enganchaba a pesar de todos nuestros esfuerzos. Seguí practicando mucho piel con piel (tener a mi hijo sobre mi pecho desnudo) y cada tres horas me levantaba, le ofrecía el pecho durante media hora y después le daba el biberón que me traían las enfermeras. Y una y otra vez me volvía a rechazar. Y no es que el bebé estuviera adormecido, ya que el biberón se lo tomaba de un trago. En mi infinita desesperación llegué incluso a tirar el contenido de uno de los biberones y saltarme una toma para hacer que tuviese más hambre. Pero tampoco funcionó y no quise volver a intentarlo ya que mi bebé estaba muy justo de peso y me dio miedo que lo ingresaran a él también.

Y lo peor de todo es que tampoco me había subido la leche aún. Me sentía agotada, derrotada, rechazada por mi bebé, y acabé preguntándome si todos tendrían razón y una vez que un bebé ha probado un biberón ya nunca se engancha al pecho de su madre. Después de más de 24 horas intentándolo, casi sin dormir y sin haber podido conocer a mi hija todavía, me flaqueaban las fuerzas y recuerdo como una noche, después de una de las tomas, me puse a llorar desconsolada. ¿Dónde estaba el instinto de succión de mi bebé? ¿Ya no se podía hacer nada para arreglar la situación? ¿Y cuándo iba a conocer a mi hija?

Intenté conservar la calma y me prometí a mi misma que si no lo conseguía en cuanto me dieran el alta llamaría a una asesora de lactancia para que viniera a casa. Me repetía a mi misma una y otra vez que si se podía, que era cuestión de paciencia, que si incluso había madres adoptivas que habían logrado una lactancia inducida cómo no iba a poder conseguirlo yo, que estaba recién parida. Así que seguí intentándolo toma tras toma, aunque con poca convicción a estas alturas la verdad, pero tampoco se me ocurría que otra cosa hacer.

Y cuando llevábamos algo menos de 48 horas juntos de pronto sucedió. Fue en la toma de las nueve de la noche. Una vez más le ofrecí mi pecho y esta vez lo cogió…¡Y no lo soltó en una hora y media! Paseaba por la habitación con mi bebé a cuestas y me sentía tan feliz y orgullosa de mi misma. Las enfermeras que entraban, conscientes de mi esfuerzo, me regalaban sonrisas de complicidad. Pensé que había resuelto definitivamente el problema pero en la siguiente toma me volvió a rechazar. Y en las dos tomas siguientes también me rechazó, pero a la mañana siguiente me volvió a coger el pecho. Y así, poco a poco, le fue cogiendo el gusto y cada vez cogía el pecho con más facilidad. La sensación al darle de mamar era indescriptible, maravillosa, todo un subidón de hormonas. ¡Lo estaba consiguiendo! Mi hijo se alimentaba de mí, de mi cuerpo, era increíble tener esa capacidad.bebe amamantado lactancia

Una noche empecé a encontrarme regular y al tocarme la frente noté que tenía un poco de fiebre. Nunca me he alegrado tanto de no encontrarme bien. Al fin se estaba produciendo la subida de la leche, seis días después del parto. Cuando recibí el alta del hospital mi bebé ya se alimentaba del pecho con total normalidad, le daba las tomas a demanda y después las complementaba con leche artificial. A su vez, los pocos ratos libres que tenía los dedicaba a sacarme leche para llevársela a mi hija.

Unos días después de recibir el alta llevé a mi hijo al centro de salud a su primera revisión. Le comenté a la enfermera mi experiencia y mi deseó de lograr una lactancia materna exclusiva. Estuvimos charlando, vio al niño mamar, verificó que el agarre era correcto y me dijo que por su parte no veía ningún inconveniente. Me recomendó ir retirando gradualmente las tomas y así lo hice. Primero retiré las tomas de la noche, que eran para mí las más engorrosas, y gracias a eso comencé a descansar mejor. Después retiré las de la mañana y unos días después las de la tarde. Pesaba a mi hijo cada dos días y fui comprobando como iba cogiendo peso con total normalidad.

Dos semanas después del parto había conseguido lograr una lactancia materna exclusiva con mi hijo. Las tomas eran larguísimas, casi interminables, pero es que mi bebé tenía un duro trabajo por delante. No sólo tenía que estimular la producción para alimentarse él mismo, sino que además tenía que ayudarme a producir leche suficiente para su hermana, quien permanecería ingresada al menos durante cuatro semanas más. Pero esa es otra historia que os contaré en la próxima entrada.

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La historia de mi lactancia (I): Las primeras 48 horas después del parto

La historia de mi lactancia es un poco larga y complicada, dado que después del nacimiento de mis mellizos pasamos mucho tiempo separados y además las circunstancias de cada uno de mis hijos al nacer fueron muy distintas. Por ello la dividiré en varias entradas distintas. Así que en esta entrada os contaré como fueron esas primeras 48 horas después del parto separada de mis hijos. Después relataré como logré establecer la lactancia con mi hijo, quien apenas estuvo ingresado 2 días en observación, y también os contaré como logré establecer la lactancia con mi hija, a pesar de que estuvo ingresada en Neonatos durante siete largas semanas. Finalmente, os hablaré también sobre cómo es la lactancia materna exclusiva con mellizos una vez instaurada y os contaré mis truquillos para hacerlo más llevadero.

