7 cosas que me hubiera gustado saber antes de convertirme en multimadre

El otro día estuve reflexionando acerca de todo lo que he aprendido este último año. Cómo he comentado alguna vez, antes de embarcarme en esta maravillosa aventura no tenía demasiada idea acerca del cuidado y la evolución del bebé. Algunas de las cosas que han ocurrido eran de esperar, otras me han sorprendido gratamente y algunas otras directamente me han defraudado o me han hecho sentir frustrada en algún momento. Por ello he pensado en escribir una entrada acerca de todas aquellas cosas de la multimaternidad que me hubiera gustado saber antes de ser madre. Ahí va:

1. Ya no serás anónima nunca más.

Aunque no te hayas casado con un deportista de élite, ni el papá de tus criaturas sea un actor de Hollywood, el hecho de ser multimadre o multipadre te convierte automáticamente en una celebrity, al menos a nivel local. ¡Y es que los bebés múltiples, por alguna razón que aún no he sido capaz de averiguar, llaman muchísimo la atención! Esto significa que la gente te mirará por la calle, se acercará sin ningún disimulo a mirar a tus bebés de cerca para verificar que no sean extraterrestres, harán comentarios al respecto enfrente de tus narices y en algunos casos incluso te darán el pésame. La mayoría de los comentarios que recibas serán pretendidamente amables, otros no lo serán tanto y algunos estarán directamente fuera de lugar. Sin embargo, lo que es seguro es que llamarás mucho la atención por la calle, así que prepara tu mejor sonrisa y oigas lo que oiga no dejes que te afecte.

Si quieres sabes más sobre este tema, te invito a leer nuestro post sobre lo que hay que oír…¡Por tener múltiples! La buena noticia es que, según otras multimadres con más experiencia que yo, esta fama recién adquirida sólo dura un par de años, hasta que los niños dejan de ir en una silla doble de paseo (o triple). Aunque no estoy segura de que este sea el caso de los gemelos o trillizos idénticos, seguro que estos recibirán muchísimos comentarios a lo largo de su vida.

2. Tus múltiples (seguramente) tardarán unos meses en relacionarse entre sí.

Este ha sido uno de mis grandes descubrimientos como multimadre. Antes de tener a mis bebés reconozco que tenía una imagen muy idílica al respecto; me los imaginaba durmiendo abrazados en la cuna, buscándose con la mirada el uno al otro nada más despertar, tomando pecho cogidos de la mano… Y nada más lejos de la realidad, al menos durante los primeros meses en los que se ignoraban el uno al otro un 98% del tiempo, a pesar de pasar el día juntos e incluso compartir la misma cuna. Así, no fue hasta los seis o siete meses cuando empezaron a ser realmente conscientes el uno del otro y empezaron a interactuar entre sí. Incluso hoy en día, con 13 meses, muchas veces juegan por separado y se ignoran mutuamente.

Sin embargo he de decir también que son inseparables; a veces juegan, otras veces se pelean e incluso a veces compiten el uno con el otro por la atención de mamá. Pero de lo que estoy segura es de que no sabrían vivir el uno sin el otro. Y yo he sigo una testigo privilegiada de cómo han ido construyendo poco a poco su relación, ¡Y ha sido precioso!. Así que si eres una futura mamá de múltiples no esperes que tus bebés se relacionen entre ellos desde el primer día, apenas acaban de aterrizar al mundo y están muy ocupados descubriendo todo lo que les rodea, pero ya verás como dentro de un par de meses serán uña y carne.

gemelos mellizos jugando

3. Por mucho que te esfuerces, muchas veces no podrás evitar que lloren (a la vez).

Algunas veces ni siquiera sabrás a cual  consolar primero o te desesperarás intentando consolar a los dos a la vez. Antes de ser madre pensaba que si criaba a mis mellizos de forma respetuosa y atendía sus necesidades con rapidez apenas llorarían. Y bueno, es posible que gracias a esto lloren menos que otros niños (que tampoco lo se), pero el hecho es que de vez en cuando lloran desconsolados y a veces me hace sentir frustrada no poder consolarles a pesar de mis besos y abrazos, sobre todo últimamente cuando me piden imposibles como querer comerse la comida del perro o intentar agarrar un cuchillo.

Supongo que a ninguna madre del mundo le gusta ver sufrir a sus hijos, pero creo que a veces es inevitable ya que el llanto es su forma de expresarse, sobre todo ahora que son tan pequeños y aún no saben transmitir sus necesidades hablando. Así que, cuando ocurre, una no puede hacer más que acompañarles en su sufrimiento y ayudarles a desahogarse, y si lloran los dos a la vez y estás sola con ellos, tratar de atenderles a los dos como buenamente puedas. Al fin y al cabo, ¡Las multimadres también somos humanas!.

