¿Las multimadres somos super madres?

Hace unos días leí un post en el blog Mummy from the heart (@michelletwinmum) que habla acerca de cómo las multimadres somos en ocasiones consideradas en nuestro entorno como super heroínas, y el post me gustó tanto que no he podido resistirme a traducirlo.

La autora del post es madre de 4 hijos, dos de ellos gemelas y escribe en el blog Double Troubled (@trouble_doubled).

“Desde que tuve a las gemelas he notado una tendencia creciente a pedirme consejos de crianza por parte de la gente que me rodea, así como gente que me dice que debo de ser una Superwoman disfrazada. Esto se me hace un poco extraño. Nunca antes había sido considerada como un oráculo de la maternidad o una superheroína. ¿A qué se debe este cambio? Creo que se debe al hecho de tener gemelas, además de otros dos niños, y por ello la gente piensa -acertada o equivocadamente- que de repente me he convertido en la madre a la que todos deben pedir consejo en el parque.

No puedo ser la única madre de gemelos que opina que esta situación es un poco fraudulenta. Sí, las madres de múltiples tendemos a juntarnos entre nosotras y hablar de cosas que las mamás de un solo niño no podrían comprender. Aunque puede haber algo de verdad en esto, definitivamente me guardo de decir cosas como que desde que tengo gemelos puedo lidiar con cualquier cosa, porque no es cierto.

Desde fuera, las madres de múltiples parecemos un grupo aterrador. En internet hemos sido acusadas de considerarnos superiores a otros padres. Una vez más, esto no es cierto. Lo que sí que es verdad es que nuestras capacidades paternales se han visto puestas a prueba un poco más duramente que en el caso de otros padres, y todavía no hemos perdido la sonrisa. Ello origina un incremento de nuestra confianza en nosotros mismos, y un entendimiento mejor de nuestras limitaciones. Esto puede hacer que seamos percibidos en apariencia como muy seguros de nosotros mismos, algo que puede resultar atractivo para aquellos faltos de seguridad en algún aspecto de su paternidad. Puede. No soy psicóloga.supermadre de gemelos mellizos trillizos

Como multimadre, me siento intimidada por otras madres de múltiples. Sí, he llevado a cabo un embarazo doble a término con dos bebés de más de tres kilos, lo que sin duda requiere una cierta resistencia física, si no mental. Pero no he pasado por muchos de los problemas que otras multimadres han tenido que afrontar, ni mis bebés han nacido de forma prematura. En mi grupo de multimadres, hay mujeres que han tenido gemelos después de pasar por tratamientos de fertilidad durante años, y una madre cuyos bebés nacieron tan prematuros que fueron desahuciados por los médicos. Ahora están gateando felices pero, créeme, ¡No hagas enfadar a esa madre! Una amiga mía llevo a término un embarazo de gemelos sabiendo que uno de ellos moriría poco después de nacer. Continuó con el embarazo para salvar al otro gemelo sano. No entiendo como lo superó, y afortunadamente jamás tendré que comprenderlo.

Y no hay que olvidar a esos padres múltiples. Puede que mi marido no haya llevado a los bebes en su vientre ni haya dado a luz, ni haya tenido que pelear en medio de la noche para establecer una lactancia doble, pero ha cambiado numerosos pañales, ha empujado ese carrito doble hasta el colegio y de vuelta a casa para que yo pueda recuperar un poco de sueño, y se ha involucrado profundamente en cualquier otra tarea que haya tenido que acometer. Él es tan super héroe como podría serlo yo y sin embargo nadie le pregunta acerca de sus habilidades paternales y su sabiduría.

A pesar de nuestra fortaleza y coraje como padres, las madres y padres múltiples no somos especiales. No tenemos visión de Rayos X ni brazos elásticos (aunque en ocasiones ayudaría) más que cualquier otro padre. Simplemente, somos seres humanos que hemos tenido que afrontar un reto paternal un poco especial, algo que le podría pasar a cualquier, incluso a Superwoman.”

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Mi primer aniversario como (multi)madre

Recién aterrizada de vacaciones, el jueves pasado fue un día muy especial para mí ya que mis mellizos cumplieron su primer año. Parece un tópico eso de que crecen tan rápido que apenas te das cuenta, pero es completamente cierto. Hace ahora un año eran unos bebés diminutos cuya vida consistía básicamente en comer y dormir, y ahora son dos bebés inquietos que no paran de jugar, se ponen de pie, trepan para subirse a los muebles y ya amenazan con dar sus primeros pasos.

tartas primer cumpleaños gemelos mellizos

Han pasado tantísimas cosas en estos 365 días que incluso me cuesta recordar con nitidez algunos momentos. Si tuviera que definir en una sola palabra mi primer año como madre diría que ha sido intenso, o más bien intensivo, ya que cuidar de dos bebés durante 24 horas al día es bastante agotador. Pero, por otro lado, creo que se me ha dado mejor de lo que yo esperaba teniendo en cuenta que mi experiencia previa en el cuidado de bebés era nula.

Uno de mis primeros y mejores recuerdos fue durante el parto, cuando pusieron a mi hijo sobre mí mientras sacaban a mi niña. Entonces, él alargó la mano y me cogió la nariz. No puedo describir con palabras la mezcla de emoción y ternura que sentí en aquellos momentos, de pronto sentí un enamoramiento tan intenso que me hizo llorar, y a la vez me sentí abrumada por la enorme responsabilidad que se me venía encima. ¿Sabría cuidarlos bien? ¿Estaría a la altura? Y al final resultó que era cierto, que la maternidad es algo eminentemente instintivo, y la primera vez que cogí en brazos a mi pequeñísimo hijo de apenas dos kilos sentí que llevaba toda la vida haciéndolo.

Recuerdo también la primera vez que me dejaron ver a mi hija cuatro días después del parto. Con tan sólo un kilo de peso, metida en su incubadora y rodeada de tantos cables, en apariencia tan delicada pero sin embargo tan luchadora. Se la veía tan larga y tan delgadita pero con una cara preciosa, parecía una pequeña princesa atrapada en una urna de cristal. Le pedí a la enfermera que la sacara, la abracé y lloré durante un buen rato, lágrimas de pena por verla en esa situación, pero sobre todo de alegría y de alivio, ¡Estaba viva y estaba sana!

Tampoco puedo olvidar ese maravilloso 20 de septiembre cuando mi hija recibió al fin el alta y pude llevármela a casa con nosotros. Ese fue el día en que empezó realmente mi nueva vida como multimadre, y se acabó el tormento de tener mi corazón constantemente dividido en dos. La primera vez que ví a mis hijos dormir juntos en la misma cuna también fue un momento memorable, me lo había imaginado tantas veces que ni siquiera me parecía real.

mellizos gemelos durmiendo abrazados

Mis mellizos durmiendo la siesta abrazados hace un par de semanas

Sin duda, esos fueron los momentos más especiales, aunque creo que este último año he sentido más emociones que durante el resto de mi vida. He reído viendo sus primeras trastadas, he llorado de impotencia cuando no podía calmar sus cólicos, me he sorprendido con la aparición de sus primeros dientes, me he agobiado tratando de conciliar el cuidado de mi hijo con las visitas diarias al hospital para ver a su hermana, me he emocionado con cada gesto de complicidad que se hacen el uno al otro, he sentido frustración por todos los obstáculos que he tenido que superar para establecer la lactancia (y he sentido el orgullo de haberlos superado todos), he padecido el agotamiento de tantas noches sin dormir, he gozado de la felicidad de despertarme abrazada a mis dos pequeñines, he sentido el miedo y la incertidumbre por el estado de salud de mi hija y la pena de tener que dejarla ingresada en el hospital mientras los demás nos íbamos a casa.