Hasta que conseguí ser madre pasaron tres largos años, y para amenizar la espera me dediqué todo ese tiempo a leer e informarme acerca de la crianza, el parto respetado, el cuidado del bebé… y por supuesto sobre lactancia. Desde que supe que estaba esperando mellizos me informé a conciencia acerca de las particularidades de la lactancia con múltiples, los mitos que existen sobre el tema, las distintas posturas para darles de mamar a la vez y las dificultades en el establecimiento de la lactancia con bebés prematuros.

En fin, podríamos decir que llevaba la lección bien aprendida. Incluso me llevé al hospital una copia digital en el móvil del libro “Un regalo para toda la vida” por si me surgía alguna duda puntual, varias guías de lactancia que me había descargado y los datos de cotacto de algunas asesoras de lactancia por si necesitaba ayuda. Nada podía salir mal.

Y al fin llegó el día de mi cesárea programada. Ingresé a primera hora de la mañana y a las 11:45 ya habían nacido mis dos hijos. Los neonatólogos se los llevaron rápidamente para revisarlos y yo me quedé ingresada en la unidad de recuperación ya que me había dado una subida de tensión postparto. Apenas había podido verles unos segundos, lo suficiente como para comprobar con mis propios ojos que había tenido dos hijos sanos y preciosos. Mi hijo, que evolucionó favorablemente durante todo el embarazo, nació pesando 2200 gr. Y mi hija, quien arrastraba un Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR) severo, nació pesando apenas un kilo pero en muy buen estado, respiró por si misma desde el principio y en un par de horas pasó de la Unidad de Cuidados Intensivos a la Unidad de Cuidados Intermedios. Me alegré muchísimo cuando me enteré, después de estar temiendo por su vida desde la semana 20 del embarazo había nacido viva y sin secuelas aparentes. ¿Qué más podía pedir?

cesarea gemelos mellizos

Esa misma noche logré que me subieran a planta. Mientras tanto, mis hijos permanecían ingresados aunque estables, y yo no dejaba de preguntar una y otra vez cuando podría verlos. Al final no fue posible y esa noche me dormí triste y agotada, pero a la vez ilusionada con poder verlos al día siguiente. Las enfermeras me trajeron calmantes y recuerdo haberles repetido una y otra vez que quería darle el pecho a mis niños para asegurarme de que las pastillas que me daban eran compatibles con la lactancia, y sobre todo para que no me trajeran la pastilla para cortar la leche. Recuerdo que unos días antes del parto había leído en un foro el testimonio de una chica que afirmaba que le habían traído la pastilla sin haberlo solicitado y que casi se la toma sin querer. ¡No quería que eso me pasase a mí!

Al día siguiente me levanté bastante dolorida y un poco confusa, y volví a pedir ver a mis hijos. Cuando vino el ginecólogo de guardia y me dijo que aún no podía ver a mis hijos porque era necesario continuar con la medicación intravenosa se me vino el mundo encima. ¿Acaso no existían los goteros portátiles? ¿Pasaría algo tan grave si se interrumpía la medicación durante tan sólo cinco minutos? Supliqué, lloré, me enfadé, pero no sirvió de nada. No hacían más que decirme que los niños estaban bien y que me conformase con ver las fotos que había hecho mi marido con el móvil. Incluso el ginecólogo me dijo, con cierta sorna, que más me valía tranquilizarme puesto que cuanto más nerviosa me pusiera peor sería para mi tensión, y que a este paso iba a tardar bastantes días en conocer a mis hijos.

Cómo os podréis imaginar fue uno de los días más tristes de mi vida y nadie parecía entender lo mal que me sentía, aunque algunas enfermeras trataban de animarme. Oía bebés llorando en las otras habitaciones y yo que había tenido dos tenía los brazos vacíos. El que tenía que ser el mejor día de mi vida se convirtió en una pesadilla e incluso tuve que pedir que me sacasen la cuna de mi habitación porque no soportaba verla vacía.

Pasadas unas horas logré calmarme y volví a pensar en el tema de la lactancia. ¿No debería estar haciendo algo al respecto aunque no tuviera a los niños conmigo? Las enfermeras que venían periódicamente a revisarme me examinaban el pecho, todas me decían que tenía “buen calostro” pero nadie me decía lo que tenía que hacer y, ¿Cómo iba a subirme la leche sin ningún tipo de estímulo? ¿Cuántos días más iba a estar separada de mis hijos? ¿Y si se me cortaba la leche por estar tanto tiempo separados?