4. Sincronizar sus ritmos en la medida de lo posible te facilitará enormemente la vida.

Para mí, que estoy sola en casa con ellos durante el día, esta es una regla de oro que trato de cumplir escrupulosamente. Para poder apañarme bien con ellos y simplificar la logística intento que lo hagan todo a la vez y que siempre estén juntos en el mismo espacio para poder vigilarles sin volverme loca. Un tema fundamental es el sueño, trato de que ambos hagan las mismas siestas a la vez y a la misma hora, porque si no organizarme sería imposible y no podría descansar ni un solo minuto. Así que lo hago es acostarles a los dos a la vez en cuanto uno de los dos tiene sueño, y despertar al segundo mellizo en cuanto se despierta el primero. El hecho de que duerman juntos ayuda mucho. También les doy de comer a la vez, una cucharada a uno y otra a su hermano.

Si no lo hiciera así me encontraría con situaciones como que uno de ellos sigue durmiendo la siesta de la mañana mientras que el otro ya quiere comer y tendría que darles de comer por separado, lo que me llevaría el doble de tiempo y además no podría vigilar al primero mientras doy de comer al segundo. Supongo que esta es una norma cuyo cumplimiento se va complicando a medida que se hacen mayores y más independientes pero de momento me funciona bastante bien.

5. Compartieron útero pero no son iguales.

Esto está intrínsecamente relacionado con el postulado anterior. El hecho de que sean múltiples no implica que tengan las mismas necesidades ni los mismos gustos. Y esto, aunque inevitable, complica un poco las cosas. A mí me pasa por ejemplo con las comidas. A mi hija le gustan muchas más comidas que a mi hijo, lo que implica que por ejemplo cuando le preparo un gazpacho tengo que preparar también una alternativa para su hermano. En cambio, a mi hijo le encanta la piscina pero mi hija enseguida tiene frío y quiere salir lo que implica que, si estoy sola con ellos, tengo que sacarles a los dos de la piscina. Supongo que es el precio que hay que pagar por tener un compañero de juegos de la misma edad.

6. Haz acopio de chupetes.

Si has decidido que tus hijos usen chupete te aconsejo que te aprovisiones de existencias como si fueran a dejar de fabricarlos mañana. ¡No te imaginas la cantidad de chupetes que una multimadre tiene que buscar una y otra vez a lo largo del día! Y siempre están escondidos en los lugares más inimaginables. Esta actividad se hace especialmente intensa cuando los bebés pasan por esa fase en que descubren que son capaces de tirar cosas, y se dedican a lanzarlos una y otra vez y cuanto más lejos mejor. Pero claro, a los cinco minutos ya están llorando porque no encuentran su chupete. Desde aquí aprovecho para proponer que el lanzamiento del chupete sea considerado una disciplina olímpica. ¡Tengo dos futuros campeones en casa desperdiciando su talento!

chupetes padres

7. Olvídate de ser una persona puntual y ordenada.

Prioriza aquellas tareas que te garanticen la supervivencia doméstica. Cuando una se convierte en multimadre, llegar con puntualidad a una cita se convierte en poco menos que una utopía. Antes de tener a mis hijos pensaba que todo esto no era más que una cuestión de organización, y que con una planificación adecuada podría llegar más o menos a todo. ¡Error! Generalmente el nivel de desorden e impuntualidad es proporcional al número de múltiples. La puntualidad en sí para mi es un misterio, hay veces que empiezo a prepararles apenas una hora antes y llego puntual, y otra veces les preparo con más de dos horas de antelación y llego con retraso. Y es que cuando eres multimadre la vida se llena de sorpresas y, sobre todo, de imprevistos de última hora. Así que te aconsejo minimizar tus expectativas al respecto y conformarte humildemente con haber hecho todo lo posible por haber llegado puntual. La mayoría de la gente lo entenderá (y si no lo entienden invítales a pasar un día en tu casa con tus múltiples).

La misma consideración es aplicable a la intendencia doméstica. Olvídate de tener la cocina impoluta, la ropa perfectamente planchada y ordenada y la cena preparada. A partir de la llegada de tus múltiples la colada se acumulará sin piedad, y la cocina aparecerá constantemente llena de cacharros por mucho que te esfuerces. Confórmate con mantener un nivel de salubridad adecuado y con encontrar un hueco para ducharte todos los días. Y si te sobran diez minutos, ¡Descansa! Necesitarás todas tus energías para cuidar de tus múltiples. No te sientas culpable (ni dejes que te lo hagan sentir), rebaja tu nivel de exigencia y ocúpate de lo importante: ¡Disfrutar de tus hijos! Ya vendrán tiempos mejores para volver a ser puntual y ordenada cuando crezcan, pero los primeros meses de tus hijos no volverán nunca.

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¿Las multimadres somos super madres?

Hace unos días leí un post en el blog Mummy from the heart (@michelletwinmum) que habla acerca de cómo las multimadres somos en ocasiones consideradas en nuestro entorno como super heroínas, y el post me gustó tanto que no he podido resistirme a traducirlo.

La autora del post es madre de 4 hijos, dos de ellos gemelas y escribe en el blog Double Troubled (@trouble_doubled).