Por tanto, ha sido un año agridulce pero sin duda el balance es claramente positivo, y las pocas cosas malas que han ocurrido quedarán enterradas para siempre en el fondo de mi memoria como algo anecdótico. Nunca me alegraré suficiente de haber solicitado una excedencia para cuidar de mis hijos, a pesar de que sin duda tendrá consecuencias negativas sobre mi carrera profesional. Todo este tiempo que hemos compartido no tiene precio y a pesar de que al principio temía agobiarme por estar todo el día en casa sola con los niños, al final todo ha sido mucho más fácil de lo que yo pensaba. Ahora mismo ni siquiera imagino el momento de separarme de ellos.

Durante este año he aprendido muchísimo acerca del cuidado del bebé, he conocido todo tipo de artículos de puericultura que ni siquiera imaginaba que existieran y he contactado con otras madres a través de internet para intercambiar experiencias. Y, sobre todo, he aprendido muchísimo sobre mi misma, conociendo habilidades que no sabía que tenía, y también otros defectos que me gustaría no tener. Me gustaría ser una madre perfecta pero por desgracia tan solo soy una madre humana más. Pero prometo intentar hacerlo mejor cada día, ya que mi nueva carrera como madre no ha hecho más que empezar. Gracias G. y C. porque vuestro amor me hace mejor persona.

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La historia de mi lactancia (III): Estableciendo la lactancia con mi hija ingresada en la incubadora

En las entradas anteriores os hablé de mi parto y de cómo logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo después de 48 horas separados. Con mi hija fue todo muy distinto, ya que ella nació para romper moldes, sobrevivió al embarazo contra todo pronóstico y nació con tan sólo un kilo de peso pero muchísimas ganas de vivir, dándonos una lección de entereza a todos.

Tardé cuatro largos días desde el parto en conocer a mi niña, cuando al fin se estabilizó mi tensión y me fue retirada la medicación intravenosa. Lo primero que hice fue bajar a conocerla, pedí que la sacaran de la incubadora para practicar el método canguro y lloré, no me podía creer que estuviera viva y tan sana a pesar de todo. Era un bebé pequeñísimo, extremadamente delgado y aún tenía su carita a medio formar, a medio camino entre un recién nacido y un feto.

En la Unidad de Cuidados Medios en donde estaba ingresada los padres teníamos acceso ilimitado las 24 horas. Además, el personal sanitario fomentaba la práctica del método canguro. Sin embargo, en cuanto al tema de la lactancia había bastante desinformación. Ya una de las primeras veces que bajé a visitarla me dijo una enfermera que ni se me ocurriese darle el pecho a mi hijo, que tenía que guardar toda la leche materna para mi hija porque estaba más delicada de salud, dando por hecho que no tendría suficiente leche para alimentarles a los dos. Lo más irónico de la situación es que al lado de la incubadora había un enorme póster de una mujer amamantando gemelos.

Durante las primeras cuatro semanas mi hija se alimentó mediante sonda nasogástrica ya que estaba demasiado débil como para ser alimentada mediante biberón (y como ya comenté en la entrada anterior no se contemplaban otros métodos para alimentar a los recién nacidos). Realizaba ocho tomas al día de 40 cc cada una (creo que las primeras tomas eran de 20 cc), aunque las enfermeras me advirtieron que tendría que traer 50 cc por toma ya que al introducir la leche en la sonda siempre se pbolsas de leche medelaerdía un poquito. Así que yo no dejaba de sacarme leche, ni en casa ni en el hospital. Sin embargo, reconozco que casi ningún día conseguí sacarme leche suficiente para cubrir esas ocho tomas, no por falta de leche sino más bien por falta de tiempo ya que la lactancia a demanda con mi hijo me ocupaba muchísimo tiempo.

Al principio apenas lograba sacarme leche con el sacaleches pero pronto le cogí el truco a base de mucha constancia. Generalmente me sacaba leche suficiente para cubrir entre cinco y siete tomas. Aunque reconozco que en algún momento me sentí culpable, ya que mi hijo si estaba siendo alimentado mediante lactancia materna exclusiva, decidí plantearme la situación como una estrategia a largo plazo con una meta clara; lograr una lactancia exclusiva con los dos. Y para ello era muy importante que no me marcase metas poco realistas, mi hija estaría ingresada unos dos meses y tenía que medir muy bien mis fuerzas para que no me venciera el cansancio por el camino.

La mayor dificultad a la que me enfrentaba en esa etapa era compatibilizar la lactancia a demanda de mi hijo con las visitas diarias a la incubadora. No quise separarme de mi hijo ni un solo día por lo que me lo llevaba a ver a mi hija cada tarde y su padre y yo nos turnábamos para ocuparnos cada uno de un bebé. Mientras yo estaba con mi hija su padre estaba paseando a mi hijo en el parque de enfrente del hospital y viceversa. Cuando mi hijo lloraba reclamando alimento yo abandonaba la sala de Neonatos y bajaba a darle el pecho, mientras que papá subía a quedarse con mi niña hasta que yo acabase. Así una y otra vez día tras día.

Mi hijo me reclamaba muchísimo y era francamente agotador pero con todo lo que había sufrido para lograr una lactancia materna exclusiva con él no quería darle ni un solo biberón ya que temía que ello afectase a mi producción de leche. A veces me agobiaba un poco ya que las tomas de las primeras semanas eran muy largas y después de pasar todo el día junto a él en casa cuando llegaba al hospital me apetecía estar con mi hija sin interrupciones. A su vez, el pobrecito también tuvo que pasar algún mal rato cuando yo no podía bajar en ese momento a darle el pecho por causas de fuerza mayor, como por ejemplo cuando practicaba el método canguro, ya que la duración mínima era de una hora. Aunque creo que lo pasaba peor su padre, quien se veía impotente para calmarle aunque al final siempre lo conseguía.

Cuando mi hija contaba con unas tres semanas y pico decidió arrancarse la sonda nasogástrica por su cuenta y riesgo, y dado que no era el primer intento las enfermeras decidieron darle una oportunidad y empezaron a darle biberones. Aunque muchas veces se quedaba dormida comiendo y tardaba una eternidad en acabar las tomas toleraba bien el alimento y poco a poco iba cogiendo peso hasta que con cinco semanas logró salir de la incubadora.