De pronto me veía perdida y bastante confundida y tanta teoría no me estaba sirviendo de nada. Así que decidí hacer algo para sentirme mejor y pedí que me trajeran un sacaleches eléctrico (aunque yo traía en la maleta un par de sacaleches manuales por si acaso). Después de preguntar a un par de enfermeras, conseguí que una de ellas me lo trajera aunque me dijo que personalmente me lo desaconsejaba ya que me iba a provocar una mastitis. Reconozco que me hizo dudar, pero finalmente decidí confiar en mi instinto y enchufé aquel extraño aparato. Prefería pecar por exceso antes que por defecto.

La primera vez que usé el sacaleches me sentí muy extraña, e incluso me asusté al ver cómo se iban agrandando los pezones como consecuencia de la succión. ¿Aquello era normal? jeringuilla calostro lactancia materna¿Por qué no salía nada de nada? Volví a llamar a otra enfermera y le pregunté. Ella me revisó el pecho una vez más, apretó el pezón y me enseñó las gotas de calostro que salían. Aparentemente todo estaba en orden. Sin embargo, cuando yo apretaba no lograba sacar ni una gota, lo único que conseguía era hacerme daño. Me dijo que continuase haciendo extracciones cada dos o tres horas, y que tuviese paciencia. Así lo hice y, finalmente, al tercer intento cayeron un par de gotas de color amarillento, casi transparente. Al fin estaba ahí ese oro líquido tan maravilloso, el calostro. Llamé a una enfermera y lo recogió con una jeringuilla para dárselo a mi hija, que era la que estaba más débil de los dos.  En ese momento recobré la confianza en mi misma y supe que podía hacerlo. Me estaban robando las primeras horas de vida de mis hijos pero no iba a dejar que me robasen también mi lactancia, nuestra lactancia.

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El Bugaboo Donkey: un gran carro gemelar con unas ruedas defectuosas

Estimados Señores de Bugaboo:

Cuando vi el carro por primera vez aún no había salido al mercado en España y la verdad es que leyendo las reseñas en los blogs quedé fascinada. Era justo lo que yo estaba buscando, un carro en el que pudiera llevar a mis mellizos uno al lado del otro pero que fuese relativamente estrecho, fácil de llevar y cómodo para los niños, y que sirviera desde que son recién nacidos hasta los 2 o 3 años.

Sin embargo, reconozco que nuestra relación no empezó con buen pie ya que me costó una discusión con mi madre, quien generosamente se ofreció a regalarnos el producto en cuestión, e insisto en lo de generosamente ya que no es un carro precisamente barato. Resultó que mi madre se empeñó en reservarlo en el Corte Inglés ya en febrero de 2011, siendo que el carrito no llegaba al mercado español hasta el mes de mayo. Yo no estaba ni de tres meses y la verdad es que me pareció la típica exageración de mi señora madre. El tiempo le dio la razón y yo tuve que agachar las orejas y disculparme ya que nos pusieron en lista de espera para…¡Principios de julio!

Sin embargo, decidí apartar mis temores a que el parto se adelantase demasiado (algo previsible en un embarazo gemelar) y me viese con bebés y sin carrito y verlo por el lado positivo, ¡Yo era una de las primeras clientas que había entrado en el selecto club de los futuros propietarios del Bugaboo Donkey!. Mi ilusión se tornó en estupefacción cuando llegó el carro a mi casa a mediados de julio y el repartidor depositó no una, ni dos, ni tres, sino ¡Seis cajas! en la entrada de mi casa. Resultó que además de pagar un alto precio por el carro, y esperar pacientemente durante cinco meses…¡Teníamos que montarlo nosotros! Dado que tal cantidad de cajas apiladas bloqueaba por completo el paso por mi casa, esa tarde la dedicamos por entero mi marido y yo al montaje del carro, aunque reconozco que no pude ser de mucha ayuda con mi barrigón de siete meses. Tampoco me avergüenza reconocer que sudamos la gota gorda mientras tratábamos de comprender las casi indescifrables ilustraciones que acompañan a las instrucciones de montaje.

Al día siguiente finalizamos el montaje y el flamante carro presidía majestuosamente la entrada de mi casa despertando la admiración de todas las visitas. Un mes después nacieron mis hijos y debo reconocer que las prestaciones del carro no me decepcionaron en absoluto. Ciertamente era muy ligero, se podía llevar con una sola mano sin problemas, era lo suficientemente estrecho como para caber en la inmensa mayoría de las puertas y había mucho espacio para guardar los mil y un cachivaches que las multimadres tenemos que llevar encima cuando paseamos a nuestros vástagos. Especialmente útil me resultó la funcionalidad de convertir el carro gemelar en un carro simple durante los dos meses que estuvo mi hija en la incubadora, gracias a eso no tuve que soportar ver el capazo vacío constantemente ni tuve que aguantar preguntas incómodas por parte de los desconocidos acerca de donde se encontraba el mellizo que faltaba. Además, me resultó también útil el hecho de poder utilizar el carro con los maxicosi del coche y el hecho de poder poner las sillas mirando hacia mí (me gusta ver a mis hijos mientras paseamos) o hacia delante (útil para dar de comer a los niños sentados en la silla sin verme franqueada por la barra). También he probado la postura de dos ruedas para meter el carro en la playa y aunque exige aplicar algo de fuerza funciona bien. Definitivamente, había merecido la pena la espera.

