La desgraciada historia de las quintillizas Dionne

Hace una semanas, hablando del tema de la cigosidad, hacíamos referencia a las hermanas canadienses Dionne, por tratarse del único caso documentado de quintillizas idénticas así como el primer caso de quintillizos que hubieran sobrevivido hasta la edad adulta.

En el año 1934 Canadá sufría una dura recesión económica y muchas familias estaban siendo castigadas por el hambre y el desempleo. En este contexto, un lunes 28 de mayo vinieron al mundo, -sietemesinas y con la asistencia del Dr. Allan Roy Dafoe y dos parteras-, las hermanas Annette, Cecile, Emilie, Marie e Ivonne. Las hermanas Dionne nacieron en un entorno rural en la ciudad de Corbeil (Ontario), hijas de un matrimonio pobre, propietario de una granja y que ya contaba con otros cinco hijos.

quintillizas Dionne y su madre

Fuente: Blog Ajiruland

Los bebés nacieron tan pequeños que cabían en la palma de una mano y, dada la ausencia de medios técnicos, se les colocó en una cesta de mimbre rodeadas de botellas calientes. Más tarde, un periódico obsequió a la familia con una incubadora.

Así, rápidamente las agencias de noticias difundieron el caso y cuando habían transcurrido apenas dos días después del parto, los padres recibieron una propuesta económica para exhibir a las criaturas en la Feria Internacional de Chicago. Una semana después los Dionne ya habían firmado el contrato. Sin embargo, el Dr. Roy rápidamente mostró su oposición, ya que las niñas eran muy pequeñas y estaban muy débiles, ni siquiera eran capaces de abrir aun los ojos.

Unos meses después del nacimiento, el Gobernador Mitchell Hepburn decidió retirarle la custodia de las niñas a la familia Dionne, dejándolas a cargo del Dr. Dafoe. Así, se construyó un hospital especialmente para ellas bautizado como “Quintland”, situado justo enfrente de la casa de sus padres. Las niñas se pusieron bajo la supervisión de varias enfermeras, y algunas vecinas les fueron llevando leche materna, y así fue como consiguieron sacarlas adelante.

hospital quintland quintillizas dionne

Vista del hospital. Fuente: Quintland.com

Desde entonces la vida de las quintillizas fue totalmente mercantilizada. Muchos curiosos empezaron a acudir a Quintsland para observar a los bebés a través de un ventanal. Más tarde, en el lateral de Quintland había una zona ajardinada en donde las niñas salían a jugar dos veces al día. Diariamente acudían más de 6000 turistas a observarlas. Se calcula que sólo durante el primer año el Gobierno canadiense ingresó más de 51 millones de dólares gracias al turismo, y Quintland pasó a ser la atracción turística más visitada del país, por encima incluso de las cataratas de Niágara. En el pueblo empezaron a aparecer moteles, gasolineras y restaurantes de comida rápida destinados a atender las necesidades de los turistas. Por su parte, el Dr. Defoe acabó cegado por la avaricia, lucrándose con la venta de los derechos de las imágenes de las niñas y con los derechos de autor de los libros que escribió.

visitantes quintillizas dionne quintland

Hordas de visitantes haciendo cola para ver a las quintillizas. Fuente: Quintland.com

Pronto se generaron todo tipo de productos de merchandising en torno a la vida de las quintillizas como camisetas, postales y muñecas. El padre de las niñas montó una tienda de recuerdos en la que uno de los productos más vendidos eran unas piedras de su granja que supuestamente servían para potenciar la fertilidad. Las hermanas incluso protagonizaron varias campañas publicitarias para marcas como Palmolive o Colgate, obras de teatro y películas de Hollywood.

campañas publicidad quintillizas dionne

Campañas publicitarias protagonizadas por las quintillizas. Fuente: Blog Ajiruland

Años más tarde la familia Dionne entabló una batalla judicial para recuperar la custodia de las niñas alegando que estaban siendo sometidas a un maltrato psicológico por parte del Dr. Dafoe. Ciertamente, la vida de las niñas era de todo menos feliz. Tenían prohibido abandonar el hospital, por lo que no tenían amigas y apenas ningún contacto con el mundo exterior. Además, nadie -ni siquiera sus padres- podía tomarles fotos ya que los derechos fueron comprados por el periódico The Sun. También tenían prohibido ser besadas o abrazadas, y se les obligaba a hablar en inglés, ignorando sus raíces francófonas.

