Mi primer aniversario como (multi)madre

Recién aterrizada de vacaciones, el jueves pasado fue un día muy especial para mí ya que mis mellizos cumplieron su primer año. Parece un tópico eso de que crecen tan rápido que apenas te das cuenta, pero es completamente cierto. Hace ahora un año eran unos bebés diminutos cuya vida consistía básicamente en comer y dormir, y ahora son dos bebés inquietos que no paran de jugar, se ponen de pie, trepan para subirse a los muebles y ya amenazan con dar sus primeros pasos.

tartas primer cumpleaños gemelos mellizos

Han pasado tantísimas cosas en estos 365 días que incluso me cuesta recordar con nitidez algunos momentos. Si tuviera que definir en una sola palabra mi primer año como madre diría que ha sido intenso, o más bien intensivo, ya que cuidar de dos bebés durante 24 horas al día es bastante agotador. Pero, por otro lado, creo que se me ha dado mejor de lo que yo esperaba teniendo en cuenta que mi experiencia previa en el cuidado de bebés era nula.

Uno de mis primeros y mejores recuerdos fue durante el parto, cuando pusieron a mi hijo sobre mí mientras sacaban a mi niña. Entonces, él alargó la mano y me cogió la nariz. No puedo describir con palabras la mezcla de emoción y ternura que sentí en aquellos momentos, de pronto sentí un enamoramiento tan intenso que me hizo llorar, y a la vez me sentí abrumada por la enorme responsabilidad que se me venía encima. ¿Sabría cuidarlos bien? ¿Estaría a la altura? Y al final resultó que era cierto, que la maternidad es algo eminentemente instintivo, y la primera vez que cogí en brazos a mi pequeñísimo hijo de apenas dos kilos sentí que llevaba toda la vida haciéndolo.

Recuerdo también la primera vez que me dejaron ver a mi hija cuatro días después del parto. Con tan sólo un kilo de peso, metida en su incubadora y rodeada de tantos cables, en apariencia tan delicada pero sin embargo tan luchadora. Se la veía tan larga y tan delgadita pero con una cara preciosa, parecía una pequeña princesa atrapada en una urna de cristal. Le pedí a la enfermera que la sacara, la abracé y lloré durante un buen rato, lágrimas de pena por verla en esa situación, pero sobre todo de alegría y de alivio, ¡Estaba viva y estaba sana!

Tampoco puedo olvidar ese maravilloso 20 de septiembre cuando mi hija recibió al fin el alta y pude llevármela a casa con nosotros. Ese fue el día en que empezó realmente mi nueva vida como multimadre, y se acabó el tormento de tener mi corazón constantemente dividido en dos. La primera vez que ví a mis hijos dormir juntos en la misma cuna también fue un momento memorable, me lo había imaginado tantas veces que ni siquiera me parecía real.

mellizos gemelos durmiendo abrazados

Mis mellizos durmiendo la siesta abrazados hace un par de semanas

Sin duda, esos fueron los momentos más especiales, aunque creo que este último año he sentido más emociones que durante el resto de mi vida. He reído viendo sus primeras trastadas, he llorado de impotencia cuando no podía calmar sus cólicos, me he sorprendido con la aparición de sus primeros dientes, me he agobiado tratando de conciliar el cuidado de mi hijo con las visitas diarias al hospital para ver a su hermana, me he emocionado con cada gesto de complicidad que se hacen el uno al otro, he sentido frustración por todos los obstáculos que he tenido que superar para establecer la lactancia (y he sentido el orgullo de haberlos superado todos), he padecido el agotamiento de tantas noches sin dormir, he gozado de la felicidad de despertarme abrazada a mis dos pequeñines, he sentido el miedo y la incertidumbre por el estado de salud de mi hija y la pena de tener que dejarla ingresada en el hospital mientras los demás nos íbamos a casa.

Por tanto, ha sido un año agridulce pero sin duda el balance es claramente positivo, y las pocas cosas malas que han ocurrido quedarán enterradas para siempre en el fondo de mi memoria como algo anecdótico. Nunca me alegraré suficiente de haber solicitado una excedencia para cuidar de mis hijos, a pesar de que sin duda tendrá consecuencias negativas sobre mi carrera profesional. Todo este tiempo que hemos compartido no tiene precio y a pesar de que al principio temía agobiarme por estar todo el día en casa sola con los niños, al final todo ha sido mucho más fácil de lo que yo pensaba. Ahora mismo ni siquiera imagino el momento de separarme de ellos.

Durante este año he aprendido muchísimo acerca del cuidado del bebé, he conocido todo tipo de artículos de puericultura que ni siquiera imaginaba que existieran y he contactado con otras madres a través de internet para intercambiar experiencias. Y, sobre todo, he aprendido muchísimo sobre mi misma, conociendo habilidades que no sabía que tenía, y también otros defectos que me gustaría no tener. Me gustaría ser una madre perfecta pero por desgracia tan solo soy una madre humana más. Pero prometo intentar hacerlo mejor cada día, ya que mi nueva carrera como madre no ha hecho más que empezar. Gracias G. y C. porque vuestro amor me hace mejor persona.