bugaboo donkey carro gemelar

Pero dos meses más tarde comenzaron los problemas, cuando un día notamos que se habían deshinchado las ruedas traseras (las ruedas grandes). Una de ellas estaba ligeramente deshinchada pero la otra estaba ya en el suelo. Cogimos el hinchador que ustedes suministran con el propio carro y nos pusimos a ello. Después de tres horas de infructuosos intentos tuvimos que asumir nuestra falta de pericia y al día siguiente acudimos avergonzados al Corte Inglés. Hasta cuatro dependientes trataron de hincharlas sin resultado alguno e incluso pensando que el hinchador nuestro estaba defectuoso probamos con el que tenían ellos en el carro de exposición con el mismo resultado, es decir, ninguno. Incluso un cliente que andaba por allí y que casualmente era ciclista profesional nos prestó su ayuda. Finalmente concluyeron que las ruedas estaban defectuosas y se procedió a solicitar unas ruedas nuevas sin coste alguno. Las recibimos una semana más tarde, e incluso recibí un SMS en el móvil para avisarme de la llegada de las mismas.

Un mes más tarde comprobamos nuevamente que una de las ruedas traseras volvía a estar deshinchada. Dado que la experiencia es un grado, prescindimos desde el principio del uso del hinchador y acudimos a hincharla a una gasolinera (la propia rueda indica que la presión máxima son 30 psi). La rueda quedó como nueva. Sin embargo, al día siguiente volvía a estar deshinchada así que decidimos que mi marido la llevase al Corte Inglés después del trabajo. Con lo que no contábamos es que con carácter previo a encargar una nueva rueda es necesario que los dependientes procedan a revisar el chasis del carro por lo que la visita fue en balde. Ese mismo sábado acudimos la familia al completo a solicitar nuevamente otra rueda, la cual volvimos a recibir una semana después. Ya era mala suerte recibir dos veces ruedas defectuosas pero estas cosas pasan ¿No?

rueda pinchada carro gemelar bugaboo donkey

Y tanto es así que pasa que esta situación se ha repetido hasta CUATRO veces en 9 meses (sin contar con otras tantas veces en que las ruedas se han deshinchado pero sin pincharse ya que hemos conseguido volver a hicharlas). En una ocasión llegué a tener las dos ruedas traseras completamente deshinchadas durante 10 días. Les prometo que hago una vida absolutamente normal, vivo en un núcleo urbano perfectamente asfaltado y no me dedico a pasear sobre los restos de vidrio resultantes del botellón del fin de semana. Y no es que el carro quede inutilizado cuando se pinchan las ruedas, es cierto que se puede utilizar, lo único es que pesa cuatro veces más. Ciertamente, si tengo los brazos cada vez más fibrosos y tonificados se lo debo en parte a ustedes.

La última vez que me ocurrió fue ayer mismo. Acudí a la gasolinera a hinchar la rueda, aparqué el carro en el jardín, le dí de comer a mis hijos y una hora después la rueda volví a estar en el suelo. Sinceramente, me resisto a comprar un carro nuevo no sólo porque quiero amortizar la inversión económica realizada, sino también por todas las cosas buenas que tiene el carro que ya he mencionado en párrafos anteriores. Pero exijo una solución y quiero pensar que ustedes están en disposición de dármela.

Ya se que para el Bugaboo Donkey no se fabrican las ruedas especiales antipinchazos que ustedes venden para otros carros simples, ya que he intentado adquirirlas aunque ello me supusiera un desembolso adicional. E incluso me resigno a aceptar que no hay nada que hacer para evitar que las ruedas traseras se pinchen periódicamente. Pero exijo una compensación. Y no piensen ustedes que quiero aprovecharme de la situación para solicitar una indemnización millonaria como en las películas americanas. Lo único que pido es que ustedes me regalen dos ruedas de repuesto para que cada vez que me ocurra esto pueda seguir utilizando el carro con normalidad mientras espero a que me consigan unas ruedas nuevas mis ya amigos, los dependientes del Corte Inglés. Porque se que me volverá a ocurrir y no siempre estoy en disposición de solicitar unas ruedas nuevas de forma inmediata (por ejemplo, una de las veces me pilló de vacaciones), y aunque el servicio postventa es eficiente siempre trascurren al menos unos 10 días desde que se produce el pinchazo hasta que recibo las ruedas y yo necesito usar el carro a diario.

Quedo a la espera de su respuesta, la cual espero que se produzca a la mayor brevedad por el bien de mi maltrecha espalda.

Atentamente,

Una multimadre cabreada con agujetas en los brazos.