En 1941 la familia Dionne recuperó la tutela de las niñas, que con 9 años regresaron con su familia, y la fundación Dionne construyó para ellas una casa de 20 habitaciones. Sin embargo, a tenor de los libros que se escribieron más tarde, su calidad de vida tampoco mejoró demasiado. La vida de las niñas transcurrió rodeada de acusaciones de malos tratos e incluso abusos sexuales por parte de su padre. Cuando cumplieron 18 años todas ellas abandonaron la casa familiar y cortaron la relación con el resto de la familia.

En 1954 Emilie falleció ahogada debido a un ataque de epilepsia mientras estudiaba para meterse a monja. Marie tuvo hijos y se divorció, falleciendo en 1970 por un derrame cerebral a la edad de 36 años. Las tres hermanas supervivientes decidieron volver a vivir juntas.

Dado que las quintillizas nunca tuvieron acceso a todo el dinero que habían generado, en 1998 las hermanas supervivientes demandaron al Gobierno de Ontario, recibiendo una compensación de 4 millones de dólares cada una. Yvonne trató de meterse a monja sin éxito y falleció en el año 2001. Por su parte, Cecile y Anette, ambas casada y divorciadas, fallecieron en febrero de 2012.

Si queréis saber más sobre esta sobrecogedora historia, os invito a ver el largometraje canadiense “Million dollar babies”, que cuenta la historia de las hermanas Dionne. La película, rodada en 1994 y protagonizada por Beau Bridges, está basada en la novela “Time of their lives-The Dionne Tragedy”. En este enlace podéis disfrutarla en español:

Entradas relacionadas:

La historia de mi lactancia (III): Estableciendo la lactancia con mi hija ingresada en la incubadora

En las entradas anteriores os hablé de mi parto y de cómo logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo después de 48 horas separados. Con mi hija fue todo muy distinto, ya que ella nació para romper moldes, sobrevivió al embarazo contra todo pronóstico y nació con tan sólo un kilo de peso pero muchísimas ganas de vivir, dándonos una lección de entereza a todos.

Tardé cuatro largos días desde el parto en conocer a mi niña, cuando al fin se estabilizó mi tensión y me fue retirada la medicación intravenosa. Lo primero que hice fue bajar a conocerla, pedí que la sacaran de la incubadora para practicar el método canguro y lloré, no me podía creer que estuviera viva y tan sana a pesar de todo. Era un bebé pequeñísimo, extremadamente delgado y aún tenía su carita a medio formar, a medio camino entre un recién nacido y un feto.

En la Unidad de Cuidados Medios en donde estaba ingresada los padres teníamos acceso ilimitado las 24 horas. Además, el personal sanitario fomentaba la práctica del método canguro. Sin embargo, en cuanto al tema de la lactancia había bastante desinformación. Ya una de las primeras veces que bajé a visitarla me dijo una enfermera que ni se me ocurriese darle el pecho a mi hijo, que tenía que guardar toda la leche materna para mi hija porque estaba más delicada de salud, dando por hecho que no tendría suficiente leche para alimentarles a los dos. Lo más irónico de la situación es que al lado de la incubadora había un enorme póster de una mujer amamantando gemelos.

Durante las primeras cuatro semanas mi hija se alimentó mediante sonda nasogástrica ya que estaba demasiado débil como para ser alimentada mediante biberón (y como ya comenté en la entrada anterior no se contemplaban otros métodos para alimentar a los recién nacidos). Realizaba ocho tomas al día de 40 cc cada una (creo que las primeras tomas eran de 20 cc), aunque las enfermeras me advirtieron que tendría que traer 50 cc por toma ya que al introducir la leche en la sonda siempre se pbolsas de leche medelaerdía un poquito. Así que yo no dejaba de sacarme leche, ni en casa ni en el hospital. Sin embargo, reconozco que casi ningún día conseguí sacarme leche suficiente para cubrir esas ocho tomas, no por falta de leche sino más bien por falta de tiempo ya que la lactancia a demanda con mi hijo me ocupaba muchísimo tiempo.