“Desde que tuve a las gemelas he notado una tendencia creciente a pedirme consejos de crianza por parte de la gente que me rodea, así como gente que me dice que debo de ser una Superwoman disfrazada. Esto se me hace un poco extraño. Nunca antes había sido considerada como un oráculo de la maternidad o una superheroína. ¿A qué se debe este cambio? Creo que se debe al hecho de tener gemelas, además de otros dos niños, y por ello la gente piensa -acertada o equivocadamente- que de repente me he convertido en la madre a la que todos deben pedir consejo en el parque.

No puedo ser la única madre de gemelos que opina que esta situación es un poco fraudulenta. Sí, las madres de múltiples tendemos a juntarnos entre nosotras y hablar de cosas que las mamás de un solo niño no podrían comprender. Aunque puede haber algo de verdad en esto, definitivamente me guardo de decir cosas como que desde que tengo gemelos puedo lidiar con cualquier cosa, porque no es cierto.

Desde fuera, las madres de múltiples parecemos un grupo aterrador. En internet hemos sido acusadas de considerarnos superiores a otros padres. Una vez más, esto no es cierto. Lo que sí que es verdad es que nuestras capacidades paternales se han visto puestas a prueba un poco más duramente que en el caso de otros padres, y todavía no hemos perdido la sonrisa. Ello origina un incremento de nuestra confianza en nosotros mismos, y un entendimiento mejor de nuestras limitaciones. Esto puede hacer que seamos percibidos en apariencia como muy seguros de nosotros mismos, algo que puede resultar atractivo para aquellos faltos de seguridad en algún aspecto de su paternidad. Puede. No soy psicóloga.supermadre de gemelos mellizos trillizos

Como multimadre, me siento intimidada por otras madres de múltiples. Sí, he llevado a cabo un embarazo doble a término con dos bebés de más de tres kilos, lo que sin duda requiere una cierta resistencia física, si no mental. Pero no he pasado por muchos de los problemas que otras multimadres han tenido que afrontar, ni mis bebés han nacido de forma prematura. En mi grupo de multimadres, hay mujeres que han tenido gemelos después de pasar por tratamientos de fertilidad durante años, y una madre cuyos bebés nacieron tan prematuros que fueron desahuciados por los médicos. Ahora están gateando felices pero, créeme, ¡No hagas enfadar a esa madre! Una amiga mía llevo a término un embarazo de gemelos sabiendo que uno de ellos moriría poco después de nacer. Continuó con el embarazo para salvar al otro gemelo sano. No entiendo como lo superó, y afortunadamente jamás tendré que comprenderlo.

Y no hay que olvidar a esos padres múltiples. Puede que mi marido no haya llevado a los bebes en su vientre ni haya dado a luz, ni haya tenido que pelear en medio de la noche para establecer una lactancia doble, pero ha cambiado numerosos pañales, ha empujado ese carrito doble hasta el colegio y de vuelta a casa para que yo pueda recuperar un poco de sueño, y se ha involucrado profundamente en cualquier otra tarea que haya tenido que acometer. Él es tan super héroe como podría serlo yo y sin embargo nadie le pregunta acerca de sus habilidades paternales y su sabiduría.

A pesar de nuestra fortaleza y coraje como padres, las madres y padres múltiples no somos especiales. No tenemos visión de Rayos X ni brazos elásticos (aunque en ocasiones ayudaría) más que cualquier otro padre. Simplemente, somos seres humanos que hemos tenido que afrontar un reto paternal un poco especial, algo que le podría pasar a cualquier, incluso a Superwoman.”

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Mi primer aniversario como (multi)madre

Recién aterrizada de vacaciones, el jueves pasado fue un día muy especial para mí ya que mis mellizos cumplieron su primer año. Parece un tópico eso de que crecen tan rápido que apenas te das cuenta, pero es completamente cierto. Hace ahora un año eran unos bebés diminutos cuya vida consistía básicamente en comer y dormir, y ahora son dos bebés inquietos que no paran de jugar, se ponen de pie, trepan para subirse a los muebles y ya amenazan con dar sus primeros pasos.

tartas primer cumpleaños gemelos mellizos

Han pasado tantísimas cosas en estos 365 días que incluso me cuesta recordar con nitidez algunos momentos. Si tuviera que definir en una sola palabra mi primer año como madre diría que ha sido intenso, o más bien intensivo, ya que cuidar de dos bebés durante 24 horas al día es bastante agotador. Pero, por otro lado, creo que se me ha dado mejor de lo que yo esperaba teniendo en cuenta que mi experiencia previa en el cuidado de bebés era nula.

Uno de mis primeros y mejores recuerdos fue durante el parto, cuando pusieron a mi hijo sobre mí mientras sacaban a mi niña. Entonces, él alargó la mano y me cogió la nariz. No puedo describir con palabras la mezcla de emoción y ternura que sentí en aquellos momentos, de pronto sentí un enamoramiento tan intenso que me hizo llorar, y a la vez me sentí abrumada por la enorme responsabilidad que se me venía encima. ¿Sabría cuidarlos bien? ¿Estaría a la altura? Y al final resultó que era cierto, que la maternidad es algo eminentemente instintivo, y la primera vez que cogí en brazos a mi pequeñísimo hijo de apenas dos kilos sentí que llevaba toda la vida haciéndolo.