*****

Actualización del post a fecha de 6 de junio:

Le remití el enlace a Bugaboo España a través de su página de Facebook y me contestaron enseguida solicitándome mis datos de contacto. Se los remití por correo electrónico y en menos de 3 horas me llamó una señorita muy amable diciendo que me iban a enviar dos ruedas extra y dos cámaras de aire. Parece ser que la cámara de aire se puede cambiar sin cambiar la rueda, e incluso parchear como si fuera una bicicleta, cosa que en el Corte Inglés no sabían. También parece ser que la primera vez que se me pincharon las dos ruedas además de enviarme dos ruedas nuevas me enviaron dos cámaras de aire y en el ECI no me dijeron nada! Me han dicho también que levante la goma de la rueda e investigue si hay algo clavado en la cámara. Os mantendré informados.

Amor al cuadrado

“Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?

(…)

De tantos sitios vienes,
del agua y de la tierra,
del fuego y de la nieve,
de tan lejos caminas
hacia nosotros dos,
desde el amor terrible
que nos ha encadenado,
que queremos saber
cómo eres, qué nos dices,
porque tú sabes más
del mundo que te dimos.”

Pablo Neruda. 1904-1973

 

El día que fui madre perdí definitivamente el miedo a amar demasiado y empecé a temer no saber demostrarlo lo suficiente. Dos puntitos en una ecografía se convirtieron en esas dos personitas que desde hace nueve meses marcan mi camino y presiden mis sueños. Tres corazones que latían al unísono dentro del mismo cuerpo son ahora tres cuerpos que al caer la noche se buscan para fundirse en un inmenso abrazo.

En la quietud de la noche cierro los ojos y escucho su respiración.  Su fragilidad me enternece, me fascina y me atemoriza al mismo tiempo. No saben leer, ni hablar, ni andar y apenas se mantienen sentados pero me han enseñado más sobre la vida que todas las personas que había conocido hasta ahora.

Les ofrezco mi pecho y al tiempo de nutrir su cuerpo alimentan también mi alma en una simbiosis perfecta. Respiro hondo. Ellos huelen a mí y yo huelo a ellos, o más bien olemos a nosotros, esa triada indestructible que forjó la naturaleza a lo largo de 35 semanas.

Un cordón umbilical invisible nos mantiene indisolublemente unidos, no sabría decir donde empiezan ellos y donde acabo yo, y viceversa. Ella es independiente y luchadora como yo, curiosa como su hermano y tozuda como ella sola. Él es cariñoso y dormilón como yo, juguetón como su hermana y sociable como él solo. Y yo soy una mezcla de todas esas cosas, y muchas otras cosas que ellos no son. Juntos nos parecemos, nos diferenciamos y nos complementamos al mismo tiempo.

mis mellizos de espaldas

Mucha gente me pregunta como es ser multimadre. Ser multimadre es la angustia de oírles llorar a la vez y no saber a cuál atender primero. Es el privilegio de despertarme rodeada de dos sonrisas y de cuatro ojos que me observan con admiración. Es el temor a no saber repartir mi atención entre los dos de forma equitativa. La ternura de ver cómo descubren el mundo juntos y a la vez se descubren el uno al otro. El reto de encontrar un rato cada día para que puedan disfrutar de mí en exclusiva. La tranquilidad de saber que siempre se tendrán el uno al otro. La inmensa responsabilidad de satisfacer las necesidades de dos bebés al mismo tiempo. La suerte de tener dos cuerpos a los que poder abrazar a la vez y cuatro brazos rodeando mi cuello.

Sí, todo eso y mucho más es ser multimadre, aunque si tuviera que resumirlo en tres palabras simplemente lo definiría como amor al cuadrado. Un amor intenso, exigente, a veces agotador pero decididamente maravilloso.

*******

Este post es mi homenaje al primer aniversario del blog La Invasión Twin. Cuando Nuria, mamá bloguera de mellizas y periodista de profesión, me propuso participar me hizo tanta ilusión que hubiese pensado en mí que quise preparar algo especial, un post muy personal con un tono muy distinto al que utilizo habitualmente. Y creo que lo he conseguido porque este post no habla sobre la crianza de múltiples, sino de sentimientos, de mis sentimientos como madre, y estoy segura de que muchas madres -multimadres o no- se sentirán identificadas con lo que he escrito.

Por cierto la foto es mía, son los piececitos de mis hijos. Intenté hacer una fotografía más artística pero se mueven demasiado como para andarse con florituras.

Y en cuanto al poema, aquí podéis leerlo entero.

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¡Esos malditos cólicos a dúo! Manual de supervivencia.

gemelos llorando y madre estresada

Después de la estancia de mi hija en la incubadora, la etapa de los cólicos es uno de los peores recuerdos que tengo de los primeros meses de vida de mis hijos. Un día, sin motivo aparente, al caer la tarde mi hijo empezó a llorar desconsoladamente de forma exagerada. Y yo, madre primeriza por partida doble, con cara de susto pensando que había caído enfermo y temiendo que contagiara a su hermana que por entonces pesaba poco más de dos kilos y medio. Pero no tenía fiebre, tampoco tenía hambre (si le ofrecía el pecho gritaba más y giraba la cabeza), el pañal estaba limpio, entonces…¿Qué estaba pasando?