Al principio apenas lograba sacarme leche con el sacaleches pero pronto le cogí el truco a base de mucha constancia. Generalmente me sacaba leche suficiente para cubrir entre cinco y siete tomas. Aunque reconozco que en algún momento me sentí culpable, ya que mi hijo si estaba siendo alimentado mediante lactancia materna exclusiva, decidí plantearme la situación como una estrategia a largo plazo con una meta clara; lograr una lactancia exclusiva con los dos. Y para ello era muy importante que no me marcase metas poco realistas, mi hija estaría ingresada unos dos meses y tenía que medir muy bien mis fuerzas para que no me venciera el cansancio por el camino.

La mayor dificultad a la que me enfrentaba en esa etapa era compatibilizar la lactancia a demanda de mi hijo con las visitas diarias a la incubadora. No quise separarme de mi hijo ni un solo día por lo que me lo llevaba a ver a mi hija cada tarde y su padre y yo nos turnábamos para ocuparnos cada uno de un bebé. Mientras yo estaba con mi hija su padre estaba paseando a mi hijo en el parque de enfrente del hospital y viceversa. Cuando mi hijo lloraba reclamando alimento yo abandonaba la sala de Neonatos y bajaba a darle el pecho, mientras que papá subía a quedarse con mi niña hasta que yo acabase. Así una y otra vez día tras día.

Mi hijo me reclamaba muchísimo y era francamente agotador pero con todo lo que había sufrido para lograr una lactancia materna exclusiva con él no quería darle ni un solo biberón ya que temía que ello afectase a mi producción de leche. A veces me agobiaba un poco ya que las tomas de las primeras semanas eran muy largas y después de pasar todo el día junto a él en casa cuando llegaba al hospital me apetecía estar con mi hija sin interrupciones. A su vez, el pobrecito también tuvo que pasar algún mal rato cuando yo no podía bajar en ese momento a darle el pecho por causas de fuerza mayor, como por ejemplo cuando practicaba el método canguro, ya que la duración mínima era de una hora. Aunque creo que lo pasaba peor su padre, quien se veía impotente para calmarle aunque al final siempre lo conseguía.

Cuando mi hija contaba con unas tres semanas y pico decidió arrancarse la sonda nasogástrica por su cuenta y riesgo, y dado que no era el primer intento las enfermeras decidieron darle una oportunidad y empezaron a darle biberones. Aunque muchas veces se quedaba dormida comiendo y tardaba una eternidad en acabar las tomas toleraba bien el alimento y poco a poco iba cogiendo peso hasta que con cinco semanas logró salir de la incubadora.

Cuando la ví en la cuna térmica no pude evitar emocionarme, ¡Había cambiado tanto en cinco semanas! Pregunté cuando podía intentar darle el pecho y me dijeron que lo consultarían con el médico. Unos días más tarde comencé a ofrecerle el pecho pero mi pobre hija lloraba y lloraba, creo que ni siquiera sabía para que servía. Algunas enfermeras me propusieron que no me complicara la vida y que optara por alimentar a mis mellizos con mi leche extraída en biberón pero yo no contemplaba esa posibilidad. Sabía que una lactancia no se puede mantener mucho tiempo si el único estímulo que recibe el pecho es el de un sacaleches y yo, después de todo el esfuerzo que estaba haciendo, evidentemente deseaba lograr una lactancia prolongada. Además la lactancia materna es mucho más que alimento, es cariño, es consuelo, ¡Yo no quería perderme todo eso!

cunas termicas bebes incubadora

Intentar que mi hija cogiese el pecho en esa sala llena de gente, sin ninguna intimidad, me resultaba francamente violento y desagradable. Hice lo mismo que con su hermano, llegaba un rato antes de la toma y le ofrecía mi pecho, y después le daba un biberón. Mi hija lo rechazó durante varios días hasta que un día lo cogió de forma espontánea. Pero esta vez no era tan sencillo ya que la alimentación no era a demanda, y el horario de las tomas era muy estricto por lo que en ocasiones me encontraba con que cuando le ofrecía mi hija aún no tenía hambre, o cuando estaba a punto de conseguir que cogiese el pecho venía una enfermera a meterme prisa porque se estaba pasando la hora de la toma. Recuerdo otra vez que mi hija se pasó más de una hora tomando pecho y la enfermera de turno en vez de animarme me puso mala cara y me dijo que se le iba a juntar con la toma siguiente. Irónicamente, y salvo alguna excepción concreta, las enfermeras de Neonatología no me ayudaron absolutamente nada con la lactancia. Creo que estaban demasiado preocupadas por cumplir el horario de las tomas como para pensar en nada más.