Cuando la ví en la cuna térmica no pude evitar emocionarme, ¡Había cambiado tanto en cinco semanas! Pregunté cuando podía intentar darle el pecho y me dijeron que lo consultarían con el médico. Unos días más tarde comencé a ofrecerle el pecho pero mi pobre hija lloraba y lloraba, creo que ni siquiera sabía para que servía. Algunas enfermeras me propusieron que no me complicara la vida y que optara por alimentar a mis mellizos con mi leche extraída en biberón pero yo no contemplaba esa posibilidad. Sabía que una lactancia no se puede mantener mucho tiempo si el único estímulo que recibe el pecho es el de un sacaleches y yo, después de todo el esfuerzo que estaba haciendo, evidentemente deseaba lograr una lactancia prolongada. Además la lactancia materna es mucho más que alimento, es cariño, es consuelo, ¡Yo no quería perderme todo eso!

cunas termicas bebes incubadora

Intentar que mi hija cogiese el pecho en esa sala llena de gente, sin ninguna intimidad, me resultaba francamente violento y desagradable. Hice lo mismo que con su hermano, llegaba un rato antes de la toma y le ofrecía mi pecho, y después le daba un biberón. Mi hija lo rechazó durante varios días hasta que un día lo cogió de forma espontánea. Pero esta vez no era tan sencillo ya que la alimentación no era a demanda, y el horario de las tomas era muy estricto por lo que en ocasiones me encontraba con que cuando le ofrecía mi hija aún no tenía hambre, o cuando estaba a punto de conseguir que cogiese el pecho venía una enfermera a meterme prisa porque se estaba pasando la hora de la toma. Recuerdo otra vez que mi hija se pasó más de una hora tomando pecho y la enfermera de turno en vez de animarme me puso mala cara y me dijo que se le iba a juntar con la toma siguiente. Irónicamente, y salvo alguna excepción concreta, las enfermeras de Neonatología no me ayudaron absolutamente nada con la lactancia. Creo que estaban demasiado preocupadas por cumplir el horario de las tomas como para pensar en nada más.

Otras veces mi hija lloraba cuando intentaba ponérmela al pecho y las otras madres allí presentes me miraban horrorizadas. La mayoría de las madres de los bebés que estaban allí ingresados se sacaban leche para ellos porque consideraban que era importante para su salud pero creo que yo era la única que deseaba realmente dar el pecho (en el sentido de establecer una lactancia prolongada). En esos momentos pasaba muchísima vergüenza. Incluso una enfermera me dejó caer que estaba torturando a la niña pero, ¿Acaso yo parecía estar divirtiéndome?

Finalmente, y dado que  la situación estaba haciendo mella en mi estado de ánimo, opté por ofrecerle el pecho únicamente una vez al día, durante las tomas nocturnas ya que apenas había visitas a esas horas. Habían pasado seis semanas desde el parto y empezaba a estar muy cansada de ir y venir al hospital cada día, máxime teniendo en cuenta que las mañanas las pasaba sola cuidando de mi hijo. Así que decidí aflojar un poco la presión y seguir extrayéndome leche para la niña, ya tendría tiempo de hacer las cosas a mi manera cuando nos fuésemos a casa.

Y al fin llegó el día del alta, siete semanas y pico después del parto. Nada más llegar a casa puse a los dos bebés sobre el cojín de lactancia en posición de rugby y estuvieron mamando un buen rato. Pero mi hija seguía rechazando el pecho en muchas de las tomas y se enfadaba muchísimo, lloraba, se retorcía… Además tenía que asegurarme de que mi niña creciese bien ya que apenas llegaba a los dos kilos. Toma tras toma intentaba ofrecerla mi pecho y después le daba un biberón con la leche que me continuaba extrayendo. A veces lo intentaba durante más tiempo, otras veces me rendía al instante, y por la noche directamente le daba biberón ya que acababa agotada de luchar con ella y necesitaba descansar en algún momento. Cuando estábamos en la calle le daba un biberón de leche artificial ya que me daba vergüenza montar un escándalo. Constantemente me daban ganas de tirar la toalla pero, ¿Cómo iba a darle el pecho a mi hijo y a mi hija no? No podía soportar la idea de hacer una diferencia tan grande entre ambos y menos después de todo lo que mi hija había tenido que pasar durante sus primeras semanas de vida. Sentía que, de alguna forma, se lo debía.

No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue en absoluto, pero unas tres semanas después de recibir el alta empezó a cogerme el pecho con regularidad. Y una semana después fui retirando progresivamente las tomas hasta lograr una lactancia materna exclusiva… ¡Tres meses después del parto! ¿Os imagináis lo distinta que hubiese sido mi historia si en Neonatos no les hubiesen alimentado con biberón? Aunque mirándolo por el lado positivo, aún me quedaban tres meses de lactancia materna exclusiva por delante para disfrutar, ¡Y vaya si lo disfrutamos!

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La historia de mi lactancia (II): Estableciendo la lactancia con mi hijo en el hospital

En la entrada anterior os hablaba de mi parto y de las 48 horas posteriores, os conté cómo viví esas horas separada de mis hijos, mi estado de confusión acerca de todo lo que estaba pasando  y cómo al fin logre extraer unas gotas de calostro con el sacaleches eléctrico del hospital. En esta entrada os contaré como logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo, después de dos días separados.

En esta etapa inicial de la lactancia, mis grandes aliados fueron el sacaleches eléctrico, disponer de la información necesaria y cantidades ingentes de paciencia. Y también, por supuesto, el apoyo de mi marido, quien me ayudó muchísimo con la lactancia y además no se atrevió a llevarme la contraria a pesar de que en muchos momentos ni yo misma tenía muy claro lo que estaba haciendo.

El segundo día después de mi parto me desperté aún más triste y cabreada, ¿Cómo era posible que a estas alturas aún no conociese a mi hijos? Además me encontraba mucho mejor físicamente y empecé a plantearme todo tipo de locuras como quitarme las vías por mi cuenta y riesgo y escaparme a la incubadora en cuanto me quedase sola en la habitación. Y mi marido, que me conoce muy bien, temiendo que hiciera cualquier barbaridad bajó a ver a mis peques y a pedirle a las enfermeras que al menos me subieran a mi hijo un momentito -que estaba en una cuna térmica perfectamente bien de salud- para que pudiera sentirme mejor. Finalmente no hizo falta ya que justo en ese momento mi hijo estaba recibiendo el alta, y quince minutos después de repente ví como se entreabría la puerta de la habitación y se asomaba una cuna. ¡Por  fin me dejaban ejercer de madre! Con todo el cuidado del mundo abracé a esa cosita de apenas dos kilos y no le solté durante toda la estancia en el hospital nada más que para dormir (y porque tenía miedo de que se me cayera de la cama que si no…).estatua lactancia hospital gregorio marañon maternidad o'donell

Cuando me entregaron a mi hijo lo primero que hice fue quitarle el chupete que le habían dado en Neonatos, no quería que nada interfiriera con la lactancia, especialmente teniendo en cuenta que llevaba dos días siendo alimentado mediante biberón y aún no había podido ponérmelo al pecho. Lamentablemente, un hospital que presumía de ser partidario de la lactancia materna, e incluso tiene una escultura de una mujer amamantando a su bebé en la entrada, no contemplaba otro método para alimentar a los bebés recién nacidos, como por ejemplo el método dedo-jeringa. Sabía que eso iba a dificultarme bastante la lactancia pero no me imaginaba hasta qué punto.

Durante esos primeros días las enfermeras de planta me ayudaron bastante, me colocaron al niño, me enseñaron a introducir toda la aureola del pezón en su boca, a estimular la succión tocándole la mandibula y a lanzar pequeñas gotas de leche artificial dentro de su boca con el biberón para animarle. Pero mi hijo no se enganchaba a pesar de todos nuestros esfuerzos. Seguí practicando mucho piel con piel (tener a mi hijo sobre mi pecho desnudo) y cada tres horas me levantaba, le ofrecía el pecho durante media hora y después le daba el biberón que me traían las enfermeras. Y una y otra vez me volvía a rechazar. Y no es que el bebé estuviera adormecido, ya que el biberón se lo tomaba de un trago. En mi infinita desesperación llegué incluso a tirar el contenido de uno de los biberones y saltarme una toma para hacer que tuviese más hambre. Pero tampoco funcionó y no quise volver a intentarlo ya que mi bebé estaba muy justo de peso y me dio miedo que lo ingresaran a él también.