 Durante las siguientes semanas estos episodios de irritabilidad continuaron al atardecer y sobre todo en la madrugada, entre las dos y las cuatro de la mañana. Y para calmarle no bastaba con cogerle en brazos, sino que además teníamos que ponernos de pie y andar por toda la casa. Y en cuanto parábamos volvía a llorar otra vez.

Por suerte para mí, mi hija ha tenido muchos menos cólicos y curiosamente solía ocurrirle en torno a las 8 de la mañana así que raramente coincidían en la misma franja horaria, aunque también nos ha tocado más de una noche tener que ir caminando por la casa con un niño en cada brazo. Con el tiempo fuimos articulando estrategias más efectivas y menos agotadoras para afrontar los cólicos.

Los cólicos del lactante se caracterizan por ser episodios de llanto intenso en un bebé sano y bien alimentado, sin causa aparente y que normalmente tienen lugar al atardecer. Para identificar los cólicos normalmente se utiliza la “regla de los tres”:

  • Se originan antes del tercer mes de vida
  • El llanto dura tres o más horas (afortunadamente los míos nunca lloraron tanto)
  • Ocurre durante más de tres días a la semana
  • Estos episodios aparecen durante más de tres semanas seguidas

El origen de los cólicos es controvertido ya que sólo se conocen en la cultura occidental y hasta ahora nadie ha podido asegurar que el llanto sea debido a un dolor de estómago. Por ello, algunos autores prefieren denominarlo de forma genérica como “alboroto paroxístico del lactante”. Algunos autores creen que estos episodios de irritabilidad obedecen a una inmadurez del organismo o a un exceso de estimulación. Otros autores consideran que es una forma de manifestar su necesidad de contacto físico. El pediatra Carlos González comenta al respecto lo siguiente:

Porque lo cierto es que el cólico del lactante parece casi exclusivo de nuestra cultura. Algunos lo consideran una enfermedad de nuestra civilización, la consecuencia de dar a los niños menos contacto físico del que necesitan. En otras sociedades, el concepto mismo de cólico es desconocido. En Corea, el doctor Lee no encontró ningún caso de cólico entre 160 lactantes. Al mes de edad, los niños coreanos solo pasaban dos horas al día solos, frente a las dieciséis horas de los norteamericanos. Los niños coreanos pasaban el doble de tiempo en brazos que los norteamericanos, y sus madres respondían prácticamente siempre a su llanto. Las madres norteamericanas ignoran deliberadamente el llanto de sus hijos casi la mitad de las veces.”

Resulta innegable que el contacto físico es fundamental para el desarrollo de los niños a cualquier edad, y más aún durante las primeras semanas de vida. Sin embargo, mis mellizos se pasaban todo el día en mis brazos o tumbados a mi lado, he utilizado portabebés para pasearles, hemos colechado y no por ello nos libramos de los malditos cólicos. La tabla siguiente contiene una serie de directrices para tratarlos:

instrucciones para tratar los cólicos del lactante

Fuente: “Comer, amar, mamar” Autor: Carlos González

En el caso de los múltiples, la situación se puede volver muy estresante cuando son varios bebés los que lloran a la vez. Aunque en otras entradas ya comentamos que generalmente el llanto de nuestros múltiples no suele molestar a sus hermanos, cuando se trata de un llanto especialmente intenso es muy probable que el nerviosismo se vaya contagiando entre ellos. Es por ello que en este tipo de situaciones recomiendo separar a los bebés, incluso en distintas habitaciones si son dos personas las que se están ocupando de ellos.

Por otro lado, es posible que cada bebé requiera una estrategia distinta para calmarse por lo que en el caso de los padres de múltiples tendremos que hacer un esfuerzo extra para echarle imaginación al asunto. Estos son los remedios que nos funcionaron a nosotros:

  • Contacto físico.  Utilizar un portabebés bien apretadito y pasear un poco es una buena estrategia para calmar al bebé. En palabras de Carlos González:

“En Canadá, Hunziker y Barr demostraron que se podía prevenir el cólico del lactante recomendando a las madres que llevasen a su hijo en brazos varias horas al día. Es muy buena idea llevar al bebé colgado, como hacen la mayor parte de las madres del mundo. Hoy en día es posible comprar varios modelos de bandoleras y portabebés en los que puede llevarlo cómodamente por casa y por la calle. No corra a dejar al bebé en la cuna cuando se duerma; les gusta estar con su mamá, aunque estén durmiendo. No espere a que el bebé empiece a llorar, con dos o tres semanas, para tomarlo en brazos; entonces puede que esté pasado de rosca y ni con los brazos se calme.”

A mi hija la encanta ser porteada, incluso hoy en día sigo haciéndolo cuando veo que está muy nerviosa o le cuesta conciliar el sueño. Sin embargo, cuando el bebé está muy nervioso a veces no es fácil o directamente resulta imposible meterle en un portabebés. Mi hijo por ejemplo se agobiaba mucho y con él funcionaba mejor el colecho. Su padre se acostaba junto a él en la cama masajeándole suavemente las sienes y en cinco minutos estaba plácidamente dormido.