Otras veces mi hija lloraba cuando intentaba ponérmela al pecho y las otras madres allí presentes me miraban horrorizadas. La mayoría de las madres de los bebés que estaban allí ingresados se sacaban leche para ellos porque consideraban que era importante para su salud pero creo que yo era la única que deseaba realmente dar el pecho (en el sentido de establecer una lactancia prolongada). En esos momentos pasaba muchísima vergüenza. Incluso una enfermera me dejó caer que estaba torturando a la niña pero, ¿Acaso yo parecía estar divirtiéndome?

Finalmente, y dado que  la situación estaba haciendo mella en mi estado de ánimo, opté por ofrecerle el pecho únicamente una vez al día, durante las tomas nocturnas ya que apenas había visitas a esas horas. Habían pasado seis semanas desde el parto y empezaba a estar muy cansada de ir y venir al hospital cada día, máxime teniendo en cuenta que las mañanas las pasaba sola cuidando de mi hijo. Así que decidí aflojar un poco la presión y seguir extrayéndome leche para la niña, ya tendría tiempo de hacer las cosas a mi manera cuando nos fuésemos a casa.

Y al fin llegó el día del alta, siete semanas y pico después del parto. Nada más llegar a casa puse a los dos bebés sobre el cojín de lactancia en posición de rugby y estuvieron mamando un buen rato. Pero mi hija seguía rechazando el pecho en muchas de las tomas y se enfadaba muchísimo, lloraba, se retorcía… Además tenía que asegurarme de que mi niña creciese bien ya que apenas llegaba a los dos kilos. Toma tras toma intentaba ofrecerla mi pecho y después le daba un biberón con la leche que me continuaba extrayendo. A veces lo intentaba durante más tiempo, otras veces me rendía al instante, y por la noche directamente le daba biberón ya que acababa agotada de luchar con ella y necesitaba descansar en algún momento. Cuando estábamos en la calle le daba un biberón de leche artificial ya que me daba vergüenza montar un escándalo. Constantemente me daban ganas de tirar la toalla pero, ¿Cómo iba a darle el pecho a mi hijo y a mi hija no? No podía soportar la idea de hacer una diferencia tan grande entre ambos y menos después de todo lo que mi hija había tenido que pasar durante sus primeras semanas de vida. Sentía que, de alguna forma, se lo debía.

No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue en absoluto, pero unas tres semanas después de recibir el alta empezó a cogerme el pecho con regularidad. Y una semana después fui retirando progresivamente las tomas hasta lograr una lactancia materna exclusiva… ¡Tres meses después del parto! ¿Os imagináis lo distinta que hubiese sido mi historia si en Neonatos no les hubiesen alimentado con biberón? Aunque mirándolo por el lado positivo, aún me quedaban tres meses de lactancia materna exclusiva por delante para disfrutar, ¡Y vaya si lo disfrutamos!

Entradas relacionadas:

Documentos relacionados:

La historia de mi lactancia (I): Las primeras 48 horas después del parto

La historia de mi lactancia es un poco larga y complicada, dado que después del nacimiento de mis mellizos pasamos mucho tiempo separados y además las circunstancias de cada uno de mis hijos al nacer fueron muy distintas. Por ello la dividiré en varias entradas distintas. Así que en esta entrada os contaré como fueron esas primeras 48 horas después del parto separada de mis hijos. Después relataré como logré establecer la lactancia con mi hijo, quien apenas estuvo ingresado 2 días en observación, y también os contaré como logré establecer la lactancia con mi hija, a pesar de que estuvo ingresada en Neonatos durante siete largas semanas. Finalmente, os hablaré también sobre cómo es la lactancia materna exclusiva con mellizos una vez instaurada y os contaré mis truquillos para hacerlo más llevadero.