Recuerdo también la primera vez que me dejaron ver a mi hija cuatro días después del parto. Con tan sólo un kilo de peso, metida en su incubadora y rodeada de tantos cables, en apariencia tan delicada pero sin embargo tan luchadora. Se la veía tan larga y tan delgadita pero con una cara preciosa, parecía una pequeña princesa atrapada en una urna de cristal. Le pedí a la enfermera que la sacara, la abracé y lloré durante un buen rato, lágrimas de pena por verla en esa situación, pero sobre todo de alegría y de alivio, ¡Estaba viva y estaba sana!

Tampoco puedo olvidar ese maravilloso 20 de septiembre cuando mi hija recibió al fin el alta y pude llevármela a casa con nosotros. Ese fue el día en que empezó realmente mi nueva vida como multimadre, y se acabó el tormento de tener mi corazón constantemente dividido en dos. La primera vez que ví a mis hijos dormir juntos en la misma cuna también fue un momento memorable, me lo había imaginado tantas veces que ni siquiera me parecía real.

mellizos gemelos durmiendo abrazados

Mis mellizos durmiendo la siesta abrazados hace un par de semanas

Sin duda, esos fueron los momentos más especiales, aunque creo que este último año he sentido más emociones que durante el resto de mi vida. He reído viendo sus primeras trastadas, he llorado de impotencia cuando no podía calmar sus cólicos, me he sorprendido con la aparición de sus primeros dientes, me he agobiado tratando de conciliar el cuidado de mi hijo con las visitas diarias al hospital para ver a su hermana, me he emocionado con cada gesto de complicidad que se hacen el uno al otro, he sentido frustración por todos los obstáculos que he tenido que superar para establecer la lactancia (y he sentido el orgullo de haberlos superado todos), he padecido el agotamiento de tantas noches sin dormir, he gozado de la felicidad de despertarme abrazada a mis dos pequeñines, he sentido el miedo y la incertidumbre por el estado de salud de mi hija y la pena de tener que dejarla ingresada en el hospital mientras los demás nos íbamos a casa.

Por tanto, ha sido un año agridulce pero sin duda el balance es claramente positivo, y las pocas cosas malas que han ocurrido quedarán enterradas para siempre en el fondo de mi memoria como algo anecdótico. Nunca me alegraré suficiente de haber solicitado una excedencia para cuidar de mis hijos, a pesar de que sin duda tendrá consecuencias negativas sobre mi carrera profesional. Todo este tiempo que hemos compartido no tiene precio y a pesar de que al principio temía agobiarme por estar todo el día en casa sola con los niños, al final todo ha sido mucho más fácil de lo que yo pensaba. Ahora mismo ni siquiera imagino el momento de separarme de ellos.

Durante este año he aprendido muchísimo acerca del cuidado del bebé, he conocido todo tipo de artículos de puericultura que ni siquiera imaginaba que existieran y he contactado con otras madres a través de internet para intercambiar experiencias. Y, sobre todo, he aprendido muchísimo sobre mi misma, conociendo habilidades que no sabía que tenía, y también otros defectos que me gustaría no tener. Me gustaría ser una madre perfecta pero por desgracia tan solo soy una madre humana más. Pero prometo intentar hacerlo mejor cada día, ya que mi nueva carrera como madre no ha hecho más que empezar. Gracias G. y C. porque vuestro amor me hace mejor persona.

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La historia de mi lactancia (II): Estableciendo la lactancia con mi hijo en el hospital

En la entrada anterior os hablaba de mi parto y de las 48 horas posteriores, os conté cómo viví esas horas separada de mis hijos, mi estado de confusión acerca de todo lo que estaba pasando  y cómo al fin logre extraer unas gotas de calostro con el sacaleches eléctrico del hospital. En esta entrada os contaré como logré establecer una lactancia materna exclusiva con mi hijo, después de dos días separados.

En esta etapa inicial de la lactancia, mis grandes aliados fueron el sacaleches eléctrico, disponer de la información necesaria y cantidades ingentes de paciencia. Y también, por supuesto, el apoyo de mi marido, quien me ayudó muchísimo con la lactancia y además no se atrevió a llevarme la contraria a pesar de que en muchos momentos ni yo misma tenía muy claro lo que estaba haciendo.

El segundo día después de mi parto me desperté aún más triste y cabreada, ¿Cómo era posible que a estas alturas aún no conociese a mi hijos? Además me encontraba mucho mejor físicamente y empecé a plantearme todo tipo de locuras como quitarme las vías por mi cuenta y riesgo y escaparme a la incubadora en cuanto me quedase sola en la habitación. Y mi marido, que me conoce muy bien, temiendo que hiciera cualquier barbaridad bajó a ver a mis peques y a pedirle a las enfermeras que al menos me subieran a mi hijo un momentito -que estaba en una cuna térmica perfectamente bien de salud- para que pudiera sentirme mejor. Finalmente no hizo falta ya que justo en ese momento mi hijo estaba recibiendo el alta, y quince minutos después de repente ví como se entreabría la puerta de la habitación y se asomaba una cuna. ¡Por  fin me dejaban ejercer de madre! Con todo el cuidado del mundo abracé a esa cosita de apenas dos kilos y no le solté durante toda la estancia en el hospital nada más que para dormir (y porque tenía miedo de que se me cayera de la cama que si no…).estatua lactancia hospital gregorio marañon maternidad o'donell