Muchas veces este nerviosismo lo causan los gases u otro tipo de molestias en el estómago. Cuando mi hija estuvo ingresada en Neonatología nos recomendaban para estos casos ponernos al bebé en el brazo tumbado boca abajo como muestra la imagen de la izquierda. Si no funcionaba llevábamos al bebé al cambiador, le tumbábamos boca arriba y cogíamos sus tobillos con las manos flexionando las rodillas contra su pecho como muestra la imagen de la derecha.

colico bebe boca abajocolico bebe gases

Por otro lado, si teníamos muy claro que el problema eran los gases practicábamos un masaje que nos enseñaron las enfermeras de Neonatología para facilitar la liberación de los gases. Resulta un poco molesto para el bebé pero es muy efectivo. Consiste en tumbar al bebé boca arriba y levantar sus piernas estiradas contra su pecho mientras que masajeamos la tripa de forma contundente para lograr que suelte los gases. Es importante que no hagáis esto si el bebé acaba de comer ya que podríais provocarle el vómito.

  • El calor: Las enfermeras de Neonatología nos contaban que cuando un bebé estaba muy molesto lo tumbaban boca abajo con las rodillas flexionadas abrazado a un guante quirúrgico que habían rellenado previamente con agua caliente. Nosotros utilizábamos una de esas bolsas que venden en la farmacia y se calientan en el microondas y acostaba al bebé de lado junto a mí en la cama poniendo la bolsa caliente entre los dos a la altura de su estómago. Acostar al bebé boca abajo es un factor de riesgo estrechamente relacionado con la muerte súbita del lactante. En las unidades de Neonatología las constantes vitales del bebé están constantemente monitorizadas por lo que ese riesgo no existe, pero si decides acostarle un rato boca abajo en la cuna para calmarle no dejes de vigilarle.
  • Las bañeras anticólicos: Esta fue una recomendación de la Cardióloga de mi hija y la verdad es que tuvo bastante éxito. Son unas bañeras con forma de maceta que tratan de imitar las condiciones del vientre materno para calmar al bebé. ¡La de baños que habré preparado a las 4 de la mañana! Eso sí, a veces cuando sacaba al bebé de la bañera volvía a empezar a llorar…

bañera anticólicos

  • El ruido blanco: Se denomina ruido blanco a los sonidos como el de la campana extractora de la cocina, el secador, la aspiradora o el sonido de la televisión cuando se encuentra en un canal no sintonizado. Está demostrado que este tipo de ruidos favorece la relajación de bebés, adultos e incluso mascotas. En el caso concreto de los bebés, les recuerda a los sonidos que escuchaban cuando estaban en el útero y además enmascara cualquier otro ruido del entorno que pueda molestarles. La verdad es que este truco es super efectivo y no hace falta que queméis el secador. En la página web de Simply Noise podéis encontrar un reproductor de ruido blanco e incluso tienen una aplicación gratuita para Iphone.
  • Cambio de rutinas: Si los cólicos tienden a aparecer a la misma hora todos los días trata de modificar las rutinas de los bebés por ejemplo adelantando o retrasando la hora del baño, o sacándolos a pasear cuando sospeches que van a empezar los cólicos.

Y por último os dejo un par de consejos sobre lo que NUNCA hay que hacer en estos casos:

  • Nunca dejes al bebé solo llorando en otra habitación. Es posible que ninguno de estos trucos logre calmarle en un momento dado pero incluso en ese caso ten en cuenta que a veces las personas necesitamos llorar para liberar tensiones y a todos nos gusta sentirnos acompañados en los malos momentos.
  • Trata de no perder los nervios para no trasmitirle tu nerviosismo al bebé. Si ves que la situación te está sobrepasando deja al bebé en un lugar seguro y sal unos minutos a tomar el aire. Y sobre todo, nunca zarandees al bebé ya que lo único que conseguirás es aterrorizarle y además es una práctica muy peligrosa que podría causarle lesiones neurológicas e incluso la muerte.
  • No le administres ningún medicamento sin haberlo consultado antes con tu pediatra. Yo he probado los típicos remedios homeopáticos como el colimil y el colikind y en mi opinión no sólo son carísimos sino que además no sirven para nada.

Finalmente comentar que lamentablemente ninguno de estos remedios es la panacea. Al final, lo único que soluciona los cólicos de forma definitiva es el paso del tiempo. Normalmente los cólicos remiten a los cuatro o cinco meses, si no fuera así consulta con tu pediatra.

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Los múltiples en la cuna, ¿Juntos o separados?

Una de las preocupaciones típicas de las futuras mamás es la elección de la cuna. En caso de estar esperando múltiples, la elección implica también decidir si queremos que duerman juntos o separados. Hace unos días, una mamá de mellizas de nuestra página de Facebook estuvo pidiendo consejo sobre este tema, y así es como me vino la idea de escribir esta entrada.