Hasta que conseguí ser madre pasaron tres largos años, y para amenizar la espera me dediqué todo ese tiempo a leer e informarme acerca de la crianza, el parto respetado, el cuidado del bebé… y por supuesto sobre lactancia. Desde que supe que estaba esperando mellizos me informé a conciencia acerca de las particularidades de la lactancia con múltiples, los mitos que existen sobre el tema, las distintas posturas para darles de mamar a la vez y las dificultades en el establecimiento de la lactancia con bebés prematuros.

En fin, podríamos decir que llevaba la lección bien aprendida. Incluso me llevé al hospital una copia digital en el móvil del libro “Un regalo para toda la vida” por si me surgía alguna duda puntual, varias guías de lactancia que me había descargado y los datos de cotacto de algunas asesoras de lactancia por si necesitaba ayuda. Nada podía salir mal.

Y al fin llegó el día de mi cesárea programada. Ingresé a primera hora de la mañana y a las 11:45 ya habían nacido mis dos hijos. Los neonatólogos se los llevaron rápidamente para revisarlos y yo me quedé ingresada en la unidad de recuperación ya que me había dado una subida de tensión postparto. Apenas había podido verles unos segundos, lo suficiente como para comprobar con mis propios ojos que había tenido dos hijos sanos y preciosos. Mi hijo, que evolucionó favorablemente durante todo el embarazo, nació pesando 2200 gr. Y mi hija, quien arrastraba un Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR) severo, nació pesando apenas un kilo pero en muy buen estado, respiró por si misma desde el principio y en un par de horas pasó de la Unidad de Cuidados Intensivos a la Unidad de Cuidados Intermedios. Me alegré muchísimo cuando me enteré, después de estar temiendo por su vida desde la semana 20 del embarazo había nacido viva y sin secuelas aparentes. ¿Qué más podía pedir?

cesarea gemelos mellizos

Esa misma noche logré que me subieran a planta. Mientras tanto, mis hijos permanecían ingresados aunque estables, y yo no dejaba de preguntar una y otra vez cuando podría verlos. Al final no fue posible y esa noche me dormí triste y agotada, pero a la vez ilusionada con poder verlos al día siguiente. Las enfermeras me trajeron calmantes y recuerdo haberles repetido una y otra vez que quería darle el pecho a mis niños para asegurarme de que las pastillas que me daban eran compatibles con la lactancia, y sobre todo para que no me trajeran la pastilla para cortar la leche. Recuerdo que unos días antes del parto había leído en un foro el testimonio de una chica que afirmaba que le habían traído la pastilla sin haberlo solicitado y que casi se la toma sin querer. ¡No quería que eso me pasase a mí!

Al día siguiente me levanté bastante dolorida y un poco confusa, y volví a pedir ver a mis hijos. Cuando vino el ginecólogo de guardia y me dijo que aún no podía ver a mis hijos porque era necesario continuar con la medicación intravenosa se me vino el mundo encima. ¿Acaso no existían los goteros portátiles? ¿Pasaría algo tan grave si se interrumpía la medicación durante tan sólo cinco minutos? Supliqué, lloré, me enfadé, pero no sirvió de nada. No hacían más que decirme que los niños estaban bien y que me conformase con ver las fotos que había hecho mi marido con el móvil. Incluso el ginecólogo me dijo, con cierta sorna, que más me valía tranquilizarme puesto que cuanto más nerviosa me pusiera peor sería para mi tensión, y que a este paso iba a tardar bastantes días en conocer a mis hijos.

Cómo os podréis imaginar fue uno de los días más tristes de mi vida y nadie parecía entender lo mal que me sentía, aunque algunas enfermeras trataban de animarme. Oía bebés llorando en las otras habitaciones y yo que había tenido dos tenía los brazos vacíos. El que tenía que ser el mejor día de mi vida se convirtió en una pesadilla e incluso tuve que pedir que me sacasen la cuna de mi habitación porque no soportaba verla vacía.