Cuando me entregaron a mi hijo lo primero que hice fue quitarle el chupete que le habían dado en Neonatos, no quería que nada interfiriera con la lactancia, especialmente teniendo en cuenta que llevaba dos días siendo alimentado mediante biberón y aún no había podido ponérmelo al pecho. Lamentablemente, un hospital que presumía de ser partidario de la lactancia materna, e incluso tiene una escultura de una mujer amamantando a su bebé en la entrada, no contemplaba otro método para alimentar a los bebés recién nacidos, como por ejemplo el método dedo-jeringa. Sabía que eso iba a dificultarme bastante la lactancia pero no me imaginaba hasta qué punto.

Durante esos primeros días las enfermeras de planta me ayudaron bastante, me colocaron al niño, me enseñaron a introducir toda la aureola del pezón en su boca, a estimular la succión tocándole la mandibula y a lanzar pequeñas gotas de leche artificial dentro de su boca con el biberón para animarle. Pero mi hijo no se enganchaba a pesar de todos nuestros esfuerzos. Seguí practicando mucho piel con piel (tener a mi hijo sobre mi pecho desnudo) y cada tres horas me levantaba, le ofrecía el pecho durante media hora y después le daba el biberón que me traían las enfermeras. Y una y otra vez me volvía a rechazar. Y no es que el bebé estuviera adormecido, ya que el biberón se lo tomaba de un trago. En mi infinita desesperación llegué incluso a tirar el contenido de uno de los biberones y saltarme una toma para hacer que tuviese más hambre. Pero tampoco funcionó y no quise volver a intentarlo ya que mi bebé estaba muy justo de peso y me dio miedo que lo ingresaran a él también.

Y lo peor de todo es que tampoco me había subido la leche aún. Me sentía agotada, derrotada, rechazada por mi bebé, y acabé preguntándome si todos tendrían razón y una vez que un bebé ha probado un biberón ya nunca se engancha al pecho de su madre. Después de más de 24 horas intentándolo, casi sin dormir y sin haber podido conocer a mi hija todavía, me flaqueaban las fuerzas y recuerdo como una noche, después de una de las tomas, me puse a llorar desconsolada. ¿Dónde estaba el instinto de succión de mi bebé? ¿Ya no se podía hacer nada para arreglar la situación? ¿Y cuándo iba a conocer a mi hija?

Intenté conservar la calma y me prometí a mi misma que si no lo conseguía en cuanto me dieran el alta llamaría a una asesora de lactancia para que viniera a casa. Me repetía a mi misma una y otra vez que si se podía, que era cuestión de paciencia, que si incluso había madres adoptivas que habían logrado una lactancia inducida cómo no iba a poder conseguirlo yo, que estaba recién parida. Así que seguí intentándolo toma tras toma, aunque con poca convicción a estas alturas la verdad, pero tampoco se me ocurría que otra cosa hacer.

Y cuando llevábamos algo menos de 48 horas juntos de pronto sucedió. Fue en la toma de las nueve de la noche. Una vez más le ofrecí mi pecho y esta vez lo cogió…¡Y no lo soltó en una hora y media! Paseaba por la habitación con mi bebé a cuestas y me sentía tan feliz y orgullosa de mi misma. Las enfermeras que entraban, conscientes de mi esfuerzo, me regalaban sonrisas de complicidad. Pensé que había resuelto definitivamente el problema pero en la siguiente toma me volvió a rechazar. Y en las dos tomas siguientes también me rechazó, pero a la mañana siguiente me volvió a coger el pecho. Y así, poco a poco, le fue cogiendo el gusto y cada vez cogía el pecho con más facilidad. La sensación al darle de mamar era indescriptible, maravillosa, todo un subidón de hormonas. ¡Lo estaba consiguiendo! Mi hijo se alimentaba de mí, de mi cuerpo, era increíble tener esa capacidad.bebe amamantado lactancia

Una noche empecé a encontrarme regular y al tocarme la frente noté que tenía un poco de fiebre. Nunca me he alegrado tanto de no encontrarme bien. Al fin se estaba produciendo la subida de la leche, seis días después del parto. Cuando recibí el alta del hospital mi bebé ya se alimentaba del pecho con total normalidad, le daba las tomas a demanda y después las complementaba con leche artificial. A su vez, los pocos ratos libres que tenía los dedicaba a sacarme leche para llevársela a mi hija.

Unos días después de recibir el alta llevé a mi hijo al centro de salud a su primera revisión. Le comenté a la enfermera mi experiencia y mi deseó de lograr una lactancia materna exclusiva. Estuvimos charlando, vio al niño mamar, verificó que el agarre era correcto y me dijo que por su parte no veía ningún inconveniente. Me recomendó ir retirando gradualmente las tomas y así lo hice. Primero retiré las tomas de la noche, que eran para mí las más engorrosas, y gracias a eso comencé a descansar mejor. Después retiré las de la mañana y unos días después las de la tarde. Pesaba a mi hijo cada dos días y fui comprobando como iba cogiendo peso con total normalidad.