Y lo peor de todo es que tampoco me había subido la leche aún. Me sentía agotada, derrotada, rechazada por mi bebé, y acabé preguntándome si todos tendrían razón y una vez que un bebé ha probado un biberón ya nunca se engancha al pecho de su madre. Después de más de 24 horas intentándolo, casi sin dormir y sin haber podido conocer a mi hija todavía, me flaqueaban las fuerzas y recuerdo como una noche, después de una de las tomas, me puse a llorar desconsolada. ¿Dónde estaba el instinto de succión de mi bebé? ¿Ya no se podía hacer nada para arreglar la situación? ¿Y cuándo iba a conocer a mi hija?

Intenté conservar la calma y me prometí a mi misma que si no lo conseguía en cuanto me dieran el alta llamaría a una asesora de lactancia para que viniera a casa. Me repetía a mi misma una y otra vez que si se podía, que era cuestión de paciencia, que si incluso había madres adoptivas que habían logrado una lactancia inducida cómo no iba a poder conseguirlo yo, que estaba recién parida. Así que seguí intentándolo toma tras toma, aunque con poca convicción a estas alturas la verdad, pero tampoco se me ocurría que otra cosa hacer.

Y cuando llevábamos algo menos de 48 horas juntos de pronto sucedió. Fue en la toma de las nueve de la noche. Una vez más le ofrecí mi pecho y esta vez lo cogió…¡Y no lo soltó en una hora y media! Paseaba por la habitación con mi bebé a cuestas y me sentía tan feliz y orgullosa de mi misma. Las enfermeras que entraban, conscientes de mi esfuerzo, me regalaban sonrisas de complicidad. Pensé que había resuelto definitivamente el problema pero en la siguiente toma me volvió a rechazar. Y en las dos tomas siguientes también me rechazó, pero a la mañana siguiente me volvió a coger el pecho. Y así, poco a poco, le fue cogiendo el gusto y cada vez cogía el pecho con más facilidad. La sensación al darle de mamar era indescriptible, maravillosa, todo un subidón de hormonas. ¡Lo estaba consiguiendo! Mi hijo se alimentaba de mí, de mi cuerpo, era increíble tener esa capacidad.bebe amamantado lactancia

Una noche empecé a encontrarme regular y al tocarme la frente noté que tenía un poco de fiebre. Nunca me he alegrado tanto de no encontrarme bien. Al fin se estaba produciendo la subida de la leche, seis días después del parto. Cuando recibí el alta del hospital mi bebé ya se alimentaba del pecho con total normalidad, le daba las tomas a demanda y después las complementaba con leche artificial. A su vez, los pocos ratos libres que tenía los dedicaba a sacarme leche para llevársela a mi hija.

Unos días después de recibir el alta llevé a mi hijo al centro de salud a su primera revisión. Le comenté a la enfermera mi experiencia y mi deseó de lograr una lactancia materna exclusiva. Estuvimos charlando, vio al niño mamar, verificó que el agarre era correcto y me dijo que por su parte no veía ningún inconveniente. Me recomendó ir retirando gradualmente las tomas y así lo hice. Primero retiré las tomas de la noche, que eran para mí las más engorrosas, y gracias a eso comencé a descansar mejor. Después retiré las de la mañana y unos días después las de la tarde. Pesaba a mi hijo cada dos días y fui comprobando como iba cogiendo peso con total normalidad.

Dos semanas después del parto había conseguido lograr una lactancia materna exclusiva con mi hijo. Las tomas eran larguísimas, casi interminables, pero es que mi bebé tenía un duro trabajo por delante. No sólo tenía que estimular la producción para alimentarse él mismo, sino que además tenía que ayudarme a producir leche suficiente para su hermana, quien permanecería ingresada al menos durante cuatro semanas más. Pero esa es otra historia que os contaré en la próxima entrada.

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La historia de mi lactancia (I): Las primeras 48 horas después del parto

La historia de mi lactancia es un poco larga y complicada, dado que después del nacimiento de mis mellizos pasamos mucho tiempo separados y además las circunstancias de cada uno de mis hijos al nacer fueron muy distintas. Por ello la dividiré en varias entradas distintas. Así que en esta entrada os contaré como fueron esas primeras 48 horas después del parto separada de mis hijos. Después relataré como logré establecer la lactancia con mi hijo, quien apenas estuvo ingresado 2 días en observación, y también os contaré como logré establecer la lactancia con mi hija, a pesar de que estuvo ingresada en Neonatos durante siete largas semanas. Finalmente, os hablaré también sobre cómo es la lactancia materna exclusiva con mellizos una vez instaurada y os contaré mis truquillos para hacerlo más llevadero.

Hasta que conseguí ser madre pasaron tres largos años, y para amenizar la espera me dediqué todo ese tiempo a leer e informarme acerca de la crianza, el parto respetado, el cuidado del bebé… y por supuesto sobre lactancia. Desde que supe que estaba esperando mellizos me informé a conciencia acerca de las particularidades de la lactancia con múltiples, los mitos que existen sobre el tema, las distintas posturas para darles de mamar a la vez y las dificultades en el establecimiento de la lactancia con bebés prematuros.

En fin, podríamos decir que llevaba la lección bien aprendida. Incluso me llevé al hospital una copia digital en el móvil del libro “Un regalo para toda la vida” por si me surgía alguna duda puntual, varias guías de lactancia que me había descargado y los datos de cotacto de algunas asesoras de lactancia por si necesitaba ayuda. Nada podía salir mal.

Y al fin llegó el día de mi cesárea programada. Ingresé a primera hora de la mañana y a las 11:45 ya habían nacido mis dos hijos. Los neonatólogos se los llevaron rápidamente para revisarlos y yo me quedé ingresada en la unidad de recuperación ya que me había dado una subida de tensión postparto. Apenas había podido verles unos segundos, lo suficiente como para comprobar con mis propios ojos que había tenido dos hijos sanos y preciosos. Mi hijo, que evolucionó favorablemente durante todo el embarazo, nació pesando 2200 gr. Y mi hija, quien arrastraba un Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR) severo, nació pesando apenas un kilo pero en muy buen estado, respiró por si misma desde el principio y en un par de horas pasó de la Unidad de Cuidados Intensivos a la Unidad de Cuidados Intermedios. Me alegré muchísimo cuando me enteré, después de estar temiendo por su vida desde la semana 20 del embarazo había nacido viva y sin secuelas aparentes. ¿Qué más podía pedir?

cesarea gemelos mellizos

Esa misma noche logré que me subieran a planta. Mientras tanto, mis hijos permanecían ingresados aunque estables, y yo no dejaba de preguntar una y otra vez cuando podría verlos. Al final no fue posible y esa noche me dormí triste y agotada, pero a la vez ilusionada con poder verlos al día siguiente. Las enfermeras me trajeron calmantes y recuerdo haberles repetido una y otra vez que quería darle el pecho a mis niños para asegurarme de que las pastillas que me daban eran compatibles con la lactancia, y sobre todo para que no me trajeran la pastilla para cortar la leche. Recuerdo que unos días antes del parto había leído en un foro el testimonio de una chica que afirmaba que le habían traído la pastilla sin haberlo solicitado y que casi se la toma sin querer. ¡No quería que eso me pasase a mí!

Al día siguiente me levanté bastante dolorida y un poco confusa, y volví a pedir ver a mis hijos. Cuando vino el ginecólogo de guardia y me dijo que aún no podía ver a mis hijos porque era necesario continuar con la medicación intravenosa se me vino el mundo encima. ¿Acaso no existían los goteros portátiles? ¿Pasaría algo tan grave si se interrumpía la medicación durante tan sólo cinco minutos? Supliqué, lloré, me enfadé, pero no sirvió de nada. No hacían más que decirme que los niños estaban bien y que me conformase con ver las fotos que había hecho mi marido con el móvil. Incluso el ginecólogo me dijo, con cierta sorna, que más me valía tranquilizarme puesto que cuanto más nerviosa me pusiera peor sería para mi tensión, y que a este paso iba a tardar bastantes días en conocer a mis hijos.

Cómo os podréis imaginar fue uno de los días más tristes de mi vida y nadie parecía entender lo mal que me sentía, aunque algunas enfermeras trataban de animarme. Oía bebés llorando en las otras habitaciones y yo que había tenido dos tenía los brazos vacíos. El que tenía que ser el mejor día de mi vida se convirtió en una pesadilla e incluso tuve que pedir que me sacasen la cuna de mi habitación porque no soportaba verla vacía.

Pasadas unas horas logré calmarme y volví a pensar en el tema de la lactancia. ¿No debería estar haciendo algo al respecto aunque no tuviera a los niños conmigo? Las enfermeras que venían periódicamente a revisarme me examinaban el pecho, todas me decían que tenía “buen calostro” pero nadie me decía lo que tenía que hacer y, ¿Cómo iba a subirme la leche sin ningún tipo de estímulo? ¿Cuántos días más iba a estar separada de mis hijos? ¿Y si se me cortaba la leche por estar tanto tiempo separados?

De pronto me veía perdida y bastante confundida y tanta teoría no me estaba sirviendo de nada. Así que decidí hacer algo para sentirme mejor y pedí que me trajeran un sacaleches eléctrico (aunque yo traía en la maleta un par de sacaleches manuales por si acaso). Después de preguntar a un par de enfermeras, conseguí que una de ellas me lo trajera aunque me dijo que personalmente me lo desaconsejaba ya que me iba a provocar una mastitis. Reconozco que me hizo dudar, pero finalmente decidí confiar en mi instinto y enchufé aquel extraño aparato. Prefería pecar por exceso antes que por defecto.

La primera vez que usé el sacaleches me sentí muy extraña, e incluso me asusté al ver cómo se iban agrandando los pezones como consecuencia de la succión. ¿Aquello era normal? jeringuilla calostro lactancia materna¿Por qué no salía nada de nada? Volví a llamar a otra enfermera y le pregunté. Ella me revisó el pecho una vez más, apretó el pezón y me enseñó las gotas de calostro que salían. Aparentemente todo estaba en orden. Sin embargo, cuando yo apretaba no lograba sacar ni una gota, lo único que conseguía era hacerme daño. Me dijo que continuase haciendo extracciones cada dos o tres horas, y que tuviese paciencia. Así lo hice y, finalmente, al tercer intento cayeron un par de gotas de color amarillento, casi transparente. Al fin estaba ahí ese oro líquido tan maravilloso, el calostro. Llamé a una enfermera y lo recogió con una jeringuilla para dárselo a mi hija, que era la que estaba más débil de los dos.  En ese momento recobré la confianza en mi misma y supe que podía hacerlo. Me estaban robando las primeras horas de vida de mis hijos pero no iba a dejar que me robasen también mi lactancia, nuestra lactancia.

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Posturas para amamantar a tus gemelos o mellizos a la vez

Amamantar a los dos bebés a la vez es muy recomendable porque supone un ahorro importante de tiempo. Además, durante los primeros meses los bebés querrán pasar muchísimo tiempo al pecho por lo que puede resultar muy estresante amamantar a uno de los bebés mientras el otro espera su turno llorando desconsoladamente. Por ello, en esta entrada te proponemos siete posturas para amamantar a tus múltiples al mismo tiempo.

Quizá te resulte un poco difícil al principio, e incluso podrás necesitar ayuda para colocar a los bebés, pero con un buen cojín de lactancia gemelar y un poco de práctica enseguida dominarás la técnica. Para que te resulte más fácil colocártelos, ponte siempre primero al bebé más grande ya que tendrás menos margen de maniobra a la hora de colocarte al segundo bebé.

1. Postura del rugby

postura de rugby lactancia gemelos mellizospostura del rugby lactancia gemelos mellizos

Esta es mi postura favorita y la más sencilla de practicar. Además, es una postura muy recomendable para el postparto si te han practicado una cesárea, ya que esta postura mantiene el peso del bebé lejos de la herida. Coloca cada uno de los bebés debajo de cada brazo, sujetándoles la cabeza contra tu pecho.

Si utilizas un cojín de lactancia, puedes alzar la cabeza de los bebés para que lleguen ellos solos hasta el pecho y de este modo poder tener las manos libres y los brazos y hombros descansados. Puedes hacerlo de dos maneras. Puedes sentarte con las piernas cruzadas como la mujer de la foto. Si prefieres tener las piernas estiradas, puedes apoyarlas encima de una silla o mesa, y ponerle a cada bebé un cojín normal bajo la cabeza (además del cojín de lactancia).

Otra ventaja de esta postura es que entre la cabeza de cada uno de los bebés te quedará un hueco en el cojín de lactancia que podrás aprovechar para colocar un plato de comida, un libro o incluso una tableta para poder navegar por Internet. ¡Ten en cuenta que al principio la lactancia te consumirá mucho tiempo! Pero no te asustes que no será siempre así, con el tiempo las tomas se irán espaciando y acortando y alrededor de los tres meses los bebés se habrán convertido en verdaderos profesionales de la lactancia y harán las tomas en diez minutos.

2. Variante de la postura del rugby

Variante postura del rugby lactancia gemelos mellizos

La foto muestra una variante de la postura anterior, ya que en este caso los bebés están colocados en perpendicular a la madre, cada uno hacia un lado. Aunque es una postura más incómoda para la madre que la de rugby, tiene también una ventaja importante y es que los bebés no podrán molestarse entre sí. Una de las desventajas de amamantar a dos bebés a la vez es que en cuanto uno de ellos se pone nervioso y patalea provoca que al segundo bebé se le acabe saliendo el pecho de la boca y se enfade también. En este caso, como cada uno de los bebés está apoyado en un cojín distinto y alejado de su hermano, esto no puede pasar.

Otra de las ventajas de esta postura es que para practicarla no hace falta utilizar un cojín de lactancia. Aunque soy totalmente partidaria del uso de cojines de lactancia gemelares por su comodidad, es cierto que dan muchísimo calor y especialmente en verano puede resultar muy incómodo.

3. Postura en paralelo

postura en paralelo lactancia con gemelos o mellizospostura en paralelo lactancia con gemelos mellizos

Esta es otra de las posturas más fáciles de practicar. Sólo tienes que ponerte al primer bebé en posición de cuna, y al segundo bebé apoyado en el abdomen del primero, de modo que te quede una mano libre.

4. Postura de cuna cruzada

postura cuna cruzada lactancia gemelos mellizospostura cuna cruzada lactancia gemelos mellizos

Esta posición es más complicada que las anteriores y está indicada para bebés que ya sujetan la cabeza solos porque si no se te escurren. Para mí esta postura es uno de los grandes misterios de la multimaternidad y la verdad es que nunca he sido capaz de practicarla, pero me consta que muchas mamás si que la utilizan. Sujeta a cada bebé en la parte interior del codo de cada brazo y cruza sus cuerpos frente a tí, apoyando a cada uno en un muslo.

5. Postura en V

postura en v lactancia gemelos o mellizospostura en v lactancia gemelos mellizos

Otra postura indicada para bebés mayores que ya sujetan la cabeza. Puedes ponértelos de rodillas o sentar a cada uno en una pierna “a caballito”.

6. Tumbada boca arriba

lactancia gemelos o mellizos acostadalactancia gemelos mellizos acostada

Esta postura es una variante de la posición de cuna cruzada, y tiene la ventaja de que te permitirá dormir tranquilamente mientras tus gemelos se alimentan. ¡Relájate y disfruta!

7. Tumbada de lado

tumbada de lado lactancia gemelos o mellizos

Esta es una postura un poco complicada y en mi opinión sólo es factible cuando los bebés son pequeños (de tamaño). Además, necesitarás tener la espalda apoyada en un respaldo para estar cómoda, y tu cuerpo deberá estar ligeramente inclinado hacia detrás para que no se te caiga el gemelo que está arriba. Puedes poner una toalla entre cada uno de los bebés como muestra la ilustración, o bien apoyar directamente el gemelo que está arriba sobre el hombro de su hermano como hacía yo.

[Las ilustraciones de los apartados 1,3,4 y 5 las he obtenido del libro “Dos o más! Gemelos, mellizos, trillizos” (Karen Kerkhoff Gromada y Mary C. Hurlburt). La ilustración del apartado 6 la he sacado del folleto informativo de la asociación Lactaria. La ilustración del apartado 7 la he sacado de la página web de la asociación Alba. Las fotografías provienen del buscador de imágenes de Google.]

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Parto múltiple, ¿Cesárea segura?

Mucha gente da por hecho que, en caso de embarazo múltiple, el único parto posible es el parto mediante cesárea pero, ¿Realmente tiene que ser así?

cesareas parto multiple españa 2009

cesareas parto multiple españa 2010

Fuente: INE. Gráfico de elaboración propia.

Como podemos comprobar en los gráficos, la tasa de cesáreas en nuestro país sigue en aumento, situándose en un porcentaje cinco veces superior a lo recomendado por la OMS (Organización Mundial de la Salud), que oscila entre un 5% y un 15%. Además, las posibilidades de sufrir una cesárea aumentan proporcionalmentre según el número de fetos. Por tanto, alrededor de la mitad de los partos dobles suele acabar en cesárea, así como la gran mayoría de los partos de tres o más fetos.

Lamentablemente, estos datos contrastan con lo datos de otros países europeos como por ejemplo Holanda, en donde únicamente el 14% de los partos gemelares acaba en cesárea. En el caso de Gran Bretaña, el porcentaje es del 28%.

Sin embargo, además del número de fetos, hay otros factores que influyen en el tipo de parto como:

  •  La colocación de los fetos. Este es uno de los factores más determinantes. El gráfico siguiente muestra las distintas posibilidades en un embarazo gemelar, junto con la probabilidad de ocurrencia de cada una:

colocacion fetos embarazo gemelar

Fuente: “El gran Libro de los Gemelos” (Feenstra Cooks)

La SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) recomienda el parto vaginal en caso de que ambos gemelos se encuentren en cefálica (A). Este es el caso más común y también el más favorable de cara al parto.

En caso de que el primer gemelo esté en cefálica y el segundo se encuentre en otra posición, algunos estudios sugieren que la realización de una cesárea está asociaciada a una mayor morbilidad febril materna y no mejora los resultados neonatales. La SEGO recomienda optar por un parto vaginal siempre que la gestación haya llegado a las 32 semanas y el peso estimado de los fetos sea superior a 1500 grs. En caso contrario, quedará a la elección del ginecólogo.

Así, cuando uno de los fetos está en cefálica y otro está de nalgas (B y C), el que está en cefálica nacerá primero y en cuanto al segundo gemelo, podemos encontrarnos con varias situaciones distintas. Es posible que el segundo gemelo se gire sólo o bien que sea el médico quien lo haga. También es posible que nazca de nalgas, aunque no todos los médicos admiten esta opción. En otros casos, se optará directamente por realizar una cesárea.

Por otro lado, en un 4% casos el parto puede acabar en cesárea aunque el primer gemelo se haya alumbrado mediante parto vaginal, si el médico considera que el segundo gemelo se encuentra en peligro.

Generalmente, cuando ambos fetos están de nalgas (D) o uno de ellos se encuentra atravesado (E y F) se practicará una cesárea.

  • El tiempo de gestación: En el caso de grandes prematuros se suele realizar una cesárea, esto es, en el caso de bebés nacidos antes de la semana 29 de gestación.
  • El peso de los fetos: Un peso inferior a 1500 grs determinará la práctica de una cesárea.
  • Cesáreas anteriores: Aunque depende mucho de la idiosincrasia del médico, en principio una cesárea anterior no impediría un intento de parto vaginal siempre y cuando el primer gemelo esté en posición cefálica.
  • Otros factores: La SEGO recomienda la práctica de una cesárea en aquellos casos en los que haya una placenta previa que impida salir a los bebés por el canal de parto, en caso de existencia de tumores previos, en un embarazo gemelar monoamniótico (cuando comparten el mismo saco amniótico), cuando se aprecie una pelvis insuficiente (por una lesión o una malformación congénita), cuando se trate de gemelos unidos (siameses) y en general en los mismos casos en los que esté indicada para una gestación única.

Por lo que respecta a las gestaciones triples, un estudio reciente sugiere que los resultados son mejores en caso de parto vaginal, siempre y cuando el personal hospitalario tenga experiencia suficiente en este tipo de partos.

Por último, debes tener en cuenta que la filosofía del médico y su experiencia en partos múltiples también son factores de gran relevancia. Tristemente, aún existen muchos ginecólogos que en caso de parto múltiple deciden programar directamente una cesárea, aunque las condiciones sean favorables. Si este es tu caso te invito a que acudas a otro médico a pedir una segunda opinión.

La realización de una cesárea no deja de ser una operación por lo que no sólo no está exenta de riesgos, sino que después del parto te quedas hecha polvo, retrasa la subida de la leche dificultando el establecimiento de la lactancia y la recuperación de es mucho más lenta que en el caso de un parto vaginal. En la página web del Parto es Nuestro puedes leer experiencias de embarazos múltiples que acabaron en partos vaginales.

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Tú a casa y yo a la incubadora

Cuando se tienen múltiples y los recién nacidos son ingresados en Neonatos, puede ocurrir que no todos reciban el alta al mismo tiempo. Yo recuerdo como si fuera ayer la sensación de profunda tristeza que me invadió cuando recibí el alta del hospital y salí de allí con mi niño en los brazos, dejando a mi niña ingresada.