Pasadas unas horas logré calmarme y volví a pensar en el tema de la lactancia. ¿No debería estar haciendo algo al respecto aunque no tuviera a los niños conmigo? Las enfermeras que venían periódicamente a revisarme me examinaban el pecho, todas me decían que tenía “buen calostro” pero nadie me decía lo que tenía que hacer y, ¿Cómo iba a subirme la leche sin ningún tipo de estímulo? ¿Cuántos días más iba a estar separada de mis hijos? ¿Y si se me cortaba la leche por estar tanto tiempo separados?

De pronto me veía perdida y bastante confundida y tanta teoría no me estaba sirviendo de nada. Así que decidí hacer algo para sentirme mejor y pedí que me trajeran un sacaleches eléctrico (aunque yo traía en la maleta un par de sacaleches manuales por si acaso). Después de preguntar a un par de enfermeras, conseguí que una de ellas me lo trajera aunque me dijo que personalmente me lo desaconsejaba ya que me iba a provocar una mastitis. Reconozco que me hizo dudar, pero finalmente decidí confiar en mi instinto y enchufé aquel extraño aparato. Prefería pecar por exceso antes que por defecto.

La primera vez que usé el sacaleches me sentí muy extraña, e incluso me asusté al ver cómo se iban agrandando los pezones como consecuencia de la succión. ¿Aquello era normal? jeringuilla calostro lactancia materna¿Por qué no salía nada de nada? Volví a llamar a otra enfermera y le pregunté. Ella me revisó el pecho una vez más, apretó el pezón y me enseñó las gotas de calostro que salían. Aparentemente todo estaba en orden. Sin embargo, cuando yo apretaba no lograba sacar ni una gota, lo único que conseguía era hacerme daño. Me dijo que continuase haciendo extracciones cada dos o tres horas, y que tuviese paciencia. Así lo hice y, finalmente, al tercer intento cayeron un par de gotas de color amarillento, casi transparente. Al fin estaba ahí ese oro líquido tan maravilloso, el calostro. Llamé a una enfermera y lo recogió con una jeringuilla para dárselo a mi hija, que era la que estaba más débil de los dos.  En ese momento recobré la confianza en mi misma y supe que podía hacerlo. Me estaban robando las primeras horas de vida de mis hijos pero no iba a dejar que me robasen también mi lactancia, nuestra lactancia.

Entradas relacionadas:

Documentos relacionados:

Los múltiples en la cuna, ¿Juntos o separados?

Una de las preocupaciones típicas de las futuras mamás es la elección de la cuna. En caso de estar esperando múltiples, la elección implica también decidir si queremos que duerman juntos o separados. Hace unos días, una mamá de mellizas de nuestra página de Facebook estuvo pidiendo consejo sobre este tema, y así es como me vino la idea de escribir esta entrada.

Teniendo en cuenta que la relación entre nuestros múltiples comienza en el propio útero, mucho antes de su nacimiento, parece lógico que una vez que hayan nacido sigan necesitando sentir esa cercanía. De hecho, en algunos hospitales americanos es una práctica habitual poner a los gemelos prematuros en la misma incubadora, ya que diversos estudios han puesto de relieve que de esta forma crecen más deprisa y se recuperan más rápido. Otros estudios destacan también la mejora en la actividad cardiaca, una respiración más tranquila, una mayor cantidad de oxígeno en sangre, los bebés están más relajados, el desarrollo motor mejora y la proporción de ingresos hospitalarios posteriores es menor.

En el caso concreto de España, el Hospital Santa Fé de Valencia llevó a cabo una experiencia piloto en el año 2002. Los resultados evidenciaron una mejora general en el desarrollo de los bebés, así como un descenso en el nivel de ansiedad de los padres. Desde entonces dispone de incubadoras dobles y de unas cunas especiales importadas desde Suecia. Estas incubadoras se utilizan también para los trillizos recién nacidos y cuando éstos ya no caben se utiliza un sistema de rotación para que todos los hermanos puedan beneficiarse de este contacto físico. La Doctora Lola Bernabeu, jefa de la planta de Neonatología afirma al respecto que:

“Hemos descubierto que las madres siguen acostando a sus gemelos en una sola cuna después de la experiencia de la incubadora compartida. No cabe duda de que su compañía les beneficia”.