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gemelos llorando y madre estresada

Después de la estancia de mi hija en la incubadora, la etapa de los cólicos es uno de los peores recuerdos que tengo de los primeros meses de vida de mis hijos. Un día, sin motivo aparente, al caer la tarde mi hijo empezó a llorar desconsoladamente de forma exagerada. Y yo, madre primeriza por partida doble, con cara de susto pensando que había caído enfermo y temiendo que contagiara a su hermana que por entonces pesaba poco más de dos kilos y medio. Pero no tenía fiebre, tampoco tenía hambre (si le ofrecía el pecho gritaba más y giraba la cabeza), el pañal estaba limpio, entonces…¿Qué estaba pasando?

 Durante las siguientes semanas estos episodios de irritabilidad continuaron al atardecer y sobre todo en la madrugada, entre las dos y las cuatro de la mañana. Y para calmarle no bastaba con cogerle en brazos, sino que además teníamos que ponernos de pie y andar por toda la casa. Y en cuanto parábamos volvía a llorar otra vez.

Por suerte para mí, mi hija ha tenido muchos menos cólicos y curiosamente solía ocurrirle en torno a las 8 de la mañana así que raramente coincidían en la misma franja horaria, aunque también nos ha tocado más de una noche tener que ir caminando por la casa con un niño en cada brazo. Con el tiempo fuimos articulando estrategias más efectivas y menos agotadoras para afrontar los cólicos.

Los cólicos del lactante se caracterizan por ser episodios de llanto intenso en un bebé sano y bien alimentado, sin causa aparente y que normalmente tienen lugar al atardecer. Para identificar los cólicos normalmente se utiliza la “regla de los tres”:

  • Se originan antes del tercer mes de vida
  • El llanto dura tres o más horas (afortunadamente los míos nunca lloraron tanto)
  • Ocurre durante más de tres días a la semana
  • Estos episodios aparecen durante más de tres semanas seguidas

El origen de los cólicos es controvertido ya que sólo se conocen en la cultura occidental y hasta ahora nadie ha podido asegurar que el llanto sea debido a un dolor de estómago. Por ello, algunos autores prefieren denominarlo de forma genérica como “alboroto paroxístico del lactante”. Algunos autores creen que estos episodios de irritabilidad obedecen a una inmadurez del organismo o a un exceso de estimulación. Otros autores consideran que es una forma de manifestar su necesidad de contacto físico. El pediatra Carlos González comenta al respecto lo siguiente:

Porque lo cierto es que el cólico del lactante parece casi exclusivo de nuestra cultura. Algunos lo consideran una enfermedad de nuestra civilización, la consecuencia de dar a los niños menos contacto físico del que necesitan. En otras sociedades, el concepto mismo de cólico es desconocido. En Corea, el doctor Lee no encontró ningún caso de cólico entre 160 lactantes. Al mes de edad, los niños coreanos solo pasaban dos horas al día solos, frente a las dieciséis horas de los norteamericanos. Los niños coreanos pasaban el doble de tiempo en brazos que los norteamericanos, y sus madres respondían prácticamente siempre a su llanto. Las madres norteamericanas ignoran deliberadamente el llanto de sus hijos casi la mitad de las veces.”

Resulta innegable que el contacto físico es fundamental para el desarrollo de los niños a cualquier edad, y más aún durante las primeras semanas de vida. Sin embargo, mis mellizos se pasaban todo el día en mis brazos o tumbados a mi lado, he utilizado portabebés para pasearles, hemos colechado y no por ello nos libramos de los malditos cólicos. La tabla siguiente contiene una serie de directrices para tratarlos:

instrucciones para tratar los cólicos del lactante

Fuente: “Comer, amar, mamar” Autor: Carlos González

En el caso de los múltiples, la situación se puede volver muy estresante cuando son varios bebés los que lloran a la vez. Aunque en otras entradas ya comentamos que generalmente el llanto de nuestros múltiples no suele molestar a sus hermanos, cuando se trata de un llanto especialmente intenso es muy probable que el nerviosismo se vaya contagiando entre ellos. Es por ello que en este tipo de situaciones recomiendo separar a los bebés, incluso en distintas habitaciones si son dos personas las que se están ocupando de ellos.

Por otro lado, es posible que cada bebé requiera una estrategia distinta para calmarse por lo que en el caso de los padres de múltiples tendremos que hacer un esfuerzo extra para echarle imaginación al asunto. Estos son los remedios que nos funcionaron a nosotros:

  • Contacto físico.  Utilizar un portabebés bien apretadito y pasear un poco es una buena estrategia para calmar al bebé. En palabras de Carlos González:

“En Canadá, Hunziker y Barr demostraron que se podía prevenir el cólico del lactante recomendando a las madres que llevasen a su hijo en brazos varias horas al día. Es muy buena idea llevar al bebé colgado, como hacen la mayor parte de las madres del mundo. Hoy en día es posible comprar varios modelos de bandoleras y portabebés en los que puede llevarlo cómodamente por casa y por la calle. No corra a dejar al bebé en la cuna cuando se duerma; les gusta estar con su mamá, aunque estén durmiendo. No espere a que el bebé empiece a llorar, con dos o tres semanas, para tomarlo en brazos; entonces puede que esté pasado de rosca y ni con los brazos se calme.”

A mi hija la encanta ser porteada, incluso hoy en día sigo haciéndolo cuando veo que está muy nerviosa o le cuesta conciliar el sueño. Sin embargo, cuando el bebé está muy nervioso a veces no es fácil o directamente resulta imposible meterle en un portabebés. Mi hijo por ejemplo se agobiaba mucho y con él funcionaba mejor el colecho. Su padre se acostaba junto a él en la cama masajeándole suavemente las sienes y en cinco minutos estaba plácidamente dormido.

Muchas veces este nerviosismo lo causan los gases u otro tipo de molestias en el estómago. Cuando mi hija estuvo ingresada en Neonatología nos recomendaban para estos casos ponernos al bebé en el brazo tumbado boca abajo como muestra la imagen de la izquierda. Si no funcionaba llevábamos al bebé al cambiador, le tumbábamos boca arriba y cogíamos sus tobillos con las manos flexionando las rodillas contra su pecho como muestra la imagen de la derecha.

colico bebe boca abajocolico bebe gases

Por otro lado, si teníamos muy claro que el problema eran los gases practicábamos un masaje que nos enseñaron las enfermeras de Neonatología para facilitar la liberación de los gases. Resulta un poco molesto para el bebé pero es muy efectivo. Consiste en tumbar al bebé boca arriba y levantar sus piernas estiradas contra su pecho mientras que masajeamos la tripa de forma contundente para lograr que suelte los gases. Es importante que no hagáis esto si el bebé acaba de comer ya que podríais provocarle el vómito.

  • El calor: Las enfermeras de Neonatología nos contaban que cuando un bebé estaba muy molesto lo tumbaban boca abajo con las rodillas flexionadas abrazado a un guante quirúrgico que habían rellenado previamente con agua caliente. Nosotros utilizábamos una de esas bolsas que venden en la farmacia y se calientan en el microondas y acostaba al bebé de lado junto a mí en la cama poniendo la bolsa caliente entre los dos a la altura de su estómago. Acostar al bebé boca abajo es un factor de riesgo estrechamente relacionado con la muerte súbita del lactante. En las unidades de Neonatología las constantes vitales del bebé están constantemente monitorizadas por lo que ese riesgo no existe, pero si decides acostarle un rato boca abajo en la cuna para calmarle no dejes de vigilarle.
  • Las bañeras anticólicos: Esta fue una recomendación de la Cardióloga de mi hija y la verdad es que tuvo bastante éxito. Son unas bañeras con forma de maceta que tratan de imitar las condiciones del vientre materno para calmar al bebé. ¡La de baños que habré preparado a las 4 de la mañana! Eso sí, a veces cuando sacaba al bebé de la bañera volvía a empezar a llorar…

bañera anticólicos

  • El ruido blanco: Se denomina ruido blanco a los sonidos como el de la campana extractora de la cocina, el secador, la aspiradora o el sonido de la televisión cuando se encuentra en un canal no sintonizado. Está demostrado que este tipo de ruidos favorece la relajación de bebés, adultos e incluso mascotas. En el caso concreto de los bebés, les recuerda a los sonidos que escuchaban cuando estaban en el útero y además enmascara cualquier otro ruido del entorno que pueda molestarles. La verdad es que este truco es super efectivo y no hace falta que queméis el secador. En la página web de Simply Noise podéis encontrar un reproductor de ruido blanco e incluso tienen una aplicación gratuita para Iphone.
  • Cambio de rutinas: Si los cólicos tienden a aparecer a la misma hora todos los días trata de modificar las rutinas de los bebés por ejemplo adelantando o retrasando la hora del baño, o sacándolos a pasear cuando sospeches que van a empezar los cólicos.

Y por último os dejo un par de consejos sobre lo que NUNCA hay que hacer en estos casos:

  • Nunca dejes al bebé solo llorando en otra habitación. Es posible que ninguno de estos trucos logre calmarle en un momento dado pero incluso en ese caso ten en cuenta que a veces las personas necesitamos llorar para liberar tensiones y a todos nos gusta sentirnos acompañados en los malos momentos.
  • Trata de no perder los nervios para no trasmitirle tu nerviosismo al bebé. Si ves que la situación te está sobrepasando deja al bebé en un lugar seguro y sal unos minutos a tomar el aire. Y sobre todo, nunca zarandees al bebé ya que lo único que conseguirás es aterrorizarle y además es una práctica muy peligrosa que podría causarle lesiones neurológicas e incluso la muerte.
  • No le administres ningún medicamento sin haberlo consultado antes con tu pediatra. Yo he probado los típicos remedios homeopáticos como el colimil y el colikind y en mi opinión no sólo son carísimos sino que además no sirven para nada.

Finalmente comentar que lamentablemente ninguno de estos remedios es la panacea. Al final, lo único que soluciona los cólicos de forma definitiva es el paso del tiempo. Normalmente los cólicos remiten a los cuatro o cinco meses, si no fuera así consulta con tu pediatra.

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