Recuerdo esa sensación de vacío, sentir que estábamos abandonándola a su suerte, como si de alguna forma la estuviésemos traicionando al irnos a casa sin ella. Y recuerdo también la pena que sentía cuando le daba el pecho a mi hijo y me imaginaba a mi niña siendo alimentada por una fría sonda. O cuando me acostaba en la cama abrazada a mi hijo y pensaba en mi pobre hija durmiendo solita y rodeada de cables. ¡Me sentía tan culpable por no poder estar con ella haciendo las mismas cosas que con su hermano!

También me preguntaba muchas veces si, después de nueve meses juntos, no se echarían de menos entre ellos. Tengo un video de una de las ecografías 4D que me hice en el que se ve claramente que ya desde el útero interactúan entre ellos.

Si eres una mamá de múltiples, y tienes a tus bebés divididos entre tu casa y el hospital, quiero compartir contigo una serie de reflexiones para poder sobrellevar mejor esta situación:

  • Si el curso de tu embarazo permite sospechar que uno o todos tus múltiples pueden acabar en la incubadora (algo muy frecuente en caso de parto múltiple), busca un hospital que permita el acceso a ambos padres durante las 24 horas, sin ningún tipo de restricción. Eso te facilitará conciliar el cuidado de los peques que tienes en casa con las visitas a los peques que tienes en el hospital. En una situación tan estresante lo último que necesitas es tener que ceñirte a un horario de visitas.
  • No te sientas culpable por no poder pasar tanto tiempo en la incubadora como otras mamás. Al fin y al cabo ellas sólo tienen un bebé, y tú tienes que cuidar de dos (o más), así que tendrás que dividir tu tiempo como buenamente puedas.
  • Si eres primeriza como yo, el primer peque que te lleves a casa te servirá de entrenamiento para el cuidado de los que vengan después. Nosotros siempre comentamos en broma que el niño nos sirvió de conejillo de indias, ya que la mayoría de los típicos errores de padres novatos los tuvo que padecer él solito. Cuando llegó a casa su hermana ya teníamos casi dos meses de experiencia en el cuidado de bebés, algo que no parece gran cosa pero teniendo en cuenta que nuestra experiencia previa era nula la diferencia es bastante notable.

gemelos mellizos incubadora doble

  • Aprovecha para conocer y disfrutar del peque que tienes en casa, ya que cuando los tengas a todos contigo te será muy difícil poder dedicarles un tiempo en exclusiva, al menos durante los primeros meses.
  • Aprovecha también la experiencia de los primeros días para analizar de forma realista las necesidades que tendrás cuando tengas a todos tus múltiples en casa. ¿Un bebé gasta más pañales de lo que esperabas? ¿Los chupetes que has comprado no parecen suficientes para todos? ¿La bañera que compraste en la práctica resulta incómoda? Este es el momento idóneo para solventar esos pequeños problemas.
  • Si has optado por la lactancia materna, utiliza al peque que tienes en casa para estimular la producción. Ofrécele el pecho con mucha frecuencia y práctica el contacto piel con piel para favorecer la liberación de oxitocina. También puedes aprovechar mientras está mamando para sacarte la leche del otro pecho y llevársela a tu peque al hospital. Así aprovecharás mucho mejor el tiempo ya que la lactancia en estas condiciones puede hacerse muy pesada.
  • No te sientas culpable por abrazar, bañar, besar, acariciar o jugar con el peque que tienes en casa. Al fin y al cabo eres su madre, hacer todas esas cosas es tu trabajo, y ya verás como pronto podrás hacerlo también con sus herman@/s. Para reforzar el vínculo que tienes con el peque que está en la incubadora te animo a practicar el método canguro. No sólo le ayudarás a recuperarse más rápido, sino que tú también te sentirás mucho mejor.
  • Llora todo lo que necesites, desahogarte te hará sentir mucho mejor y te permitirá coger fuerzas. ¡Cuando tengas a todos tus múltiples en casa no vas a tener tiempo ni para llorar!

Y sobre todo se optimista y ten presente que esta situación es temporal, en un par de semanas estaréis todos juntos en casa, empezará tu nueva vida como multimadre, y con el tiempo esta situación no será más que un desagradable recuerdo.

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Lo que hay que oir…¡Por tener múltiples!

Antes de tener a mis peques multimadre enfadadajamás hubiera adivinado que una pareja de mellizos pudiera llamar tanto la atención por la calle. La verdad es que a veces nos sentimos un poco “monos de feria”, que diría la Esteban. Podría entender tanta sorpresa si fueran cuatrillizos o quintillizos. ¡Con la cantidad de mellizos que hay!

Pero el hecho es que  constantemente la gente se nos queda mirando y hasta hacen comentarios al respecto sin el menor disimulo, y debo decir que aunque por lo general son positivos, hay mucha gente que es bastante descarada, por no decir maleducada. Todavía recuerdo, con bastante cabreo, a una chica con la que me crucé en el Corte Inglés, se me quedó mirando y soltó ¡Qué horror! Y lo peor es que el comentario le salió del alma.

En realidad, debo admitir que por lo general la gente es muy amable, se acercan a nosotros y nos piden permiso para verlos. Muchas de esas personas suelen ser emocionadísimas futuras abuelas de mellizos, u otras mamás de múltiples que nos ofrecen un rato de charla agradable y nos cuentan su experiencia.

A veces me pasan cosas muy curiosas, como un señor muy mayor que me paró el otro día por la calle para enseñarme una foto en blanco y negro antiquísima, en donde salía él con su hermano gemelo, ambos idénticos y vestidos de cura ya que según me contó cuando les tomaron la foto estaban estudiando en un seminario. Me quedé con ganas de saber si los dos colgaron el hábito.

También suele ser llamativa la reacción de algunos camareros cuando tratamos de pedir una mesa en un restaurante. Si bien algunos nos miran con simpatía, otros murmuran algo así como “Mmm.. pues no se si vamos a tener espacio suficiente para meter el carrito…” mientras observan temerosos una mesa vacía junto a la cual hay un fantástico hueco en el que cabría un carrito de cuatrillizos. No sea cobarde y dígame la verdad, a usted lo que le pasa es que le da pánico que las dos criaturitas se pongan a berrear a la vez mientras el resto de sus clientes abandonan el restaurante en estampida.

Sin embargo, los comentarios más típicos suelen ser los siguientes:

  • Los cotillas: Esta es mi pregunta favorita y la más frecuente con diferencia. “¿Son naturales?” No señora, son artificiales pero están tan bien hechos que parecen de verdad, y la ventaja es que cuando me canso de ellos los puedo desconectar. Y puestos a compartir intimidades entre desconocidas, ¿Usted practica el sexo anal con su marido?.
  • Los sorprendidos: “¡Son dos!”.  Este comentario es muy típico también. Ya decía yo que oía mucho follón en casa últimamente.
  • Los preocupados: “¡La niña es mucho más pequeña que el niño!” Pues  sí, mi hija tuvo un problema durante el embarazo y nació con apenas un kilo pero, ¿Realmente es necesario que comparta la historia clínica de mi hija con todos los desconocidos que me interrogan por la calle?.
  • Los decepcionados: “Pues no se parecen…”. Vaya, pues es verdad, voy a tener que hacerles la prueba de ADN a ver si realmente son hermanos, no vaya a ser que sólo coincidieran en mi útero por pura casualidad.
  • Los partidarios del control de natalidad: “¡Qué suerte, niño y niña!, Ya pararás ¿no?” Pues, en realidad, estoy deseando tener otro… “¿Y si te vuelven a salir mellizos?” La verdad es que no se me había ocurrido, pero dicho así suena como una especie de maldición.
  • Los criticones: “¿Son dos niños, no? ¿Ah no? Como la niña no lleva pendientes…” Supongo que el hecho de que vaya vestida de rosa y lleve un chupete rosa con un nombre de niña grabado no significa nada para usted.
  • Los escépticos: “¿No les vas a dar un biberón? ¡Se quedarán con hambre! No puedes tener leche para los dos” Vale, lo confieso, soy una vaca lechera disfrazada de ser humano y le agradezco infinitamente su preocupación por la correcta nutrición de mis terneritos.

Y lo más surrealista que me ha pasado últimamente me ocurrió mientras paseaba al perro con el carrito de los peques y una señora que me miró con cara de desaprobación y me dijo “¡Estás ocupando toda la acera!”. Lo más curioso de todo el asunto es que la acera en cuestión tiene más de diez metros de ancho, y además la buena señora iba paseando con otras cuatro buenas señoras más, todas ellas cogidas del brazo y ocupando bastante más acera que nosotros.

Si os habéis reído con este post os invito a que visitéis estos enlaces en donde podréis leer otras experiencias de multimadres víctimas de opinólogos anónimos:

 

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6 Mitos acerca de la lactancia materna con gemelos o mellizos

Cuando una futura multimadre le comunica a su entorno que tiene la intención de darle el pecho a sus hijos, el comentario suele suscitar reacciones diversas que pueden oscilar entre la sorpresa, la incredulidad, el escepticismo o directamente la incomprensión.

Si estás embarazada de gemelos o mellizos y tienes la intención de darles el pecho, hay una serie de mitos que sin duda tarde o temprano acabarás oyendo, tal y como me pasó a mí en su momento:

1. No tendrás suficiente leche para los dos. Esta creencia está bastante extendida pero lo cierto es que no tiene ningún fundamento científico. La mayor o menor producción de leche depende de la demanda, por lo tanto, si la demanda es doble la producción será doble también.  Ofrécele a tus bebés el pecho cada vez que creas que lo necesitan, sin imponerles limitaciones ni horarios, y ya verás como produces leche más que suficiente para los dos.

2. No podrás darle el pecho a los dos a la vez. ¿Cómo que no? ¿Acaso no tienes dos pechos? Lo que si que es prácticamente imposible es dar dos biberones a la vez, y créeme, mi marido lo ha intentado de todas las formas posibles.

Amamantarles a la vez no sólo es posible, sino que de hecho es bastante aconsejable que las tomas no se hagan demasiado pesadas, sobre todo al principio que pasarán mucho tiempo tomando pecho. En este folleto de la Asociación Lactaria puedes ver varias posturas, y yo personalmente te recomiendo que te hagas con un cojín de lactancia bien grande y cómodo como el de la foto. El cojín te permitirá reposar los brazos y la espalda durante las tomas, y podrás colocarte a los dos bebés tu sola sin dificultad.

lactancia gemelos o mellizos

3. Una vez que hayan probado un biberón, ya no querrán tomar pecho. Una gran parte de los bebés nacidos en partos múltiples suelen acabar en la incubadora, ya sea por prematuridad o por bajo peso. Y normalmente, lo primero que harán al ingresarlos será prepararles un buen biberón. Si este es tu caso no te preocupes y confía en el instinto de tu bebé. Te lo dice una multimamá que tuvo a su peque seis semanas ingresada en Neonatología.

Al principio requerirá un poco de paciencia, y posiblemente tengas que empezar por una lactancia mixta, pero en cuanto esté bien instaurada la lactancia materna podrás ir retirando progresivamente las tomas de biberón. En este caso es recomendable que los suplementos que les ofrezcas sean de tu propia leche para asegurarte de que tu producción no disminuye, e incluso puedes probar a utilizar un relactador como este para que el bebé estimule tu pecho mientras toma el suplemento.

 4. Dar el pecho te resultará más complicado que alimentarles con biberón. La leche materna es un alimento instantáneo, que no requiere preparación alguna y calma al bebé al instante. Alimentarles con lactancia artificial implica preparar unos 16 biberones al día. Además, mientras preparas el biberón para el bebé hambriento, este no dejará de llorar y acabará despertando al otro bebé. Imagínate el follón que esto supone en el caso de las tomas nocturnas.

Y eso por no hablar de la logística necesaria para dar un paseo por la calle. Por si fuera poco trabajo vestir a dos bebés, meterlos en su silla y preparar el bolso, además tendrás que preparar al menos cuatro biberones recién esterilizados (uno por cada bebé y dos de emergencia por si se cae alguno), un termo con agua caliente y un portapolvos con cuatro raciones preparadas. Y si decides cambiar de planes y dar un paseo más largo del que tenías previsto inicialmente, siempre dependerás de llevar encima biberones y leche en polvo suficiente.

5. No vas a poder descansar nunca. ¿De verdad crees que vas a descansar mejor teniendo que ir hasta la cocina cada tres horas para preparar dos biberones mientras tus peques lloran desconsolados? Y eso por no hablar de lo que tardan algunos bebés en tomarse un biberón. Por ejemplo mi hija era perfectamente capaz de tirarse más de 20 minutos para acabárselo. Al final se te acaba juntando una toma con otra.  ¿No es mucho más cómodo darles el pecho sin tener que moverte de la cama, y aprovechar para dormir mientras comen?

 En mi caso, les tengo durmiendo en una cuna al lado de mi cama y he aprendido a darles el pecho cómodamente tumbada, así que cuando se despiertan me los paso a la cama y luego les vuelvo a dejar en la cuna otra vez. Con el tiempo me he acostumbrado a poner el piloto automático por las noches y apenas me entero de sus tomas nocturnas.

 Claro que siempre habrá alguien que te diga que lo malo de la lactancia materna es que nadie más podrá ayudarte a darles de comer y siempre tendrás que estar ahí para alimentarles. Esto tampoco es cierto ya que con un buen sacaleches eléctrico no tardarás más de 15 minutos en extraerte leche para que pueda alimentarles otra persona mientras tú descansas o das un paseo.

 6. Te vas a poner enferma. Si, esto también me lo han dicho. Supongo que piensan que corro el riesgo de deshidratarme o algo así. Es cierto que amamantar a dos peques da mucha sed, pero no es menos cierto que la lactancia comporta innumerables beneficios para la salud de la madre y nadie hasta ahora ha podido demostrar que esto no sea así en el caso de gemelos. Yo doy fe de que gozo de una salud fantástica, y además la lactancia me vino estupendamente para perder esos 23 kilazos que cogí durante el embarazo.

 La salud de tu cuenta corriente también se verá beneficiada ya que un bote de leche cuesta unos 25 € y no te durará más de cuatro días.

Y recuerda…el mayor enemigo de la lactancia materna es la desinformación y la incomprensión del entorno, y el mayor aliado es la constancia. Así que si has decidido darle el pecho a tus multipeques, no dejes que nadie te desanime.

Puedes consultar aquí otras experiencias de lactancia materna con múltiples. También puedes consultar este folleto informativo de la Asociación Lactaria de apoyo a la lactancia materna.

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