Dos semanas después del parto había conseguido lograr una lactancia materna exclusiva con mi hijo. Las tomas eran larguísimas, casi interminables, pero es que mi bebé tenía un duro trabajo por delante. No sólo tenía que estimular la producción para alimentarse él mismo, sino que además tenía que ayudarme a producir leche suficiente para su hermana, quien permanecería ingresada al menos durante cuatro semanas más. Pero esa es otra historia que os contaré en la próxima entrada.

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El Multiblog de Mayo: Mis Ovomellizos

mis ovomellizos

Os presento al blog Mis Ovomellizos que cuenta la historia de Repollete y Princesita, dos hermanos mellizos que fueron concebidos mediante un proceso de ovodonación (de ahí el título).

Me gusta mucho este blog por su estilo directo y sincero, porque lo encuentro muy ameno y porque la autora hace un verdadero esfuerzo para mantenerlo actualizado. ¡Sólo lleva abierto desde julio de 2011 y ya tiene más de 187 entradas!

Esta historia comienza hace 14 años, cuando MisMellis y Papimelli (los papás de las criaturas) comienzan a salir juntos siendo ambos muy jovencitos. Cuando deciden convertirse en padres acuden a asesorarse a una clínica de fertilidad en donde les recomiendan utilizar la técnica de la ovodonación, ya que MisMellis tiene un problema hormonal que le impide quedarse embarazada por medios naturales.

La autora describe su experiencia personal con la infertilidad de forma valiente y sincera, enriqueciendo sus vivencias con reflexiones tan interesantes como estas:

“Cuando uno empieza con estas cosas descubre que no sabe absolutamente nada de nada… mi mente era una hoja en blanco y poco a poco iría escribiendo montones de conocimientos. Recuerdo que cuando iba a 8º EGB en el libro de ciencias naturales venía Louis Brown como la primera niña probeta y a mi aquello me sonaba a ciencia ficción… quien me iba a decir a mi (…) ¿Os había pasado por la cabeza alguna vez que ser madre fuera a ser algo tan difícil? Yo siempre pensé que lo difícil era elegir la persona con la que deseabas ser madre”.

“He de reconocer que antes de ponerme con esto no comprendía la obsesión por quedarse embarazada, ahora lo entiendo como que se te está privando de algo que debería ser tan natural como el respirar.(…) Cuando en la facultad topé con una de mis profes favorita (Psicología Evolutiva), que nos explicaba todo el proceso evolutivo desde la fecundación a la muerte de una persona, descubrí que el embarazo era algo milagroso al que restamos importancia porque es un milagro que ocurre todos los días. (…) Nos han educado a través de unos roles y valores, hemos jugado con muñecas y se nos ha dicho que gran parte del valor de una mujer es poder ser madres, entonces llegamos a creer que si no somos madres no valemos, y esa es una idea errónea, valemos porque somos mujeres, somos únicas y maravillosas, no te creas ni mejor ni peor por no poder engendrar, busca en tu vida todas las cosas buenas que tienes y no bases tu felicidad en poder ser madre”.

Además este blog nos permite aproximarnos al tema de la ovodonación, una técnica de reproducción asistida bastante desconocida y en ocasiones rodeada de polémica. Y es que este blog está lleno de información útil acerca del inicio del tratamiento, el proceso de ovodonación, el perfil de la donante, los aspectos económicos, las consideraciones éticas, el dilema de contarlo o no contarlo a las personas cercanas y las implicaciones emocionales de la concepción mediante donación de óvulos:

” ¿Quieres a alguien porque lleva tú sangre?… bueno quizás tienes afecto hacia tu familia porque te han enseñado a quererla y respetarla y porque has tenido cierta relación positiva con ellos. (…) Repollete y Princesita no tienen mi sangre, ni mis genes, ni nada salvo mi apellido, pero son las dos personitas que más me importan en este mundo, daría lo que fuera por ellos. Muchas chicas que acuden a ovo se plantean si querrán igual a esos bebés fruto del tratamiento, y yo digo que no se me ocurre absolutamente ningún motivo para hacerlo. (…) ¿Es tan esencial conocer tus orígenes? y con esa y miles de preguntas que podemos hacernos cuando somos personas ajenas a este tipo de casos se me ocurre otra muy importante que invade mi mente de vez en cuando ¿Algún día Repollete y Princesita se plantearán quién donó ese óvulo, como era, a quien se parecen? ¿Son realmente tan importantes los lazos de sangre?”

“Repollete no se parece a nadie, o al menos no sabemos sacarle el parecido, me repatea que todo el mundo se lo tome como una cuestión de estado, que más da a quien se parezca…(…) Poco importa que no lleves mis genes porque te he llevado conmigo 35 semanas y te he querido desde que tan solo eras una manchita negra dentro de mi útero. Llegará el día que tenga que hablarte de nuestra “hadita” una chica que nos dio una célula de nuestro cuerpo para que tu pudieras existir, te hablaré de la generosidad de algunas personas para que otras puedan cumplir su sueño”.