gemelos recien nacidos compartiendo cuna

Sin embargo, aunque la mayoría de los expertos están de acuerdo con los beneficios citados, otros autores consideran que el hecho de compartir cuna durante los primeros meses es un factor que aumenta el riesgo de la muerte súbita del lactante. La Doctora Helen Ball, de la Universidad de Durkham, ha estudiado en profundidad este fenómeno concluyendo que no existe un mayor riesgo por compartir la cuna los primeros tres meses, siempre y cuando los padres sigan las normas de seguridad adecuadas y eviten un aumento excesivo de la temperatura corporal de los bebés (teniendo en cuenta que ya se dan calor el uno al otro, el uso de otros elementos como los arrullos puede resultar excesivo, por ejemplo). Además, afirma que esta práctica ayuda a sincronizar los despertares de los bebés ya que fomentaría un patrón de sueño y de alimentación similar.

En mi caso, cuando recibí el alta de mi hija le pregunté directamente a la Neonatóloga acerca de la conveniencia de poner o no a mis mellizos juntos en la misma cuna y ella misma me recomendó que lo hiciera. De hecho, si investigáis un poco en los foros de Internet veréis como la mayoría de las mamás hemos optado por acostarles juntos en la cuna durante los primeros meses.

En cuanto a los aspectos prácticos, es evidente que el hecho de tener a todos los bebés en la misma cuna facilita enormemente la tarea de atenderles durante la noche, especialmente si la madre les está dando el pecho. Además, la Asociación Española de Pediatría recomienda que los bebés compartan el dormitorio con sus padres al menos durante los seis primeros meses de vida, y en la mayoría de las habitaciones resulta muy difícil tener dos cunas por una cuestión de espacio.

Por otro lado comentar también que, por norma general, no es cierta la creencia popular que afirma que el llanto de uno de los bebés perturbará el sueño de los demás. Lo cierto es que los bebés múltiples están acostumbradísimos a oír el llanto de sus hermanos y en la mayoría de los casos ni se inmutan. La verdad es que a mí me parece increíble cuando veo a uno de mis hijos berreando sin parar y al otro tan tranquilo durmiendo a su lado.

Y por último, ¿Cuándo debemos separarlos? Yo creo que eso depende de cómo sean los bebés y qué tal duerman juntos. Como norma general, será conveniente separarles en torno a los 7 meses, que es cuando empiezan a rotar sobre sí mismos y a gatear por encima del cuerpo de sus hermanos. Por otro lado, también habrá casos en los que los bebés no se encuentren cómodos durmiendo juntos desde el principio si, por ejemplo, uno de ellos se mueve mucho y despierta al otro.

Mis mellizos han dormido juntos en nuestro dormitorio desde recién nacidos y creo que para ellos ha sido una experiencia positiva, y a mí me ha resultado muy cómodo tenerlos a los dos junto a mi cama. Actualmente tienen ya 9 meses y siguen juntos, pero claro, ya gatean bastante y a veces uno de ellos se desvela y se pone a menearse en la cuna o se sube encima de la cabeza del otro. El problema es que no me cabe una cuna más grande en la habitación, y tampoco me puedo plantear llevarles a su propio dormitorio ya que aún hacen muchas tomas nocturnas y si les traslado me voy a pasar toda la noche en el pasillo yendo de una habitación a otra. Así que ese el dilema al que me enfrento, y como creo que va a ser peor el remedio que la enfermedad, me temo que de momento vamos a tener que seguir padeciendo esos pequeños inconvenientes. Aunque no duerma demasiado últimamente, al menos no tengo que levantarme de la cama para atenderlos.

Por cierto, si queréis más información, podéis leer aquí un post completísimo sobre este tema escrito por una madre de gemelos ¡por partida doble!

Tú a casa y yo a la incubadora

Cuando se tienen múltiples y los recién nacidos son ingresados en Neonatos, puede ocurrir que no todos reciban el alta al mismo tiempo. Yo recuerdo como si fuera ayer la sensación de profunda tristeza que me invadió cuando recibí el alta del hospital y salí de allí con mi niño en los brazos, dejando a mi niña ingresada.