Teniendo en cuenta que la relación entre nuestros múltiples comienza en el propio útero, mucho antes de su nacimiento, parece lógico que una vez que hayan nacido sigan necesitando sentir esa cercanía. De hecho, en algunos hospitales americanos es una práctica habitual poner a los gemelos prematuros en la misma incubadora, ya que diversos estudios han puesto de relieve que de esta forma crecen más deprisa y se recuperan más rápido. Otros estudios destacan también la mejora en la actividad cardiaca, una respiración más tranquila, una mayor cantidad de oxígeno en sangre, los bebés están más relajados, el desarrollo motor mejora y la proporción de ingresos hospitalarios posteriores es menor.

En el caso concreto de España, el Hospital Santa Fé de Valencia llevó a cabo una experiencia piloto en el año 2002. Los resultados evidenciaron una mejora general en el desarrollo de los bebés, así como un descenso en el nivel de ansiedad de los padres. Desde entonces dispone de incubadoras dobles y de unas cunas especiales importadas desde Suecia. Estas incubadoras se utilizan también para los trillizos recién nacidos y cuando éstos ya no caben se utiliza un sistema de rotación para que todos los hermanos puedan beneficiarse de este contacto físico. La Doctora Lola Bernabeu, jefa de la planta de Neonatología afirma al respecto que:

“Hemos descubierto que las madres siguen acostando a sus gemelos en una sola cuna después de la experiencia de la incubadora compartida. No cabe duda de que su compañía les beneficia”.

gemelos recien nacidos compartiendo cuna

Sin embargo, aunque la mayoría de los expertos están de acuerdo con los beneficios citados, otros autores consideran que el hecho de compartir cuna durante los primeros meses es un factor que aumenta el riesgo de la muerte súbita del lactante. La Doctora Helen Ball, de la Universidad de Durkham, ha estudiado en profundidad este fenómeno concluyendo que no existe un mayor riesgo por compartir la cuna los primeros tres meses, siempre y cuando los padres sigan las normas de seguridad adecuadas y eviten un aumento excesivo de la temperatura corporal de los bebés (teniendo en cuenta que ya se dan calor el uno al otro, el uso de otros elementos como los arrullos puede resultar excesivo, por ejemplo). Además, afirma que esta práctica ayuda a sincronizar los despertares de los bebés ya que fomentaría un patrón de sueño y de alimentación similar.

En mi caso, cuando recibí el alta de mi hija le pregunté directamente a la Neonatóloga acerca de la conveniencia de poner o no a mis mellizos juntos en la misma cuna y ella misma me recomendó que lo hiciera. De hecho, si investigáis un poco en los foros de Internet veréis como la mayoría de las mamás hemos optado por acostarles juntos en la cuna durante los primeros meses.

En cuanto a los aspectos prácticos, es evidente que el hecho de tener a todos los bebés en la misma cuna facilita enormemente la tarea de atenderles durante la noche, especialmente si la madre les está dando el pecho. Además, la Asociación Española de Pediatría recomienda que los bebés compartan el dormitorio con sus padres al menos durante los seis primeros meses de vida, y en la mayoría de las habitaciones resulta muy difícil tener dos cunas por una cuestión de espacio.

Por otro lado comentar también que, por norma general, no es cierta la creencia popular que afirma que el llanto de uno de los bebés perturbará el sueño de los demás. Lo cierto es que los bebés múltiples están acostumbradísimos a oír el llanto de sus hermanos y en la mayoría de los casos ni se inmutan. La verdad es que a mí me parece increíble cuando veo a uno de mis hijos berreando sin parar y al otro tan tranquilo durmiendo a su lado.

Y por último, ¿Cuándo debemos separarlos? Yo creo que eso depende de cómo sean los bebés y qué tal duerman juntos. Como norma general, será conveniente separarles en torno a los 7 meses, que es cuando empiezan a rotar sobre sí mismos y a gatear por encima del cuerpo de sus hermanos. Por otro lado, también habrá casos en los que los bebés no se encuentren cómodos durmiendo juntos desde el principio si, por ejemplo, uno de ellos se mueve mucho y despierta al otro.

Mis mellizos han dormido juntos en nuestro dormitorio desde recién nacidos y creo que para ellos ha sido una experiencia positiva, y a mí me ha resultado muy cómodo tenerlos a los dos junto a mi cama. Actualmente tienen ya 9 meses y siguen juntos, pero claro, ya gatean bastante y a veces uno de ellos se desvela y se pone a menearse en la cuna o se sube encima de la cabeza del otro. El problema es que no me cabe una cuna más grande en la habitación, y tampoco me puedo plantear llevarles a su propio dormitorio ya que aún hacen muchas tomas nocturnas y si les traslado me voy a pasar toda la noche en el pasillo yendo de una habitación a otra. Así que ese el dilema al que me enfrento, y como creo que va a ser peor el remedio que la enfermedad, me temo que de momento vamos a tener que seguir padeciendo esos pequeños inconvenientes. Aunque no duerma demasiado últimamente, al menos no tengo que levantarme de la cama para atenderlos.

Por cierto, si queréis más información, podéis leer aquí un post completísimo sobre este tema escrito por una madre de gemelos ¡por partida doble!