Además de hablar sobre infertilidad y reproducción asistida, a lo largo del blog la autora relata su experiencia como madre, desde que realiza la prueba de embarazo y conoce que está esperando mellizos. Más adelante nos habla acerca del nacimiento de sus hijos y nos cuenta como son Repollete y Princesita, las peleas entre ellos, la realidad cotidiana de una mamá de múltiples, las rutinas de sueño de sus mellizos, el papel de la familia en la crianza de los hijos, anécdotas de su infancia y juventud, su historia de amor con Papimelli y su papel como padre, sus preocupaciones con respecto a la prematuridad de sus mellizos, los comentarios que recibe por ser madre de múltiples o anécdotas sobre sus visitas al parque con los mellizos.

Otro aspecto que lo hace muy interesante es que este blog no sólo habla de crianza y maternidad, sino que abarca una temática tan variada como la amistad, la fragilidad de la vida, la conciliación de la vida profesional y personal, el amor a distancia, la trasformación de las relaciones de pareja tras la llegada de los hijos, anécdotas sobre el trabajo que realizó la autora en un centro de minusválidos psíquicos y sobre su labor como voluntaria en un Centro de Atención al Menor o reflexiones acerca de la soledad buscada y el miedo a envejecer en soledad. Y también podéis encontrar información práctica acerca del embarazo y el cuidado del bebé. Definitivamente, este blog es cualquier cosa menos aburrido.

Normalmente en esta sección suelo incluir un enlace a mi entrada favorita y la verdad es que en este caso me resulta muy difícil escoger una sola pero puestos a elegir me quedo con esta entrada que MisMellis le dedica a su donante de óvulos.

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Amor al cuadrado

“Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?

(…)

De tantos sitios vienes,
del agua y de la tierra,
del fuego y de la nieve,
de tan lejos caminas
hacia nosotros dos,
desde el amor terrible
que nos ha encadenado,
que queremos saber
cómo eres, qué nos dices,
porque tú sabes más
del mundo que te dimos.”

Pablo Neruda. 1904-1973

 

El día que fui madre perdí definitivamente el miedo a amar demasiado y empecé a temer no saber demostrarlo lo suficiente. Dos puntitos en una ecografía se convirtieron en esas dos personitas que desde hace nueve meses marcan mi camino y presiden mis sueños. Tres corazones que latían al unísono dentro del mismo cuerpo son ahora tres cuerpos que al caer la noche se buscan para fundirse en un inmenso abrazo.

En la quietud de la noche cierro los ojos y escucho su respiración.  Su fragilidad me enternece, me fascina y me atemoriza al mismo tiempo. No saben leer, ni hablar, ni andar y apenas se mantienen sentados pero me han enseñado más sobre la vida que todas las personas que había conocido hasta ahora.

Les ofrezco mi pecho y al tiempo de nutrir su cuerpo alimentan también mi alma en una simbiosis perfecta. Respiro hondo. Ellos huelen a mí y yo huelo a ellos, o más bien olemos a nosotros, esa triada indestructible que forjó la naturaleza a lo largo de 35 semanas.

Un cordón umbilical invisible nos mantiene indisolublemente unidos, no sabría decir donde empiezan ellos y donde acabo yo, y viceversa. Ella es independiente y luchadora como yo, curiosa como su hermano y tozuda como ella sola. Él es cariñoso y dormilón como yo, juguetón como su hermana y sociable como él solo. Y yo soy una mezcla de todas esas cosas, y muchas otras cosas que ellos no son. Juntos nos parecemos, nos diferenciamos y nos complementamos al mismo tiempo.

mis mellizos de espaldas

Mucha gente me pregunta como es ser multimadre. Ser multimadre es la angustia de oírles llorar a la vez y no saber a cuál atender primero. Es el privilegio de despertarme rodeada de dos sonrisas y de cuatro ojos que me observan con admiración. Es el temor a no saber repartir mi atención entre los dos de forma equitativa. La ternura de ver cómo descubren el mundo juntos y a la vez se descubren el uno al otro. El reto de encontrar un rato cada día para que puedan disfrutar de mí en exclusiva. La tranquilidad de saber que siempre se tendrán el uno al otro. La inmensa responsabilidad de satisfacer las necesidades de dos bebés al mismo tiempo. La suerte de tener dos cuerpos a los que poder abrazar a la vez y cuatro brazos rodeando mi cuello.

Sí, todo eso y mucho más es ser multimadre, aunque si tuviera que resumirlo en tres palabras simplemente lo definiría como amor al cuadrado. Un amor intenso, exigente, a veces agotador pero decididamente maravilloso.

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Este post es mi homenaje al primer aniversario del blog La Invasión Twin. Cuando Nuria, mamá bloguera de mellizas y periodista de profesión, me propuso participar me hizo tanta ilusión que hubiese pensado en mí que quise preparar algo especial, un post muy personal con un tono muy distinto al que utilizo habitualmente. Y creo que lo he conseguido porque este post no habla sobre la crianza de múltiples, sino de sentimientos, de mis sentimientos como madre, y estoy segura de que muchas madres -multimadres o no- se sentirán identificadas con lo que he escrito.

Por cierto la foto es mía, son los piececitos de mis hijos. Intenté hacer una fotografía más artística pero se mueven demasiado como para andarse con florituras.

Y en cuanto al poema, aquí podéis leerlo entero.

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Lo que hay que oir…¡Por tener múltiples!

Antes de tener a mis peques multimadre enfadadajamás hubiera adivinado que una pareja de mellizos pudiera llamar tanto la atención por la calle. La verdad es que a veces nos sentimos un poco “monos de feria”, que diría la Esteban. Podría entender tanta sorpresa si fueran cuatrillizos o quintillizos. ¡Con la cantidad de mellizos que hay!

Pero el hecho es que  constantemente la gente se nos queda mirando y hasta hacen comentarios al respecto sin el menor disimulo, y debo decir que aunque por lo general son positivos, hay mucha gente que es bastante descarada, por no decir maleducada. Todavía recuerdo, con bastante cabreo, a una chica con la que me crucé en el Corte Inglés, se me quedó mirando y soltó ¡Qué horror! Y lo peor es que el comentario le salió del alma.

En realidad, debo admitir que por lo general la gente es muy amable, se acercan a nosotros y nos piden permiso para verlos. Muchas de esas personas suelen ser emocionadísimas futuras abuelas de mellizos, u otras mamás de múltiples que nos ofrecen un rato de charla agradable y nos cuentan su experiencia.

A veces me pasan cosas muy curiosas, como un señor muy mayor que me paró el otro día por la calle para enseñarme una foto en blanco y negro antiquísima, en donde salía él con su hermano gemelo, ambos idénticos y vestidos de cura ya que según me contó cuando les tomaron la foto estaban estudiando en un seminario. Me quedé con ganas de saber si los dos colgaron el hábito.

También suele ser llamativa la reacción de algunos camareros cuando tratamos de pedir una mesa en un restaurante. Si bien algunos nos miran con simpatía, otros murmuran algo así como “Mmm.. pues no se si vamos a tener espacio suficiente para meter el carrito…” mientras observan temerosos una mesa vacía junto a la cual hay un fantástico hueco en el que cabría un carrito de cuatrillizos. No sea cobarde y dígame la verdad, a usted lo que le pasa es que le da pánico que las dos criaturitas se pongan a berrear a la vez mientras el resto de sus clientes abandonan el restaurante en estampida.

Sin embargo, los comentarios más típicos suelen ser los siguientes:

  • Los cotillas: Esta es mi pregunta favorita y la más frecuente con diferencia. “¿Son naturales?” No señora, son artificiales pero están tan bien hechos que parecen de verdad, y la ventaja es que cuando me canso de ellos los puedo desconectar. Y puestos a compartir intimidades entre desconocidas, ¿Usted practica el sexo anal con su marido?.
  • Los sorprendidos: “¡Son dos!”.  Este comentario es muy típico también. Ya decía yo que oía mucho follón en casa últimamente.
  • Los preocupados: “¡La niña es mucho más pequeña que el niño!” Pues  sí, mi hija tuvo un problema durante el embarazo y nació con apenas un kilo pero, ¿Realmente es necesario que comparta la historia clínica de mi hija con todos los desconocidos que me interrogan por la calle?.
  • Los decepcionados: “Pues no se parecen…”. Vaya, pues es verdad, voy a tener que hacerles la prueba de ADN a ver si realmente son hermanos, no vaya a ser que sólo coincidieran en mi útero por pura casualidad.
  • Los partidarios del control de natalidad: “¡Qué suerte, niño y niña!, Ya pararás ¿no?” Pues, en realidad, estoy deseando tener otro… “¿Y si te vuelven a salir mellizos?” La verdad es que no se me había ocurrido, pero dicho así suena como una especie de maldición.
  • Los criticones: “¿Son dos niños, no? ¿Ah no? Como la niña no lleva pendientes…” Supongo que el hecho de que vaya vestida de rosa y lleve un chupete rosa con un nombre de niña grabado no significa nada para usted.
  • Los escépticos: “¿No les vas a dar un biberón? ¡Se quedarán con hambre! No puedes tener leche para los dos” Vale, lo confieso, soy una vaca lechera disfrazada de ser humano y le agradezco infinitamente su preocupación por la correcta nutrición de mis terneritos.

Y lo más surrealista que me ha pasado últimamente me ocurrió mientras paseaba al perro con el carrito de los peques y una señora que me miró con cara de desaprobación y me dijo “¡Estás ocupando toda la acera!”. Lo más curioso de todo el asunto es que la acera en cuestión tiene más de diez metros de ancho, y además la buena señora iba paseando con otras cuatro buenas señoras más, todas ellas cogidas del brazo y ocupando bastante más acera que nosotros.

Si os habéis reído con este post os invito a que visitéis estos enlaces en donde podréis leer otras experiencias de multimadres víctimas de opinólogos anónimos:

 

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