Recuerdo esa sensación de vacío, sentir que estábamos abandonándola a su suerte, como si de alguna forma la estuviésemos traicionando al irnos a casa sin ella. Y recuerdo también la pena que sentía cuando le daba el pecho a mi hijo y me imaginaba a mi niña siendo alimentada por una fría sonda. O cuando me acostaba en la cama abrazada a mi hijo y pensaba en mi pobre hija durmiendo solita y rodeada de cables. ¡Me sentía tan culpable por no poder estar con ella haciendo las mismas cosas que con su hermano!

También me preguntaba muchas veces si, después de nueve meses juntos, no se echarían de menos entre ellos. Tengo un video de una de las ecografías 4D que me hice en el que se ve claramente que ya desde el útero interactúan entre ellos.

Si eres una mamá de múltiples, y tienes a tus bebés divididos entre tu casa y el hospital, quiero compartir contigo una serie de reflexiones para poder sobrellevar mejor esta situación:

  • Si el curso de tu embarazo permite sospechar que uno o todos tus múltiples pueden acabar en la incubadora (algo muy frecuente en caso de parto múltiple), busca un hospital que permita el acceso a ambos padres durante las 24 horas, sin ningún tipo de restricción. Eso te facilitará conciliar el cuidado de los peques que tienes en casa con las visitas a los peques que tienes en el hospital. En una situación tan estresante lo último que necesitas es tener que ceñirte a un horario de visitas.
  • No te sientas culpable por no poder pasar tanto tiempo en la incubadora como otras mamás. Al fin y al cabo ellas sólo tienen un bebé, y tú tienes que cuidar de dos (o más), así que tendrás que dividir tu tiempo como buenamente puedas.
  • Si eres primeriza como yo, el primer peque que te lleves a casa te servirá de entrenamiento para el cuidado de los que vengan después. Nosotros siempre comentamos en broma que el niño nos sirvió de conejillo de indias, ya que la mayoría de los típicos errores de padres novatos los tuvo que padecer él solito. Cuando llegó a casa su hermana ya teníamos casi dos meses de experiencia en el cuidado de bebés, algo que no parece gran cosa pero teniendo en cuenta que nuestra experiencia previa era nula la diferencia es bastante notable.

gemelos mellizos incubadora doble

  • Aprovecha para conocer y disfrutar del peque que tienes en casa, ya que cuando los tengas a todos contigo te será muy difícil poder dedicarles un tiempo en exclusiva, al menos durante los primeros meses.
  • Aprovecha también la experiencia de los primeros días para analizar de forma realista las necesidades que tendrás cuando tengas a todos tus múltiples en casa. ¿Un bebé gasta más pañales de lo que esperabas? ¿Los chupetes que has comprado no parecen suficientes para todos? ¿La bañera que compraste en la práctica resulta incómoda? Este es el momento idóneo para solventar esos pequeños problemas.
  • Si has optado por la lactancia materna, utiliza al peque que tienes en casa para estimular la producción. Ofrécele el pecho con mucha frecuencia y práctica el contacto piel con piel para favorecer la liberación de oxitocina. También puedes aprovechar mientras está mamando para sacarte la leche del otro pecho y llevársela a tu peque al hospital. Así aprovecharás mucho mejor el tiempo ya que la lactancia en estas condiciones puede hacerse muy pesada.
  • No te sientas culpable por abrazar, bañar, besar, acariciar o jugar con el peque que tienes en casa. Al fin y al cabo eres su madre, hacer todas esas cosas es tu trabajo, y ya verás como pronto podrás hacerlo también con sus herman@/s. Para reforzar el vínculo que tienes con el peque que está en la incubadora te animo a practicar el método canguro. No sólo le ayudarás a recuperarse más rápido, sino que tú también te sentirás mucho mejor.
  • Llora todo lo que necesites, desahogarte te hará sentir mucho mejor y te permitirá coger fuerzas. ¡Cuando tengas a todos tus múltiples en casa no vas a tener tiempo ni para llorar!

Y sobre todo se optimista y ten presente que esta situación es temporal, en un par de semanas estaréis todos juntos en casa, empezará tu nueva vida como multimadre, y con el tiempo esta situación no será más que un desagradable recuerdo.

Documentos relacionados: